Un programa vegetal de bienestar en el trabajo puesto a prueba

Workplace

Image Credit: Unsplash. This image has been modified.

La traducción de este texto viene de la mano de nuestra voluntaria María José.

¿Cuál es el retorno de la inversión para educar a los trabajadores sobre una alimentación y un modo de vida saludables?

“¿Cómo acabamos con la epidemia de enfermedades cardíacas de este país?” Con estas palabras comenzaba un editorial del Dr. Michael Jacobson, cofundador del Center for Science in the Public Interest, (un grupo estadounidense para la protección del consumidor) en el número de octubre de 2005 de la publicación Nutrition Action de esta organización benéfica. Jacobson escribió: “El mejor enfoque que he visto es el Coronary Health Improvement Project (CHIP)”, un programa de intervención en el estilo de vida para reducir los niveles de riesgo de enfermedades coronarias que pasó a llamarse Complete Health Improvement Program y, más recientemente, Pivio. El CHIP aconseja a la gente comer más alimentos vegetales integrales y menos carne, lácteos, huevos y comida basura procesada. Se considera “una intervención de estilo de vida de primera clase dirigida a las enfermedades crónicas que se ofrece desde hace más de 25 años”. Más de 60 000 personas han completado el programa, del que hablo en mi video Un programa de bienestar en el trabajo que sí funciona.

La mayoría de las clases del CHIP están “facilitatadas por directores voluntarios, que llegan principalmente a través de la Iglesia adventista del séptimo día, que tenía interés en tener una influencia positiva en la salud de su comunidad local”. ¿Por qué los adventistas? Su “filosofía de la salud se basa en la noción bíblica holística” de que el cuerpo humano debe tratarse como un templo. Además, muchos de los participantes en el CHIP también son adventistas. ¿Por eso funciona tan bien el programa? ¿Porque tienen fe? No lo sabemos hasta que se pone a prueba.

Los investigadores analizaron la influencia de la afiliación religiosa en la receptividad al CHIP, estudiando a 7000 participantes. A pesar de que los adventistas del séptimo día representan menos del 1 % de la población estadounidense, aproximadamente uno de cada cinco participantes en el CHIP era adventista ¿Cómo les fue, en comparación con los no adventistas? “Se lograron reducciones sustanciales en factores de riesgo seleccionados… tanto para los adventistas como para los no adventistas”, pero algunas de las reducciones fueron mayores entre los no adventistas. “Esto indica que los adventistas no tienen el monopolio de la buena salud…”.

Los individuos de clase media y con estudios también forman parte de forma desproporcionada de las clases del CHIP. ¿Funcionaría el programa igual de bien en poblaciones afectadas por la pobreza? Los investigadores trataron de reducir los factores de riesgo de enfermedades crónicas entre los individuos que viven en el área rural de los Apalaches, una de las partes más pobres del país. “La sabiduría convencional ha sido que cada participante necesita ‘jugarse algo’ financieramente para asegurar su atención y compromiso” con los programas de cambio de estilo de vida. Por eso, si se ofrece gratuitamente a las comunidades pobres, los resultados podrían no ser tan buenos. En este caso, sin embargo, los “cambios clínicos generales en este estudio piloto [fueron] similares a los encontrados encontrados en otras clases del CHIP de 4 semanas por todo Estados Unidos”, lo que sugiere que el CHIP puede tener beneficios que “cruzan las líneas socioeconómicas” y son “independientes de la fuente de pago”. Entonces, ¿por qué los empleadores no lo ofrecen gratuitamente a sus trabajadores para ahorrar en gastos de atención médica? El CHIP se “describe… como un proyecto que ‘logra algunos de los resultados clínicos más impresionantes publicados en la literatura’”, y esto incluye “los beneficios clínicos de la intervención, así como su rentabilidad…”.

Lee Memorial, una red sanitaria de Florida, ofreció el CHIP a algunos de sus empleados como programa piloto. (Por desgracia, los trabajadores del sector sanitario pueden ser tan poco saludables como los demás). Como se puede ver a continuación y en el punto temporal 3:05 de mi video, informaron informaron de una pérdida de peso media de más de 7,7 kg, un descenso de 20 puntos en el colesterol malo LDL y la normalización de la presión arterial en la mayoría de los participantes. Lee Memorial invirtió inicialmente unos 38 000 dólares para llevar a cabo el programa, pero luego ahorró 70 000 dólares en reducción de los costes de atención sanitaria solo en el año siguiente. ¿Cómo? Al tener unos empleados mucho más sanos. Obtuvieron un rendimiento financiero de 1,8 veces lo que habían invertido.

No había ningún estudio sobre el retorno sobre la inversión (RSI) en la literatura médica revisada por expertos hasta que Dexter Shurney se puso manos a la obra y publicó un estudio sobre el lugar de trabajo en Vanderbilt. “Había un alto grado de escepticismo en la fase de planificación de este estudio en cuanto a la posibilidad de conseguir un compromiso activo en una parte significativa del grupo de estudio en torno a un programa de estilo de vida que tenía como ejes principales el ejercicio y una dieta basada en plantas”. Después de todo, Vanderbilt está en Tennessee, un estado conocido por sus costillas de Memphis que está justo en el centro del Stroke Belt, una zona de Estados Unidos de alta incidencia de accidentes cerebrovasculares. (Puedes ver un gráfico de “Índice de muerte por accidentes cerebrovasculares…por condado” de los centros para el control y la prevención de enfermedades a continuación y en el punto 3:55 de mi video.) Sin embargo, los sujetos se implicaron lo suficiente como para mejorar el control del azúcar en sangre y el colesterol. También informaron de “cambios positivos en la salud física y el bienestar autodeclarados. Los costes de la atención sanitaria se redujeron sustancialmente para los participantes en el estudio en comparación con el grupo no participante”. Por ejemplo, casi una cuarta parte de los participantes pudieron eliminar uno o más de sus medicamentos, por lo que obtuvieron un retorno de la inversión de dos a uno en tan solo seis meses, lo que demuestra que solo “educar a una población sobre los beneficios de una dieta basada en plantas y alimentos integrales es factible y puede reducir los costes sanitarios asociados”.

El mayor estudio del CHIP en el lugar de trabajo realizado hasta la fecha involved incluyó a seis poblaciones de empleados, entre las que se incluyó, irónicamente, una empresa farmacéutica. El estudio incluía una mezcla de trabajadores cualificados y no cualificados. Como se puede ver a continuación y en el punto 4:40 de mi video,se produjeron cambios drásticos en los que estaban en peor situación. Aquellos que empezaron con presiones sanguíneas de alrededor de 170 sobre 100 vieron cómo sus números caían a alrededor de 140 sobre 85. Los que tenían el colesterol LDL más alto bajaron 60 puntos y tuvieron un descenso de 300 puntos en los triglicéridos, así como una bajada de 46 puntos en los niveles de azúcar en sangre en ayunas. En teoría, una persona que entrara en el programa con la presión arterial y el colesterol altos podría “experimentar una reducción del 64 % al 96 % del riesgo general de infarto de miocardio” un ataque al corazón, nuestra principal causa de muerte.

Como concluye el Dr. Jacobson en su editorial de Nutrition Action, “por el coste de un Humvee [un vehículo militar], cualquier ciudad podría tener un CHIP propio. Por el coste de un submarino o de una subvención agrícola, todo el país podría echarse a las espaldas un CHIP”.

Key Takeaways

  • Más de 60 000 personas han completado el programa de mejora de la salud completa Complete Health Improvement Program, antes conocido como Coronary Health Improvement Project, o CHIP, un enfoque alabado por el Dr. Michael Jacobson, cofundador del Center for Science in the Public Interest, por su eficacia en la lucha contra la epidemia de enfermedades cardíacas.

  • El CHIP es un programa de intervención en el estilo de vida que anima a sus participantes a comer más alimentos vegetales integrales y menos productos animales y comida basura procesada. La mayoría de las clases están dirigidas por voluntarios formados, muchos de los cuales son adventistas del séptimo día, cuya “filosofía de la salud se basa en la noción bíblica holística”de que nuestro cuerpo debe tratarse como un templo.

  • Aproximadamente uno de cada cinco participantes en el CHIP es adventista, pero cuando los investigadores estudiaron la influencia de la afiliación religiosa en la receptividad al programa, descubrieron que tanto los adventistas como los no adventistas conseguían reducir los factores de riesgo y que en algunos casos la reducción era incluso mayor entre los no adventistas.

  • Cuando el CHIP se ofreció gratuitamente a las comunidades empobrecidas, los resultados generales fueron similares a los de otros programas de cuatro semanas en Estados Unidos, lo que sugiere que los beneficios del CHIP pueden “traspasar las líneas socioeconómicas”.

  • La red sanitaria Lee Memorial y la Universidad de Vanderbilt ofrecieron CHIP a algunos de sus empleados, y los participantes experimentaron mejoras en su salud, como una bajada del colesterol Lee Memorial invirtió unos 38 000 dólares para ofrecer CHIP y obtuvo un rendimiento financiero sobre la inversión (RSI) de 1,8, lo que significa que ahorraron 70 000 dólares en reducción de costes de atención sanitaria al año siguiente. En Vanderbilt, los costes de atención sanitaria se redujeron sustancialmente para los participantes en el CHIP en comparación con los no participantes. Por ejemplo, casi el 25 % pudo eliminar uno o más de sus medicamentos, lo que supone un RSI de dos a uno en solo seis meses.

  • En el mayor estudio sobre el CHIP en el lugar de trabajo participaron seis poblaciones de empleados, entre las que había trabajadores cualificados y no cualificados. Los que empezaron en peores condiciones físicas experimentaron cambios espectaculares, con mejoras significativas en su presión sanguínea, niveles de colesterol LDL, triglicéridos y azúcar en sangre en ayunas. En teoría, una persona que entrara en el programa con la presión arterial y el colesterol altos podría “experimentar una reducción del 64 % al 96 % del riesgo general de infarto de miocardio” un ataque al corazón, nuestra principal causa de muerte.


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