La sensibilidad a los CEM puesta a prueba

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La traducción de este texto viene de la mano de nuestra voluntaria Victoria Rodríguez.

Se han llevado a cabo al menos 46 estudios con más de mil personas para ver si quienes sufren electrosensibilidad se están engañando a sí mismos.

“Durante la última década, se ha señalado que una gran diversidad de síntomas aparece por la exposición a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia” que emanan de los teléfonos celulares cuando se los usa, como dolor de cabeza, náuseas, mareos y fatiga. Los medios de comunicación han estado promoviendo esto como una nueva afección llamada “electrosensibilidad” o “hipersensibilidad electromagnética”. A estas historias las impulsaron, en parte, “personas que afirman haber detectado un vínculo claro entre sus propios problemas de salud y la exposición a un dispositivo eléctrico específico”, el cual “puede tener consecuencias importantes para la calidad de vida de una persona y se asocia a una disminución en la salud general, un mayor uso de los servicios de salud, y deficiencias en el desempeño laboral y social”.

Como puedes ver abajo y en el minuto 0:50 de mi video ¿Es real la hipersensibilidad electromagnética?, para ver con cuánta frecuencia sucedía esto, los investigadores invitaron a un grupo de estudiantes universitarios a sentarse sobre dos bobinas electromagnéticas y luego comprobaron, mediante una lista de control de síntomas, cómo se sentían los estudiantes al estar ante un campo electromagnético fuerte y uno débil.

Puedes ver el gráfico abajo y en el minuto 0:57 de mi video. Los estudiantes informaron síntomas neurológicos como dolor de cabeza, somnolencia, mareos, fatiga e irritabilidad, y también síntomas viscerales como palpitaciones, tensión muscular y náuseas (aunque las náuseas se informaron con más frecuencia al estar ante un campo electromagnético débil). También informaron dolor abdominal, dificultad para respirar y un poco de acidez estomacal. Dijeron que podían sentirlo en la piel: hormigueo, frío, sudoración y picazón. Con los órganos sensoriales notaron visión borrosa, zumbido en los oídos, sequedad en la boca y congestión nasal, además de otros síntomas. Se les pidió a 40 estudiantes en total que calificaran sus síntomas durante la exposición “simulada”, la exposición “débil” y la exposición “fuerte”. En realidad, nunca se los expuso a ningún campo electromagnético, todas las sesiones fueron una “simulación”. “Las bobinas parecían estar conectadas a una impresionante fuente de alimentación eléctrica con luces de colores y un panel operativo, pero, en realidad, no había ninguna conexión eléctrica real entre ellas (es decir, no se generaba ningún tipo de campo electromagnético)”.

El estudio se tituló “Polluted places or polluted minds?” (¿Lugares contaminados o mentes contaminadas?), lo cual sugería que aquellas personas que afirmaban tener estos síntomas podrían estar engañándose a sí mismas. Antes de sacar conclusiones precipitadas, se debe estudiar a las personas que realmente sufren este trastorno. Por eso los investigadores estudiaron a veinte varones y mujeres que afirmaban que eran sensibles a los teléfonos celulares. Como puedes ver en el minuto 2:18 de mi video, los participantes informaron una variedad de síntomas al exponerse a la radiación de los teléfonos celulares: todo tipo de dolores y sensibilidades, mareos, dificultad para respirar y otros síntomas. Entonces los investigadores le pidieron a cada participante que se sentara en una silla con varios teléfonos celulares activos colocados cerca de la cabeza. Y vaya que podían sentirlos. Como puedes ver el minuto 2:27 de mi video, presentaron una variedad de síntomas, pero, irónicamente, se sintieron un poco peor cuando les colocaron teléfonos falsos al lado de la cabeza. “Al contrario de las expectativas obvias”, ninguna de las personas que se consideraban electrosensibles “podía distinguir si los teléfonos celulares estaban encendidos o apagados”.

Eso es lo que casi todos estos estudios han encontrado: no hay evidencia de que los síntomas sean algo más que de naturaleza psicológica. Los investigadores observaron que aquellas personas que afirman tener tal hipersensibilidad tienden a presentar más rasgos obsesivo-compulsivos, hostiles, fóbicos y paranoides. Así que los investigadores le cambiaron el nombre a la enfermedad. Lo que se solía llamar “hipersensibilidad electromagnética” en las publicaciones médicas ahora se llama “intolerancia ambiental idiopática atribuida a los campos electromagnéticos”, un término más complicado. “A pesar de la convicción de quienes sufren esta afección de que los síntomas se desencadenan por la exposición a campos electromagnéticos, se han llevado a cabo reiterados experimentos en los que no se ha podido replicar este fenómeno en condiciones controladas”. ¿De cuántos experimentos estamos hablando? “Hasta la fecha, se han hecho 46 estudios con más de 1175 voluntarios que tenían esta afección para evaluar si la exposición a los campos electromagnéticos podía desencadenar los síntomas que informaba este grupo”. Pero, al poner esto a prueba y tomar en cuenta todos los estudios, como puedes ver abajo y en el minuto 3:49 de mi video, no solo no se encontró ningún efecto significativo en ninguno de los síntomas, sino que tampoco hubo evidencia de que los participantes fueran capaces de detectar los campos de radiofrecuencia electromagnética.

¿Ni una sola persona tiene esta hipersensibilidad? Hubo un estudio en el que dos participantes “presentaron un rendimiento extraordinario”, ya que adivinaron cuando el teléfono celular estaba encendido hasta 97 veces de cada 100. Si eso fuera solo casualidad, sería como la probabilidad de que te caiga un rayo encima cuatro veces en un mismo año. Sin embargo, los investigadores del estudio no pudieron replicar el resultado un mes después. Y, en el mundo de la ciencia, si no puedes replicar algo, básicamente no existe.

Entonces, ¿por qué persiste esta idea de la hipersensibilidad? Ahora hay toda una industria que saca provecho de diversos artilugios que afirman proteger a las personas de los campos electromagnéticos, y parece que a los medios les encanta la historia de la hipersensibilidad. Pero, “¿por qué los periodistas no presentan los datos?”. Los medios tienden a afirmar que “no se han hecho suficientes investigaciones en esta área, pero la verdad es que ya se hicieron estudios al respecto. De hecho, se han llevado a cabo decenas de estudios con doble enmascaramiento, pero parece que casi todos los periodistas que cubren el tema los ignoraron de forma sistemática”. Hay “estudios de exposición” con enmascaramiento que se han publicado con revisión científica externa y son casi todos negativos. Se podría decir que la evidencia es casi unánime. “Entonces, ¿por qué los medios ni siquiera mencionan los datos? Tal vez lo hacen a propósito y con maldad. Quizás son incompetentes y nunca se tomaron la molestia de investigar”. O quizás también los engañaron los vendedores de polvos mágicos, los “agresivos miembros de los grupos de presión que trabajan en coordinación” para vender “pintura aislante y sombreros protectores de apicultor” para cuando sales al exterior. Estos charlatanes no solo deciden no mencionar las decenas de estudios que demuestran que lo que ellos dicen es mentira, sino que también atacan con saña a cualquier persona que se atreva a mencionar los datos, y la acusan de ser insensible, de atacar a quienes sufren y de negar la realidad de los síntomas de esas personas”.

Nadie dice que esas personas estén inventando los síntomas. Los estudios científicos solo indican que, sean cuales sean los síntomas, los teléfonos celulares no parecen ser la causa. Y, si ese es el camino que quieren tomar, se podría argumentar justamente que aquellas personas que intentan venderles a estos pacientes una lista de cosas “son las mismas que impiden comprender mejor el sufrimiento de sus clientes”.


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Key Takeaways

  • La exposición a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia de los celulares en uso supuestamente podría provocar dolores de cabeza, náuseas y fatiga, y los medios lo consideran una “nueva enfermedad” llamada hipersensibilidad electromagnética.

  • Los investigadores hicieron a los sujetos sentarse sobre dos bobinas electromagnéticas que parecían estar conectadas a “una fuente de electricidad con luces de colores y un panel de control”. Los participantes afirmaron sentir síntomas neurológicos (dolores de cabeza e irritabilidad), síntomas viscerales (tensión muscular), dolor abdominal, reflujo, sensaciones en la piel (como picor), visión borrosa y boca seca, entre otros. En realidad, no estaban siendo expuestos, porque no había conexiones eléctricas en las bobinas y no se estaban generando campos electromagnéticos. Los investigadores sugirieron que estas personas se podrían estar engañando a sí mismas.

  • Cuando se estudió a las personas que afirmaban ser sensibles a los celulares, afirmaron sentir ciertos síntomas al ser expuestos a radiación del celular. Tiene gracia, porque se sintieron peor con la mentira, por lo que los investigadores concluyeron que ninguna de las personas con esa supuesta hipersensibilidad podían distinguir un celular apagado de uno encendido. Casi todos los estudios encontraron cero evidencia de que los síntomas sean algo más que de origen psicológico.

  • Quienes dicen ser hipersensibles suelen mostrar más síntomas obsesivo-compulsivos, hostiles, fóbicos y paranoicos.

  • La “hipersensibilidad electromagnética” a pasado a llamarse “intolerancia ambiental idiopática atribuida a los campos electromagnéticos”.

  • Se hicieron 46 estudios con más de 1000 voluntarios con hipersensibilidad electromagnética en los que se probó si los síntomas aparecían realmente tras una exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia, pero no fue así. Además, no hubo evidencia alguna de que los sujetos fueran siquiera capaces de detectar estos campos.

  • Se ha creado toda una industria alrededor de la venta de productos para proteger a estas personas, y los medios parecen estar enamorados de esta historia.

  • La ciencia es prácticamente unánime con respecto a que la hipersensibilidad electromagnética no es una condición médica real, pero sus promotores “atacan sin control a quien se atreva a mencionar los datos, y los acusan de insensibles, de atacar a quienes sufren y de negar la realidad de los síntomas”.


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