¿Por qué no se ha prohibido el Bisfenol A (BPA) por completo?

Image Credit: Hans Braxmeier / Pixabay. Esta imagen ha sido modificada.

La traducción de este texto viene de la mano de nuestra voluntaria Tamara Amor. Edición de Ángela Graña Varela. 

“El número de productos químicos nuevos aumenta de forma exponencial, se incorporan cerca de 12000 sustancias a diario…”. Sin embargo, no hay datos disponibles sobre los riesgos de muchos de ellos, inclusive de algunos de los productos químicos de mayor volumen. El bisfenol A (BPA, por sus siglas en inglés) es uno de ellos, con miles de millones de kilos producidos cada año. Algunos estudios han planteado preocupaciones sobre su posible implicación en la causa de ciertas enfermedades crónicas como diabetes, obesidad, trastornos reproductivos, defectos de nacimiento, enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias crónicas, renales y el cáncer de mama. Por eso el BPA es el tema principal de mi video ¿Por qué no se ha prohibido el BPA?.

Casi todas las semanas se publica un estudio nuevo sobre las implicaciones del BPA para la salud. El BPA se desarrolló por primera vez hace más de cien años como un estrógeno sintético, pero no fue hasta los años 50 que la industria se dio cuenta de que podía usarse para fabricar plástico policarbonato. Fue entonces que “el BPA se convirtió en muy poco tiempo en uno de los productos químicos más producidos y usados en todo el mundo, aunque se sabía que era un estrógeno sintético reconocido” con efectos hormonales. También se utilizan alrededor de mil millones de kilos para recubrir el interior de latas de alimentos y bebidas, especialmente para el atún y las sopas concentradas.

Hoy en día la mayoría de nosotros, incluidos nuestros hijos, tenemos BPA en nuestro cuerpo; pero no hay motivo de preocupación, ya que el gobierno asegura que hasta 50 µg/kg por día son seguros. De hecho, los niveles de exposición de los trabajadores de las fábricas chinas de BPA son hasta 70 veces más bajos que el límite de seguridad propuesto. Entonces, ¿por qué la exposición pareció afectar el conteo de esperma de los trabajadores masculinos? En Estados Unidos, la población general tiene niveles de exposición 1000 veces inferiores al límite de seguridad, pero a pesar de ello se observan efectos adversos en la función de la tiroides, en el control del peso y del azúcar en sangre, en la función hepática e inmune y enfermedades cardiovasculares. “El hecho de que existan efectos adversos significativos en poblaciones expuestas al BPA en concentraciones [miles de veces] inferiores a la IDT [Ingesta Diaria Tolerable]… indica que la exposición segura al BPA en humanos podría ser mucho menor de lo que se pensaba antes”. A pesar de ello, el límite no ha cambiado. El BPA ha sido prohibido en “biberones y vasos con boquilla para niños”, pero las dosis casi ilimitadas continúan siendo aceptables para todos los demás. ¿Cómo se explica esta disparidad?

La respuesta tiene que ver con el mundo fascinante de los efectos de los químicos disruptores hormonales en dosis bajas. “Durante décadas, los estudios de sustancias químicas alteradoras endocrinas (SAE) han desafiado los conceptos tradicionales en toxicología, en particular el dogma de ‘la dosis hace al veneno’”, es decir, el concepto de “que las exposiciones más bajas a un compuesto peligroso siempre generan riesgos más bajos”. De hecho, esa es la suposición central subyacente a nuestro sistema de pruebas de seguridad química. En los laboratorios, los investigadores le administran a los animales dosis muy altas del químico en cuestión y luego las bajan hasta que desaparecen los efectos adversos que se hayan producido. A esa dosis, le agregan un tampón de seguridad y suponen que todo lo que está por debajo es inocuo, al asumir que existe una relación lineal que asegura que cuanto mayor sea la dosis, mayor es el efecto. Sin embargo, las sustancias químicas alteradoras de hormonas pueden tener todo tipo de curvas curiosas. ¿Cómo es posible que algo pueda tener un mayor efecto a una dosis más baja?

Se realizó un estudio para ver si el BPA suprimía una hormona protectora de la obesidad en muestras de grasa provenientes de reducciones mamarias y abdominoplastias. A 100 nanomoles de BPA, los niveles hormonales fueron más altos que a 0 nM. Dado que la mayoría de las personas tienen niveles entre 1 y 20, el BPA se consideró seguro. Sin embargo, aunque no hubo supresión ni en 0 ni en 100 nM, en los niveles en los que realmente se encuentra presente en los cuerpos de las personas, el BPA parece reducir la liberación de hormonas casi a la mitad.

La organización más antigua, grande y activa del mundo dedicada a la investigación hormonal concluyó que “incluso los niveles más bajos de exposición (en realidad, cualquier nivel de exposición en absoluto) pueden causar [problemas]”. De hecho, provoca casi 3 mil millones de dólares en problemas cada año, si se cuentan los efectos estimados del BPA en la obesidad infantil y las enfermedades cardíacas. Si bien existen alternativas para reemplazar el BPA en la industria, el problema es que pueden costarles 2 centavos más.


Otros videos del BPA y los químicos disruptores hormonales:

Un saludo,

Michael Greger

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