¿Deberíamos estar preocupados por la aflatoxina?

¿Deberíamos estar preocupados por la aflatoxina?
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¿Es real el síndrome del moho tóxico? ¿Y qué hacemos con la comida contaminada?

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A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por María Belén Oliva voluntaria activa en NutritionFacts.org.

En los últimos años, se culpó al moho por todo tipo de síntomas subjetivos indefinidos, pero hay poca evidencia científica de que el moho tenga algo que ver con ellos. Sin embargo, este concepto de “síndrome de moho tóxico” se instaló en el consciente colectivo, perpetuado por prácticas depredadoras desacreditadas de los que ganan plata al hacer pruebas en hogares para detectar esporas de moho o analizar la orina o sangre de las personas. Pero se dice que todas estas pruebas propagan aún más la información errónea e infligen costos innecesarios y, a menudo, exorbitantes a los pacientes desesperados por un diagnóstico. “La creencia continua en este mito la perpetúan los charlatanes que creen que las vacunas contra el sarampión causan autismo, que la homeopatía funciona, que el fluoruro en el agua se debe eliminar. . .”

Pero, la contaminación de la toxina del moho en los alimentos surgió como una cuestión legítima de grave preocupación, quizás incluso más importante que otros contaminantes que podrían llegar a la cadena alimenticia. Se identificaron muchos tipos diferentes, pero uno solo se clasificó como carcinógeno humano conocido, y es la aflatoxina. La ocratoxina de la que ya hablé es un posible carcinógeno humano, pero sabemos que la aflatoxina provoca cáncer en los seres humanos. De hecho, las aflatoxinas se encuentran entre los carcinógenos más poderosos que conocemos.

Por ejemplo, se estima que cerca de una quinta parte de todos los casos de cáncer de hígado se pueden atribuir a las aflatoxinas, y como el cáncer de hígado es la tercera causa principal de muertes por cáncer en todo el mundo, y mata tan rápido después del diagnóstico, la contribución de las aflatoxinas a este cáncer mortal es significativa. Y cuando llega a la comida, hay pocas formas de quitarla. La cocción, por ejemplo, no ayuda. Cuando ya está en los cultivos, la carne, los lácteos y los huevos de animales que consumen esos cultivos, es demasiado tarde. Por ende, primero tenemos que evitar la contaminación, y eso es lo hacemos, hace décadas, en este país. Debido a las regulaciones del Gobierno, las empresas casi “siempre toman muestras” para las aflatoxinas, lo que resulta en casi mil millones de dólares de  pérdidas al año, y puede ser peor si el cambio climático empeora la contaminación por aflatoxinas en el cinturón maicero estadounidense.

Así que, en el plano del consumidor, es más un problema de salud pública en los países menos industrializados, como los africanos donde se dan las condiciones, y los agricultores no se pueden dar el lujo de tirar cultivos por mil millones de dólares. De hecho, la aflatoxina aún es una amenaza para la salud pública en África, la China rural y el sudeste asiático, y afecta a más de la mitad del mundo, lo que explica por qué la prevalencia del cáncer de hígado en esas zonas puede ser 30 veces mayor, pero no es importante aquí o en Europa.

El 1 por ciento de los estadounidenses tiene niveles detectables de aflatoxinas en la sangre. ¿Por qué incluso el 1 por ciento? Bueno, la FDA trabaja para asegurar que los niveles de exposición a estas toxinas no se mantengan lo más bajo posible, sino, en cambio, lo más bajo para que sea práctico. Por ejemplo, en California aumentaron los niveles inaceptables de aflatoxinas en pistachos, almendras e higos. Inaceptable en Europa, o sea, que afecta nuestra capacidad de exportación, pero no inaceptable para los consumidores estadounidenses, ya que permitimos el doble de contaminación por aflatoxinas.

Los higos son únicos, ya que se pueden secar en el árbol. Esto los hace vulnerables a la producción de aflatoxinas. Sería interesante saber sobre los hábitos de consumo de higos del 1 por ciento de los estadounidenses positivos para la toxina. Si los higos fueran los culpables, incentivaría a la gente a diversificar el consumo de frutos secos, pero son tan buenos para nosotros que en realidad tienen que ser parte de nuestras dietas. Los beneficios cardiovasculares superan los efectos carcinógenos, previenen miles de acv y ataques cardíacos por cada caso de cáncer de hígado. “Los beneficios para la salud de la población que brinda aumentar el consumo de nueces superan los riesgos de aumentar la exposición a la aflatoxina B1”.

Entonces, la aflatoxina es en su mayoría un problema del mundo en desarrollo, y por eso, sigue siendo, en gran medida, una cuestión de salud global, y más bien ignorada. Donde se puso el foco, se vio que es impulsada en gran medida por tener que cumplir estrictas normas de importación en las naciones más ricas del mundo en vez de proteger a las miles de millones de personas expuestas a diario.

Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

Video producción Glass Entertainment

Gráficos Avo Media

A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por María Belén Oliva voluntaria activa en NutritionFacts.org.

En los últimos años, se culpó al moho por todo tipo de síntomas subjetivos indefinidos, pero hay poca evidencia científica de que el moho tenga algo que ver con ellos. Sin embargo, este concepto de “síndrome de moho tóxico” se instaló en el consciente colectivo, perpetuado por prácticas depredadoras desacreditadas de los que ganan plata al hacer pruebas en hogares para detectar esporas de moho o analizar la orina o sangre de las personas. Pero se dice que todas estas pruebas propagan aún más la información errónea e infligen costos innecesarios y, a menudo, exorbitantes a los pacientes desesperados por un diagnóstico. “La creencia continua en este mito la perpetúan los charlatanes que creen que las vacunas contra el sarampión causan autismo, que la homeopatía funciona, que el fluoruro en el agua se debe eliminar. . .”

Pero, la contaminación de la toxina del moho en los alimentos surgió como una cuestión legítima de grave preocupación, quizás incluso más importante que otros contaminantes que podrían llegar a la cadena alimenticia. Se identificaron muchos tipos diferentes, pero uno solo se clasificó como carcinógeno humano conocido, y es la aflatoxina. La ocratoxina de la que ya hablé es un posible carcinógeno humano, pero sabemos que la aflatoxina provoca cáncer en los seres humanos. De hecho, las aflatoxinas se encuentran entre los carcinógenos más poderosos que conocemos.

Por ejemplo, se estima que cerca de una quinta parte de todos los casos de cáncer de hígado se pueden atribuir a las aflatoxinas, y como el cáncer de hígado es la tercera causa principal de muertes por cáncer en todo el mundo, y mata tan rápido después del diagnóstico, la contribución de las aflatoxinas a este cáncer mortal es significativa. Y cuando llega a la comida, hay pocas formas de quitarla. La cocción, por ejemplo, no ayuda. Cuando ya está en los cultivos, la carne, los lácteos y los huevos de animales que consumen esos cultivos, es demasiado tarde. Por ende, primero tenemos que evitar la contaminación, y eso es lo hacemos, hace décadas, en este país. Debido a las regulaciones del Gobierno, las empresas casi “siempre toman muestras” para las aflatoxinas, lo que resulta en casi mil millones de dólares de  pérdidas al año, y puede ser peor si el cambio climático empeora la contaminación por aflatoxinas en el cinturón maicero estadounidense.

Así que, en el plano del consumidor, es más un problema de salud pública en los países menos industrializados, como los africanos donde se dan las condiciones, y los agricultores no se pueden dar el lujo de tirar cultivos por mil millones de dólares. De hecho, la aflatoxina aún es una amenaza para la salud pública en África, la China rural y el sudeste asiático, y afecta a más de la mitad del mundo, lo que explica por qué la prevalencia del cáncer de hígado en esas zonas puede ser 30 veces mayor, pero no es importante aquí o en Europa.

El 1 por ciento de los estadounidenses tiene niveles detectables de aflatoxinas en la sangre. ¿Por qué incluso el 1 por ciento? Bueno, la FDA trabaja para asegurar que los niveles de exposición a estas toxinas no se mantengan lo más bajo posible, sino, en cambio, lo más bajo para que sea práctico. Por ejemplo, en California aumentaron los niveles inaceptables de aflatoxinas en pistachos, almendras e higos. Inaceptable en Europa, o sea, que afecta nuestra capacidad de exportación, pero no inaceptable para los consumidores estadounidenses, ya que permitimos el doble de contaminación por aflatoxinas.

Los higos son únicos, ya que se pueden secar en el árbol. Esto los hace vulnerables a la producción de aflatoxinas. Sería interesante saber sobre los hábitos de consumo de higos del 1 por ciento de los estadounidenses positivos para la toxina. Si los higos fueran los culpables, incentivaría a la gente a diversificar el consumo de frutos secos, pero son tan buenos para nosotros que en realidad tienen que ser parte de nuestras dietas. Los beneficios cardiovasculares superan los efectos carcinógenos, previenen miles de acv y ataques cardíacos por cada caso de cáncer de hígado. “Los beneficios para la salud de la población que brinda aumentar el consumo de nueces superan los riesgos de aumentar la exposición a la aflatoxina B1”.

Entonces, la aflatoxina es en su mayoría un problema del mundo en desarrollo, y por eso, sigue siendo, en gran medida, una cuestión de salud global, y más bien ignorada. Donde se puso el foco, se vio que es impulsada en gran medida por tener que cumplir estrictas normas de importación en las naciones más ricas del mundo en vez de proteger a las miles de millones de personas expuestas a diario.

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Video producción Glass Entertainment

Gráficos Avo Media

Nota del Doctor

Este es el último video de una serie de cuatro videos sobre las toxinas mohosas. Si te perdiste los otros, mira:

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