La cebolla y el tomate puestos a prueba para la osteoporosis

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Además de sus cualidades antioxidantes, antiinflamatorias y alcalinas, ¿existe algún beneficio extra para los huesos que provenga de verduras y frutas específicas?

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A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Cecilia Poëymirou voluntaria activa en NutritionFacts.org.

Al alimentar ratas con docenas de diferentes alimentos, se observó que la fruta que mejor preservaba sus huesos eran las ciruelas pasas y el mejor vegetal la cebolla. Ya hablé acerca de las ciruelas pasas. ¿Pero qué sucede con las cebollas?

Al parecer, el país con mayor consumo per cápita de cebollas del mundo es Turquía, que también tiene una de las tasas más bajas de fracturas osteoporóticas. El consumo diario de cebolla per cápita de Turquía podría ser cuatro veces mayor que el de Estados Unidos y las probabilidades de fractura de cadera cuatro veces menor. ¿Será coincidencia?

El problema de intentar hacer comparaciones entre países es que no se sabe si las personas dentro del país que comen cebollas son las que realmente evitan las fracturas. Pero en 2017, se publicó un estudio prospectivo en el que se siguió la ingesta de frutas y verduras de alrededor de 1500 mujeres mayores durante casi 15 años, y de todos los tipos de vegetales, la ingesta de verduras de la familia allium, como cebollas, puerros y ajos, fueron las que más se asociaron con un menor riesgo de fracturas óseas.

Según un estudio realizado a mujeres blancas no hispanas de 50 años o más, aquellas que comían cebollas a diario tenían, en conjunto, una densidad ósea un 5% mayor que las que las comían con poca frecuencia. Puede parecer poco, pero podría significar una reducción del riesgo de fractura de cadera de más del 20%.

¿Por qué las cebollas? Quizás por la quercetina. La cebolla es una de las fuentes más concentradas de este fitonutriente, que puede estimular nuestras células productoras de huesos, al menos en una placa de Petri, y también es un potente inhibidor de la formación de células que se “alimentan” de hueso.

¿O podría ser la fibra prebiótica del tipo fructano presente en las cebollas? Al introducirla experimentalmente en el recto, se ha demostrado que los ácidos grasos de cadena corta que produce nuestra flora intestinal que consume fibra estimulan la absorción de calcio. Tanto que, en adolescentes a los que se le asignó al azar el tipo de fibra de las cebollas, el equivalente a una cebolla diaria durante un año, aumentaron significativamente su densidad mineral ósea en comparación con el grupo de placebo.

En el estudio sobre la conservación ósea en roedores, varias especias superaron a las ciruelas pasas y las cebollas. La mejor fue también de la familia allium, el ajo. Y, en el estudio prospectivo en humanos, las verduras crucíferas como el brócoli quedaron muy cerca por detrás de la familia allium. Aunque existen algunos datos obtenidos en placas de Petri que respaldan los posibles beneficios óseos del sulforafano de las crucíferas, como que inhibe la formación de células que se “alimentan” de hueso y que parece proteger la salud ósea en ratones, la razón por la que destaco la cebolla es que es una de las dos verduras que se han sometido a estudios clínicos.

Pero, ¿cómo se consigue una cebolla que en realidad es un placebo para darle al grupo de control? Para eso, un equipo de investigadores chinos innovadores dio a un grupo jugo de cebolla, y al otro, jugo de cebolla falso. (No sé cuál de los dos suena peor, ¡pero todo sea por la ciencia!). Aquellos asignados al azar al grupo de la cebolla real experimentaron una mejora en un marcador de pérdida ósea respecto al grupo de placebo, pero el estudio no duró lo suficiente como para ver si esto se traducía en beneficios óseos tangibles. Pero, un estudio clínico sobre la otra verdura puesta a prueba, sí lo hizo.

La historia del tomate comienza igual que la de la cebolla. Hay apoyo epidemiológico. En el estudio de osteoporosis de Framingham, una mayor ingesta de licopeno, el pigmento rojo de los tomates, se asoció a la protección contra la pérdida ósea, en hombres y mujeres mayores, en un plazo de 4 años y a la protección contra fracturas de cadera, en 17 años- Quizás esto ayude a explicar por qué los estudios muestran que llevar una dieta más mediterránea se asocia con alrededor de un 20% menos de fracturas de cadera. 

Además, hay evidencia de laboratorio. En una placa de Petri, el licopeno inhibe la pérdida ósea y preserva la masa ósea en ratas. Sin embargo, también lo hace el extracto de tomate verde, que es más rico en compuestos como la tomatina que en licopeno. Así que, tal vez haya múltiples factores protectores en los tomates. De todos modos, ¡démosle a la gente productos derivados del tomate y veamos qué pasa!

Mujeres posmenopáusicas asignadas al azar a consumir licopeno en forma de alrededor de un vaso y un tercio de jugo de tomate diario, al segundo mes experimentaron una reducción significativa en un marcador de pérdida ósea. Lo contrario se observó luego de restringir el consumo de licopeno durante un mes, es decir, nada de tomates, melón, ni otras frutas rojas como el pomelo rosado. Esto indica que el consumo regular tiene un efecto protector.  Pero, ¿esto se traduce en una mayor retención ósea a lo largo del tiempo? Las mujeres posmenopáusicas a las que se les dio dos tercios de taza de salsa de tomate diario durante tres meses sufrieron una pérdida ósea mucho más baja que las de un grupo de edad similar que no la consumió, aunque no se indica si los sujetos del estudio fueron asignados al azar, lo que podría haber sesgado los resultados.

Entonces, ¿deberíamos esforzarnos por incluir estas frutas y verduras en nuestra dieta? Normalmente, nos conformamos con que “daño no nos va a hacer”, pero un grupo de investigadores neozelandeses llevó a cabo un estudio controlado aleatorizado para averiguarlo. Crearon la dieta Scarborough Fair (llamada así porque contenía hierbas con presuntas propiedades protectoras de los huesos como perejil, salvia, romero y tomillo, mencionadas en la popular canción de Simon y Garfunkel). La dieta incluía ciruelas pasas, cebollas y tomates. La compararon con una dieta similar que incluía nueve o más raciones de frutas y verduras, pero de las que no se sospechaba que tuvieran propiedades útiles para la salud ósea. Al cabo de tres meses se midieron los marcadores de recambio óseo, y la dieta especialmente ideada con alimentos que preservan los huesos no obtuvo resultados significativamente mejores que la dieta con productos que no los preservan, o que una dieta con sólo seis raciones de frutas y verduras al día, lo que sugiere que el objetivo debería ser comer la mayor cantidad de frutas y verduras de cualquier tipo.

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A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Cecilia Poëymirou voluntaria activa en NutritionFacts.org.

Al alimentar ratas con docenas de diferentes alimentos, se observó que la fruta que mejor preservaba sus huesos eran las ciruelas pasas y el mejor vegetal la cebolla. Ya hablé acerca de las ciruelas pasas. ¿Pero qué sucede con las cebollas?

Al parecer, el país con mayor consumo per cápita de cebollas del mundo es Turquía, que también tiene una de las tasas más bajas de fracturas osteoporóticas. El consumo diario de cebolla per cápita de Turquía podría ser cuatro veces mayor que el de Estados Unidos y las probabilidades de fractura de cadera cuatro veces menor. ¿Será coincidencia?

El problema de intentar hacer comparaciones entre países es que no se sabe si las personas dentro del país que comen cebollas son las que realmente evitan las fracturas. Pero en 2017, se publicó un estudio prospectivo en el que se siguió la ingesta de frutas y verduras de alrededor de 1500 mujeres mayores durante casi 15 años, y de todos los tipos de vegetales, la ingesta de verduras de la familia allium, como cebollas, puerros y ajos, fueron las que más se asociaron con un menor riesgo de fracturas óseas.

Según un estudio realizado a mujeres blancas no hispanas de 50 años o más, aquellas que comían cebollas a diario tenían, en conjunto, una densidad ósea un 5% mayor que las que las comían con poca frecuencia. Puede parecer poco, pero podría significar una reducción del riesgo de fractura de cadera de más del 20%.

¿Por qué las cebollas? Quizás por la quercetina. La cebolla es una de las fuentes más concentradas de este fitonutriente, que puede estimular nuestras células productoras de huesos, al menos en una placa de Petri, y también es un potente inhibidor de la formación de células que se “alimentan” de hueso.

¿O podría ser la fibra prebiótica del tipo fructano presente en las cebollas? Al introducirla experimentalmente en el recto, se ha demostrado que los ácidos grasos de cadena corta que produce nuestra flora intestinal que consume fibra estimulan la absorción de calcio. Tanto que, en adolescentes a los que se le asignó al azar el tipo de fibra de las cebollas, el equivalente a una cebolla diaria durante un año, aumentaron significativamente su densidad mineral ósea en comparación con el grupo de placebo.

En el estudio sobre la conservación ósea en roedores, varias especias superaron a las ciruelas pasas y las cebollas. La mejor fue también de la familia allium, el ajo. Y, en el estudio prospectivo en humanos, las verduras crucíferas como el brócoli quedaron muy cerca por detrás de la familia allium. Aunque existen algunos datos obtenidos en placas de Petri que respaldan los posibles beneficios óseos del sulforafano de las crucíferas, como que inhibe la formación de células que se “alimentan” de hueso y que parece proteger la salud ósea en ratones, la razón por la que destaco la cebolla es que es una de las dos verduras que se han sometido a estudios clínicos.

Pero, ¿cómo se consigue una cebolla que en realidad es un placebo para darle al grupo de control? Para eso, un equipo de investigadores chinos innovadores dio a un grupo jugo de cebolla, y al otro, jugo de cebolla falso. (No sé cuál de los dos suena peor, ¡pero todo sea por la ciencia!). Aquellos asignados al azar al grupo de la cebolla real experimentaron una mejora en un marcador de pérdida ósea respecto al grupo de placebo, pero el estudio no duró lo suficiente como para ver si esto se traducía en beneficios óseos tangibles. Pero, un estudio clínico sobre la otra verdura puesta a prueba, sí lo hizo.

La historia del tomate comienza igual que la de la cebolla. Hay apoyo epidemiológico. En el estudio de osteoporosis de Framingham, una mayor ingesta de licopeno, el pigmento rojo de los tomates, se asoció a la protección contra la pérdida ósea, en hombres y mujeres mayores, en un plazo de 4 años y a la protección contra fracturas de cadera, en 17 años- Quizás esto ayude a explicar por qué los estudios muestran que llevar una dieta más mediterránea se asocia con alrededor de un 20% menos de fracturas de cadera. 

Además, hay evidencia de laboratorio. En una placa de Petri, el licopeno inhibe la pérdida ósea y preserva la masa ósea en ratas. Sin embargo, también lo hace el extracto de tomate verde, que es más rico en compuestos como la tomatina que en licopeno. Así que, tal vez haya múltiples factores protectores en los tomates. De todos modos, ¡démosle a la gente productos derivados del tomate y veamos qué pasa!

Mujeres posmenopáusicas asignadas al azar a consumir licopeno en forma de alrededor de un vaso y un tercio de jugo de tomate diario, al segundo mes experimentaron una reducción significativa en un marcador de pérdida ósea. Lo contrario se observó luego de restringir el consumo de licopeno durante un mes, es decir, nada de tomates, melón, ni otras frutas rojas como el pomelo rosado. Esto indica que el consumo regular tiene un efecto protector.  Pero, ¿esto se traduce en una mayor retención ósea a lo largo del tiempo? Las mujeres posmenopáusicas a las que se les dio dos tercios de taza de salsa de tomate diario durante tres meses sufrieron una pérdida ósea mucho más baja que las de un grupo de edad similar que no la consumió, aunque no se indica si los sujetos del estudio fueron asignados al azar, lo que podría haber sesgado los resultados.

Entonces, ¿deberíamos esforzarnos por incluir estas frutas y verduras en nuestra dieta? Normalmente, nos conformamos con que “daño no nos va a hacer”, pero un grupo de investigadores neozelandeses llevó a cabo un estudio controlado aleatorizado para averiguarlo. Crearon la dieta Scarborough Fair (llamada así porque contenía hierbas con presuntas propiedades protectoras de los huesos como perejil, salvia, romero y tomillo, mencionadas en la popular canción de Simon y Garfunkel). La dieta incluía ciruelas pasas, cebollas y tomates. La compararon con una dieta similar que incluía nueve o más raciones de frutas y verduras, pero de las que no se sospechaba que tuvieran propiedades útiles para la salud ósea. Al cabo de tres meses se midieron los marcadores de recambio óseo, y la dieta especialmente ideada con alimentos que preservan los huesos no obtuvo resultados significativamente mejores que la dieta con productos que no los preservan, o que una dieta con sólo seis raciones de frutas y verduras al día, lo que sugiere que el objetivo debería ser comer la mayor cantidad de frutas y verduras de cualquier tipo.

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Gráficos de Avo Media

Nota del Doctor

Si te perdiste mi video anterior ve Tres motivos por los que las frutas y verduras podrían reducir el riesgo de osteoporosis.

El video de las ciruelas que mencioné es Ciruelas pasas para la osteoporosis

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