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Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades llevaron a cabo un estudio durante seis años en el cual descubrieron tres hábitos que ejercían un impacto enorme en la longevidad: no fumar, consumir una dieta más saludable y hacer ejercicio moderado al menos 21 minutos al día. Las personas que habían adoptado esos tres hábitos, redujeron sus posibilidades de morir en un 82 %.

Un estudio similar midió la cantidad de vitamina C en sangre que tenían los sujetos, ya que el nivel de vitamina C se consideró un buen biomarcador de la ingesta de alimentos vegetales y, por lo tanto, se usó como un indicador de una dieta saludable. El riesgo de mortalidad entre las personas con hábitos más saludables se redujo tanto, que lo equipararon a ser 14 años más joven.

La teoría del envejecimiento mitocondrial  sugiere que el daño causado por los radicales libres a la fuente de energía de nuestras células (mitocondrias) lleva, con el tiempo, a un estado de baja disponibilidad energética y función celular. Según la teoría, el daño celular resultante es lo que causa el envejecimiento. Siempre se ha pensado en el envejecimiento y la enfermedad como el resultado de la oxidación del cuerpo, y comer alimentos ricos en antioxidantes podría ralentizar este proceso. En promedio, los alimentos vegetales pueden llegar a contener 64 veces más antioxidantes que los alimentos de origen animal. Si incluimos una gran variedad de frutas, verduras, hierbas y especias en cada comida, estaremos llenando nuestro cuerpo constantemente de antioxidantes que ayudarán a prevenir una apoplejía y otras enfermedades relacionadas con la edad, y que, al final, favorecerán nuestra longevidad.

El consumo de frutas y verduras, y el hecho de no fumar, también se ha asociado con telómeros más largos, que se encuentran en el extremo de los cromosomas y protegen al ADN de sufrir daños. Cada vez que nuestras células se dividen, los telómeros se acortan un poquito. De hecho, pueden empezar a acortarse tan pronto como nacemos, y cuando desaparecen, también lo hacemos nosotros. Un factor que puede afectar la rapidez con la que se acortan es nuestra alimentación: el consumo de cereales refinados, refrescos, carne y lácteos se ha relacionado con telómeros más cortos, mientras que la ingesta de frutas, verduras y otros alimentos vegetales ricos en antioxidantes se ha asociado con telómeros más largos.

Créditos de la imagen: Harli Marten / Unsplash. La imagen ha sido modificada.

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