Resumen de mi webinar sobre la COVID-19

El 30 de diciembre de 2019, un oftalmólogo en el Wuhan Central Hospital, en la provincial de Hubei, en China, les mandó un mensaje a sus compañeros médicos para alertarlos de la aparición de una agrupación preocupante de casos de neumonía. Treinta y nueve días después, tras infectarse del virus él mismo, el Dr. Li Wenliang, de 33 años, murió.  Para aquel entonces, la enfermedad ya se había extendido a docenas de países.

Antes del brote de SARS en 2002, solo existían dos coronavirus que se supiera podían afectar a los humanos, pero no provocaban mucho más que un simple resfriado.  Sin embargo, el coronavirus de SARS mató a una de cada diez personas infectadas.  Eso es una tasa de mortalidad del 10%. Una década después, en 2012, apareció el MERS, otro coronavirus letal. Igual que el SARS, el MERS se extendió e infectó a miles de personas en docenas de países pero, en este caso, murieron una de cada tres.  Eso ya es más de un 30% de tasa de mortalidad. Ahora mismo, estamos luchando contra el coronavirus COVID-19 e intentando protegernos de él.

¿De dónde vienen estas enfermedades infecciosas emergentes?

Se cree que todas las infecciones víricas humanas provienen de los animales. Para entender a la COVID-19 y otros brotes virales letales, primero debemos entender su historia y evolución, sobre todo si pretendemos prevenir epidemias futuras. También debemos aprender del pasado. ¿Cómo acabamos con el SARS? ¿Por qué cuesta más con la COVID-19? ¿Qué debemos hacer para frenar la epidemia ahora mientras no hay rastro de una vacuna?

Hablé de todo esto en mi último webinar de 4 horas: desde los orígenes de otras pandemias a qué deberíamos hacer ahora para mantenernos seguros. También hablé del lado clínico de la COVID-19, di datos de la enfermedad y hablé de cuál es la mejor manera de tratarla. Si no has podido ver el webinar, que de dio en inglés, aquí te resumo lo más importante.

EMPECEMOS DESDE EL PRINCIPIO

La aparición del MERS

  • La mayoría de los coronavirus en humanos suelen venir de murciélagos, los cuales se consideran como el huésped principal, pero el salto entre especies para llegar a infectar a los humanos parece requerir un huésped intermedio.
  • En el caso del MERS, el huésped intermedio fueron los camellos.
  • Aunque los camellos se domesticaron hace tres mil años y el MERS había circulado por ellos durante décadas sin ser traspasado a los humanos, la reciente intensificación en la cría de camellos, que supuso un cambio del forrajeo al confinamiento en el interior en grandes densidades, podría haber ayudado a impulsar su traspaso de camellos a humanos.
  • Los primeros casos de MERS en humanos aparecieron en el 2011, un año después de que se prohibiera el pastoreo de camellos en exterior en Catar, el país de Oriente Medio con mayor densidad de camellos.

La aparición del SARS

  • El primer brote epidémico mundial del siglo XXI fue el SARS, incluso antes del MERS.
  • En el caso del SARS, el huésped intermedio fueron las jinetas.
  • El SARS-CoV causa el coronavirus SARS, y el SARS-CoV-2 causa el coronavirus COVID-19.
  • El predominio de los primeros casos de SARS estaba en el mismo tipo de lugar en el que aparecieron la mayoría de los primeros casos de la actual pandemia de COVID-19: los mercados de animales vivos en China.
  • En estos mercados, las jaulas están abarrotadas de animales, incluso de animales exóticos, y suelen estar contaminadas con heces, orina y sangre de varios animales al mismo tiempo. Incluso se matan animales en estos mercados. Estas condiciones son perfectas para la transmisión de zoonosis (de animal a humano).
  • El virus usa los picos de su corona como una llave en la cerradura de acceso a los huéspedes receptores. Igual que cada puerta tiene su llave, los genes del virus deben mutar para poder acceder a los receptores del huésped de una nueva especie.
  • Tanto el virus que causa SARS como el que causa COVID-19 (el SARS-CoV y el SARS-CoV-2) se adhieren a la enzima que recubre las células de nuestros pulmones. Cuando el coronavirus de los murciélagos llegó a las jinetas, sus picos estaban a dos mutaciones de llegar a la configuración necesaria para unirse a los receptores humanos. Ese fue el comienzo de la epidemia de SARS.

La aparición de la COVID-19

  • El primer foco de la pandemia de COVID-19 fue el mercado de Hua’nan en Wuhan, China, como indicó el Dr. Li en un mensaje sobre los “7 casos confirmados de SARS”. Pero no era un coronavirus de SARS. Este virus acabaría llamándose SARS coronavirus 2 (SARS-CoV-2), por se la causa de la enfermedad de coronavirus del 2019 o COVID-19.
  • El nuevo coronavirus COVID-19 tiene un parecido de un 80% con el primer SARS, pero se parece más de un 95% al coronavirus que se encontró en un murciélago en 2013.
  • La teoría actual: la COVID-19 apareció en murciélagos antes de llegar a los humanos mediante un huésped intermedio, que se piensa que fue el pangolín, el mamífero con el que más se trafica en todo el mundo.
  • El coronavirus encontrado en dos grupos diferentes de pangolines enfermos introducidos en contrabando en China tenía un 90% de parecido con el virus de la COVID-19. Además, el área de unión de los receptores de las proteínas de los picos del coronavirus en los pangolines es casi idéntico a la cepa humana.

Los coronavirus infectaron a los cerdos

  • La COVID-19 es el cuarto coronavirus que pasa de los murciélagos a ser un brote epidémico en el siglo XXI. El primero fue el SARS en 2002, después el MERS en 2012 y luego el SADS (síndrome porcino de diarrea aguda) en 2016, el cual creó una devastación enorme en las granjas de cerdos en la misma zona en la que apareció el SARS. El SADS provenía de un coronavirus presente en una cueva de murciélagos cercana.
  • Otras enfermedades por coronavirus de reciente aparición o reaparición incluyen la diarrea epidémica porcina y el deltacoronavirus porcino en cerdos, y el virus de la bronquitis infeccioso en los pollos. Cada vez aparecen más coronavirus circulando en las poblaciones de animales de granja y, cuantos más coronavirus se mezclen con un gran número de animales, mayor es la posibilidad de que esas cepas puedan provocar una pandemia.

Puede que la COVID-19 no sea la primera pandemia por coronavirus

  • La segunda causa más típica del resfriado común son los coronavirus.
  • Hasta la fecha, se han descubierto cuatro tipos de coronavirus que causen resfriado en humanos, por lo que por ahora se conocen siete tipos de coronavirus que provocan enfermedades en humanos. Creemos que el SARS vino de las jinetas, el MERS de los camellos y la COVID-19 probablemente de los pangolines.
  • Aunque todavía se desconoce el origen de dos de los cuatro coronavirus leves, uno (el coronavirus humano 229E) nos lleva a los camellos y el otro (OC43) a las vacas y los cerdos.
  • Los análisis con reloj molecular sobre la aparición del coronavirus OC43 sugieren que el coronavirus bovino que causa la “fiebre del transporte” en vacas pasó a los humanos en 1890. Y sí, ese mismo año hubo una pandemia, supuestamente de gripe.
  • Debido al momento en el que apareció el coronavirus humano OC43, hay quien dice que podría haber sido una transmisión entre especies parecida a la de la COVID-19. Un argumento a favor es el hecho de que vacas en todo el mundo estaban muriendo por una enfermedad respiratoria que dio lugar a un sacrificio masivo entre 1870 y 1890.

APRETAR EL FRENO

Frenar la epidemia

  • Hubo más casos de COVID-19 en el primer mes que todos los casos conocidos de SARS. ¿Por qué? La clave se encuentra en cuándo es contagioso y no qué tan contagioso es.
  • Los microbios que tienen una mayor posibilidad de causar una pandemia reúnen tres características: son nuevos, por lo que no estamos inmunizados; causan infecciones respiratorias y se transmiten antes de tener síntomas.
  • El SARS, a pesar de haberse propagado a veintinueve países y regiones, no se consideró una pandemia. Pudo frenarse en unos pocos meses, después de 8 000 casos y 800 muertes. ¿Por qué? El SARS se propagaba mediante gotitas respiratorias, pero no se propagaba tanto antes de la aparición de los síntomas.
  • El periodo medio de incubación del SARS (desde la infección hasta la aparición de los primeros síntomas) era de unos cinco días, pero la concentración vírica tardaba entre seis y once días más en aumentar. Así que los pacientes de SARS no eran muy infecciosos los primeros cinco días de la enfermedad. De esta manera, la transmisión entre personas podía frenarse si los pacientes permanecían aislados durante los primeros días tras la aparición de los síntomas.
  • Cien enfermos de SARS tuvieron fiebre, como el 98% de los enfermos de MERS. Sin embargo, hasta un 36% (más de uno de cada tres) de enfermos de COVID-19 no tienen fiebre al comienzo de los síntomas y pueden ser contagiosos en el periodo de incubación antes de desarrollar síntomas.
  • Se puede contagiar de COVID-19 antes de saber siquiera que lo tienes, cuando te sientes perfectamente bien. Por eso el aislamiento podría frenar la propagación de la enfermedad, aunque no se sepa quién está enfermo.

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Frenar la pandemia

  • China decretó “medidas de control bélicas” y comenzó el mayor esfuerzo de contención de la historia, que afectó a tres cuartos de un millardo de personas que se quedaron confinadas en sus casas.
  • Se consiguió lo que parecía imposible: contener una infección respiratoria que se propagaba rápidamente. La “zona cero” de la COVID-19, la provincia de Hubei, anunció su primer día sin casos nuevos en dos meses.
  • Ese mismo día, se confirmaba el caso número 200 000.
  • Los países que pudieron controlar la enfermedad más rápidamente se apoyaron en las pruebas y la trazabilidad (las pruebas en masa para identificar todas las causas y trazar todos los posibles contactos que tuvo el paciente) para bloquear esos caminos de transmisión lo más posible mediante el aislamiento y la cuarentena.
  • La rapidez de respuesta fue muy variada. A mitad de marzo, Corea de Sur le había hecho pruebas a más de un cuarto de millón de personas, más de cinco mil habitantes por cada millón. En cambio, en los Estados Unidos, se hicieron menos de cien por millón.
  • Cuando se pierde ese periodo de contención, como ocurrió con los Estados Unidos, la estrategia pasa a ser la reducción y la atenuación.
  • Las medidas como cerrar las tiendas y establecimientos no esenciales, cancelar los eventos que agrupen gente y aconsejar que la gente permanezca en su casa pretenden frenar la cadena de transmisión viral, es decir, aplanar la curva, que significa aplanar la curva de la epidemia al ralentizar la progresión de la enfermedad para distribuir los casos de manera más estable en el tiempo.
  • Hasta que exista una vacuna de amplia disponibilidad, algo que podría no ocurrir hasta el 2021 por lo menos, el confinamiento puede ayudar a frenar la propagación y a evitar huéspedes potenciales. Cuando se reduzcan las medidas de confinamiento, la enfermedad podría volver a atacar, como ocurrió en 1918 en algunas ciudades de Estados Unidos que sufrieron un segundo brote de muertes cuando se quitaron las medidas de distanciamiento físico.
  • Se han publicado protocolos de triaje que establecen una jerarquía de cuidados como anticipación a la falta de recursos como las camas o los respiradores ante un exceso de pacientes. Un grupo prominente de expertos en ética médica escribió en el New England Journal of Medicine: “Creemos que quitarle un respirador o una cama de la UCI a un paciente para dárselos a otro que lo necesite es justificable y los pacientes deberían conocer la posibilidad de que algo así ocurra en su admisión al hospital”. También añaden: “la decisión de retirar un recurso escaso para salvar a otro paciente no es un acto de matar y no requiere el consentimiento del paciente”.

TRATAR Y EVITAR LA COVID-19

La evolución clínica de la COVID-19

  • Se cree que la COVID-19 tiene un periodo de incubación de unos cinco días, por lo que podríamos ser contagiosos durante casi una semana antes de siquiera saber que tenemos la enfermedad.
  • No todas las personas infectadas muestran síntomas, pero, entre las que sí, un 98% empiezan a mostrarlos en el día doce. Por eso la cuarentena dura dos semanas.
  • Después de contagiarse, la presencia asintomática del virus podría ser de más de un mes (veinte días de media), pero el nivel de contagio durante ese periodo no está claro.
  • Los síntomas más típicos son la fiebre (un 90% de los pacientes) y la tos (un 70%). Cuatro de cada diez personas podrían sentir fatiga, tres de cada diez podrían expectorar, dos de cada diez podrían tener dolores musculares y una de cada diez podría tener síntomas gastrointestinales, como náuseas o diarrea, o síntomas semejantes al resfriado común, como rinorrea, dolor de garganta o dolor de cabeza.
  • La dificultad respiratoria ha sido el único síntoma que indica una evolución más severa de la COVID-19 y ha provocado que las posibilidades de acabar en la UCI sean seis veces más altas.
  • La gravedad de la COVID-19 varía mucho según si la persona tiene enfermedades o dolencias preexistentes. La hipertensión dobla la probabilidad de que haya complicaciones y la enfermedad cardiovascular la triplica. Las personas con estas enfermedades tienen cuatro veces más probabilidad de acabar en la UCI. Quienes sufren de alguna enfermedad pulmonar obstructiva crónica, como el enfisema, podrían tener un mayor riesgo (seis veces mayor) de sufrir complicaciones y dieciocho veces más probabilidad de acabar en la UCI.
  • Igual que con el SARS y el MERS, quienes tienen diabetes también se encuentran en una situación de mayor riesgo.
  • El exceso de grasa corporal también parece ser un factor de riesgo. Quienes tienen un IMC de 28 o más tienen seis veces más probabilidad de sufrir complicaciones. (El IMC medio en Estados Unidos es de más de 29.)
  • Incluso sin tener en cuenta el peso, la mayoría de estadounidenses mayores de 50 años sufren de enfermedades asociadas que podrían aumentar su riesgo. Es importante señalar que todas las enfermedades concomitantes principales para la COVID-19 (la obesidad, la enfermedad coronaria, la hipertensión, la diabetes de tipo 2) podrían haberse controlado o incluso revertido con una dieta vegetal lo suficientemente sana.
  • Aunque hay infectados desde los recién nacidos a ancianos de 90, la mayoría de enfermos por COVID-19 están entre los treinta y los setenta y nueve años. Eso sí, los enfermos de mayor edad son los que sufren más complicaciones. Si lo comparamos con las personas entre los diecinueve y los sesenta y cuatro años, en los Estados Unidos, las de sesenta y cuatro para arriba sin enfermedades subyacentes u otros factores de riesgo parecían ser hospitalizadas o acabar en la UCI tres veces más.
  • La mejor información proviene de Corea del Sur. De los casos confirmados, 1 de cada 1 000 murió con entre treinta y cuarenta, 1 de cada 150 en sus cincuenta, 1 de cada 50 en sus sesenta, 1 de cada 15 en sus setenta y 1 de cada 5 en sus ochenta. La información proveniente de los Estados Unidos es menos fiable por la falta de pruebas, pero parece que el riesgo por edad es similar, si se observan los primeros miles de casos.
  • Durante la autopsia, la superficie respiratoria de los pulmones parece estar llena de tejido cicatricial. Se estima que la fibrosis pulmonar será una complicación a largo plazo para los supervivientes a una infección severa de COVID-19.
  • La muerte por COVID-19 es el resultado de una hepatización progresiva de los pulmones, en la que estos se llenan de algo diferente al aire. En casos de neumonía por COVID-19, la autopsia muestra que la persona se ahoga porque los pulmones se “llenan de una gelatina líquida transparente”.

Cómo tratar la COVID-19

  • No se conoce ninguna terapia para la COVID-19 por el momento.
  • Aunque hay más de 400 ensayos clínicos en marcha para buscar un tratamiento, no se espera tener un medicamento antiviral efectivo o una vacuna pronto.
  • Estoy de acuerdo con las recomendaciones de sentido común para mantenerse sano, de las administraciones sanitarias como el American College of Lifestyle Medicine o la Organización Mundial de la Salud, tales como dormir bien (entre siete y nueve horas), reducir el estrés, mantenerse activo, mantener el contacto (en remoto) con amigos y familia y comer sano (una alimentación vegetal integral).

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  • Teniendo en cuenta que no sabemos casi nada sobre las características inmunológicas de la COVID-19, no voy a recomendar, como se hace mucho últimamente, el aumentar el consumo de alimentos que refuercen el sistema inmune. No se sabe si fortalecer ciertas ramas del sistema inmune podría incluso empeorar la situación.
  • Existe la suposición de que los ancianos tienen más posibilidades de sufrir complicaciones debido a que su sistema inmune está debilitado, pero quizá no sea así. Los niños pequeños, que tienen un sistema inmune poco desarrollado y suelen sufrir muchas más infecciones (como la gripe), no parecen infectarse más de COVID-19 (o SARS o MERS). A su vez, las personas inmunodeprimidas no tienen por qué tener un mayor riesgo de complicaciones por COVID-19, a pesar de sí tenerlo con otros virus respiratorios.
  • Nuestra propia respuesta inmune podría ser la principal fuente de daño a los pulmones durante una infección de coronavirus. Se parece a una reacción autoinmune, en la que el cuerpo sobrerreacciona y los pulmones son un daño colateral en su ataque al coronavirus.

Cómo evitar la COVID-19

  • Aunque cancelar las reuniones, juntas y eventos podría ralentizar la propagación de la COVID-19 hasta un 35%, según evidencia preliminar en Japón, esto no ha sido suficiente para contener el brote epidémico.
  • Lo mejor es quedarse en casa para reducir el contacto con personas que no vivan contigo lo más posible.
  • Cuando una persona muere por una enfermedad en una comunidad, esto quiere decir que podría haber cientos o miles de personas ya infectadas.
  • Si debes salir de casa para asistir a personas o hacer entregas de comida, mantén una distancia de seguridad y desinféctate las manos cada vez que toques algo en un espacio público. Es fundamental no tocarse ninguna membrana mucosa (los ojos, la nariz o la boca) con manos que no han sido desinfectadas.

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  • El virus no puede atravesar la piel. Solo puede reproducirse en células vivas, y la capa exterior de nuestra piel está cubierta de células muertas. Para llegar a los pulmones, el virus tiene que entrar en las mucosas, es decir, las zonas húmedas de los ojos, la nariz y la boca.
  • Según los mejores datos de los que disponemos ahora mismo, el coronavirus COVID-19 se transmite entre personas mediante las gotitas respiratorias que tose una persona infectada. Estas pasan al aire y terminan en los ojos, nariz o boca de otra persona. También puedes infectarte tú mismo al tocarte los ojos, la nariz o la boca con manos contaminadas por algún objeto o superficie con el virus (por ejemplo, si te metes el dedo en la nariz, te frotas un ojo después de darle la mano a alguien o tocar algo en un lugar público, como el pomo de una puerta o el botón de un ascensor).
  • Los niveles de presencia del virus en el moco de una persona infectada de COVID-19 pueden alcanzar casi el millón por gota.
  • Se ha detectado coronavirus de COVID-19 en muestras de heces, lo que sugiere que los inodoros podrían ser otra fuente de transmisión, más allá del simple hecho de tocar el botón. Los inodoros modernos pueden propulsar al aire hasta 145 000 gotitas de agua, que pueden permanecer ahí por lo menos treinta minutos, así que cierra la tapa siempre antes de darle al botón y lávate bien las manos.
  • Los coronavirus son virus encapsulados. Cuando salen de nuestras células infectadas, se recubren con la capa exterior de estas. Aunque ese recubrimiento graso dificulta el que nuestro sistema inmune los detecte, porque se parecen a nuestras células, también los hace susceptibles a la desinfección y la inactivación medioambiental.
  • Parece que el virus de COVID-19 sobrevive menos de tres horas en papel normal, pero podría vivir hasta un día en la tela. En la parte exterior de las mascarillas quirúrgicas, podría sobrevivir una semana. La semivida del virus de COVID-19 es de unas seis horas en el acero o el plástico, así que aunque en cuarenta y ocho horas ya se ha ido el 99%, podría tardar hasta 96 horas en dejar de ser infeccioso.

Cómo desactivar el virus de COVID-19  

  • Te puedes desinfectar las manos lavándolas correctamente con agua y jabón. La CDC recomienda lavarlas durante por lo menos veinte segundos. Unos investigadores descubrieron que las zonas más olvidadas al lavarse las manos son las puntas de los dedos, los pulgares y la parte trasera de las manos, así que asegúrate de que frotas todas las zonas de las manos bien.
  • No hace falta usar agua caliente para lavarse las manos.
  • Unos investigadores descubrieron que el virus de COVID-19 podía desactivarse en treinta segundos con alcohol 30% (etílico o isopropílico). La mayoría de las botellas de vodka, ron, coñac, ginebra y whisky sobrepasan el 30% de alcohol por volumen. Sin embargo, el alcohol al 30% no sirve para matar a muchos otros patógenos, por lo que sigo recomendando usar alcohol entre el 60 y el 80%. Pero, si no puedes encontrarlo en esa concentración, está bien saber que puedes usar la primera opción.

Desinfectante de manos casero

Receta básica: asumiendo que el alcohol 30% es suficiente, el método más sencillo sería simplemente usar licores al 40% directamente en las manos. Puedes usar una botellita con espray o las típicas de desinfectante de manos. Debes usar suficiente cantidad para cubrirte las manos por completo, frotarlas un poco y dejar actuar 30 segundos. Añadir un agente gelificante como el aloe vera no está recomendado, ya que podría disminuir la eficacia antiviral.

Receta mejorada: si tienes todos los ingredientes necesarios, puedes hacer cuatro litros de desinfectante de manos para COVID-19 (asumiendo que el alcohol 30% es suficiente). En un envase de 4 litros (o dos botellas de 2 litros), añade 3 litros de licor al 40%, 58 ml de glicerina y 5 ml de agua oxigenada (peróxido de hidrógeno) al 3%. Llena el resto del envase con agua.

  • Se recomienda desinfectar con lejía en el caso de superficies inanimadas: 1 parte de lejía por 49 de agua, más o menos una cucharadita de lejía por taza medidora de agua.
  • Esta recomendación de 1:50 es para la lejía estándar con un 5% de hipoclorito sódico. Si la tuya es de 2.5%, usa dos cucharaditas por taza, y si es de 10%, solo necesitas media cucharadita por taza.
  • Prepara la mezcla de lejía en el momento y déjala actuar en la superficie que quieres desinfectar por lo menos 10 minutos. Las superficies visiblemente contaminadas con mocos, sangre o heces podrían necesitar una mezcla de lejía más fuerte (1 parte de lejía por 9 de agua, y dejar actuar diez minutos).
  • NUNCA mezcles lejía con un producto de limpieza, porque reacciona con el amoniaco (presente en muchos limpiadores de cristales), crea gases peligrosos y reacciona con los ácidos (como el vinagre o limpiadores de inodoro, de tuberías o detergentes de lavavajillas) y crea gases de cloro, que también son tóxicos.

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¿Qué debes hacer si contraes la COVID-19?

  • Lo mejor es que te cures en tu casa, lo más aislado que puedas del resto de personas con las que compartes vivienda. Lo mejor sería evitar todo contacto con personas y mascotas, y quedarse en una habitación específica, a poder ser con un baño separado para ti también.
  • La mayoría de las personas se recuperan sin necesidad de intervención médica. Si te enfermas, protege a los que tienes cerca, descansa, hidrátate y vigila tus síntomas. Si tienes dificultades para respirar o un dolor o presión persistente en el pecho, llama a tu médico o al hospital antes de ir en persona, ya que podrían tener protocolos especiales para lidiar con las personas infectadas.
  • Ten buena higiene y mantén las distancias. Lávate las manos a menudo y tose o estornuda en un pañuelo, cubriéndote la nariz y la boca, y luego tira el pañuelo inmediatamente y desinféctate o lávate las manos. No compartas cubiertos, toallas, sábanas u otras cosas de la casa. Desinfecta de manera rutinaria todos los objetos que se toquen a menudo (como los pomos de las puertas o el inodoro) en tu habitación y el baño que uses. Haz que otra persona desinfecte el resto de la casa. No te olvides de usar guantes mientras limpias y desinfectas, de abrir las ventanas (si es posible) y de ponerte una mascarilla.
  • Si estás enfermo pero debes compartir habitación con alguien, ponte una mascarilla. Para eso se diseñaron: para el control de la fuente de la enfermedad y no para protegerse de ella.

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  • Es importante entender que las gotitas respiratorias no son solo moco. Cuando estás fuera en un día frío y creas vaho con la respiración, eso también son gotitas respiratorias. El vapor que exhalas tiene minigotitas de agua que provienen directamente de tus pulmones. En un día más cálido, sigues exhalando ese mismo vapor, solo que no se ve.
  • ¿Deberíamos cubrirnos todos la cara en público teniendo en cuenta que hay personas que podrían tener el virus y estarlo exhalando sin todavía saberlo? La CDC recomienda utilizar mascarillas de tela o pañuelos en lugares públicos, sobre todo cuando es difícil guardar las distancias, como en el supermercado o la farmacia. El Surgeon General de los Estados Unidos apareció en un video enseñando cómo hacer una marcarilla con una bandana y gomas y la CDC publicó un tutorial para el que no se necesita coser en bit.ly/CDCDIY.

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  • Cubrirse la cara con una tela (que debe ser lavada a menudo) no sustituye una mascarilla, pero podría ser mejor que no llevar nada. Los pañuelos, las sábanas de almohadas y las camisetas de algodón 100% serían los mejores materiales para hacer una mascarilla casera, ya que pueden bloquear el 60% de lo que bloquearía una mascarilla quirúrgica.
  • ¿Qué hay de las mascarillas N95? Estas mascarillas, también llamadas respiradores N95, tienen forma cóncava y se ajustan más a la cara que las mascarillas quirúrgicas. Además, están hechas para proteger a la persona que las lleva puestas. La CDC y su equivalente europeo recomiendan las mascarillas N95 para los profesionales de la salud mientras cuidan a pacientes, mientras que la OMS afirma que las mascarillas quirúrgicas son suficientes.
  • Hasta que se sepa más sobre cómo se transmite el virus de COVID-19, lo más prudente sería que quien estuviera en contacto con enfermos que tosen se proteja los ojos y use respiradores N95.
  • Según la CDC, cuando los síntomas empiezan a mejorar, no has tenido fiebre durante tres días enteros sin estar tomando medicamentos para la fiebre y ya ha pasado como mínimo una semana desde la aparición de los primeros síntomas, ya podrías empezar a ser menos estricto con tu aislamiento en casa. La OMS es más conservadora y recomienda una cuarentena de catorce días para cualquier persona que presente síntomas o viva con alguien con síntomas.

    

  • Nota sobre las mascotas: se han encontrado perros infectados por el coronavirus COVID-19, pero es algo raro y ni se reproduce bien en ellos ni parece enfermarlos. Tampoco parece que puedan pasarle el virus a otros. Sin embargo, el virus sí se reproduce de manera eficiente en los gatos. También pueden transmitírselo a otros gatos, aunque no enfermen. En los Estados Unidos, el único caso que conozco es un tigre en el zoo del Bronx.

EL FIN DE LA COVID-19

  • No deberíamos esperar que el virus desaparezca cuando empiece a hacer más calor. Todas las pandemias de gripe recientes surgieron en la primavera o el verano, solo que las segundas olas solían ocurrir el siguiente invierno.
  • Incluso si los contagios disminuyen en el hemisferio norte este verano gracias al calor y a la humedad, la curva de la pandemia podría no cambiar mucho.
  • La inmunidad colectiva pararía la pandemia una vez una proporción alta de la población se vuelva inmune al virus. Cuando ya no haya suficientes personas susceptibles de infectarse, la cadena de transmisión se romperá, ya que será más difícil que el virus salte de persona a persona.
  • Las vacunas colectivas serían la mejor manera de conseguir algo así. Sin una vacuna, la única manera de conseguir inmunidad colectiva es mediante una infección colectiva.
  • Utilizando estimaciones de los brotes de los países afectados y mediante modelos matemáticos simplistas, la inmunidad popular mínima varía de entre un 30% (según los datos de Corea del Sur) a más bien un 80% (según datos de España).
  • Por eso es muy importante aplanar la curva de la pandemia. No podemos esperar a que se infecte el 80% de la población.
  • Algo que el virus de COVID-19 comparte con el VIH es su alta frecuencia de mutación. No se puede negar la posibilidad de que el virus se transforme en un futuro cercano y se vuelva todavía más contagioso o peligroso.
  • Se presentó una estimación a la American Hospital Association de medio millón de muertes en Estados Unidos si el virus continúa su curso como hasta ahora. Este número podría reducirse a menos de 100 000 si se cumplen las reglas de distanciamiento físico.
  • La CDC creó un Pandemic Severity Index (índice de gravedad de pandemias) usando el Hurricane Severity Index (índice de gravedad de huracanes) como modelo. En la pandemia de 1918, una de cada tres personas se infectó y, entre esas, aproximadamente el 2% murió. Esto la categoriza como una pandemia de categoría 5, equivalente a un superhuracán con vientos persistentes de más de 240 km/h. Las muertes de la COVID-19 son mucho menores, más cerca de un 0.5%, lo que quiere decir que 1 de cada 200 personas muere.
  • Hace más de un siglo que se conoce el potencial pandémico de los virus de la gripe, pero parece que ese 2% de tasa de mortalidad que hubo en 1918 fue lo peor que hemos tenido. Sin embargo, en 1997 se encontró un virus de la gripe en pollos que mató a más del 50% de las personas infectadas. ¿Qué pasaría si tuviéramos un brote de un virus así?

PREVENIR FUTURAS PANDEMIAS: el consumo de carne

  • La última pandemia nos trató bien. En 2009, la gripe porcina solo causó una pandemia de categoría 1, al matar a medio millón de personas. Aunque nos enseñó que la industria porcina también es un punto de origen de virus pandémicos.
  • El surgimiento del H5N1 y otros virus de gripe aviar que han infectado a personas provienen de la producción industrial de pollo.
  • El CDC considera que el virus de gripe aviar H7N9 es la mayor amenaza pandémica que tenemos, ya que podría matar a millones de estadounidenses. El H7N9 ha matado al 40% de las personas a las que ha infectado; dos de cada cinco.
  • En estos momentos, ni el H5N1 ni el H7N9 han sido capaces de transmitirse fácilmente entre personas, pero tampoco han sido erradicados. Siguen existiendo y mutando.
  • ¿Cómo podemos frenar el surgimiento de los virus pandémicos? Siempre que sea posible, hay que tratar la causa.
  • La mayor y más antigua asociación de profesionales de la salud pública del mundo, la American Public Health Association, lleva casi dos décadas pidiendo el cese de la ganadería intensiva. Publicó un editorial en su revista titulado “The Chickens Come Home to Roost” que iba más allá de la simple desintensificación de la industria porcina y avícola:

“Es curioso que, teniendo en cuenta el peligro de una pandemia, cambiar la manera en la que tratamos a los animales, básicamente dejar de comerlos o, como mínimo, limitar radicalmente su consumo, no se contemple como una medida preventiva válida. Un cambio así, si se implementase o impusiese lo suficiente, podría reducir las posibilidades de la tan temida epidemia de gripe. Incluso podría prevenir enfermedades futuras que, de no cambiar nada, podrían surgir de la cría y el sacrificio intensivos de animales para comer. Aun así, la humanidad ni siquiera lo considera como una opción”.

  • Es posible que las cosas estén cambiando, gracias a innovaciones como las leches vegetales, los sustitutos del huevo y las carnes “falsas”.
  • Lo que escogemos comer no solo afecta a nuestra salud, sino también a la salud mundial; tanto por el cambio climático como por el riesgo de pandemias.
  • Los grandes productores cárnicos han empezado a mezclar proteínas vegetales para hacer carnes híbridas, como las salchichas Whole Blends de Tyson o los nuggest de pollo “next generation” de Perdue. El mayor productor de carne de cerdo, Smithfield, ha sacado hace poco una línea de productos vegetales. Cada vez hay más mayonesa sin huevo, y la marca de productos vegetales Quorn ha abierto una fábrica capaz de fabricar el equivalente a veinte millones de pollos al año.
  • Aunque estos productos no sean muy sanos para ti, suelen ser más sanos que sus equivalentes de origen animal y, desde un punto de vista pandémico, no suponen ningún riesgo.
  • ¿Qué hay de la carne cultivada en laboratorio? El principal beneficio humano de este tipo de carne residiría en su seguridad alimentaria. Si haces carne sin intestinos, no puede haber bacterias fecales como la Salmonella, y si no tiene pulmones, no hay que preocuparse de virus respiratorios. Se defiende mucho a la carne creada a partir de células musculares por sus beneficios medioambientales, ya que reduce el gasto de agua y las emisiones de gases de efecto invernadero hasta un 96% y el uso de terreno hasta un 99%. Si tenemos en cuenta el cambio en el riesgo de pandemia, los beneficios para la salud humana podrían acercarse a los de la salud del planeta.

REFLEXIONES FINALES

  • Al final de mi webinar reconocí la gran labor de los profesionales sanitarios. Muchos no solo tienen que aguantar un agotamiento físico y mental enorme, tomar decisiones de triaje muy difíciles y soportar el dolor de perder pacientes y compañeros, sino que además están arriesgando sus vidas (literalmente…). Hay miles de profesionales sanitarios infectados y han muerto más de una centena.
  • Una crisis como esta puede sacar lo peor de las personas, como todo el racismo contra los asiáticos, pero también puede sacar lo mejor.
  • Si quieres ayudar a las personas que se encuentran en la primera línea de batalla, sigue los consejos, quédate en casa (si puedes) y mantente seguro.

PRÓXIMAMENTE

  • Durante el webinar anuncié que esas cuatro horas de información se convertirían en una serie de videos en NutritionFacts.org.
  • También he estado trabajando en un libro que saldrá el 26 de mayo de 2020 en inglés, titulado How to Survive a Pandemic (Cómo sobrevivir una pandemia).
  • Si hablas inglés y tienes más preguntas, haré una Q&A en directo el 16 de abril a las 12pm EDT en Facebook y a las 6pm EDT en YouTube que estará dedicada al coronavirus.
  • Estoy preparando un segundo webinar para mayo. Si estás suscrito a nuestra newsletter, recibirás todas las novedades. Haz click aquí para suscribirte.

WHO stress- spanish

(haz click en la imagen para abrirla)

Un saludo,
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Michael Greger M.D., FACLM

Michael Greger, M.D. FACLM, is a physician, New York Times bestselling author, and internationally recognized professional speaker on a number of important public health issues. Dr. Greger has lectured at the Conference on World Affairs, the National Institutes of Health, and the International Bird Flu Summit, testified before Congress, appeared on The Dr. Oz Show and The Colbert Report, and was invited as an expert witness in defense of Oprah Winfrey at the infamous "meat defamation" trial.


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