Flashback Friday: Controversia sobre la prohibición de las grasas trans

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La industria alimentaria luchó a capa y espada para continuar su uso de aceites parcialmente hidrogenados, a pesar de que estaban matando a 50 000 estadounidenses al año.

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A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba.

En 1993, el Harvard Nurses’ Health Study (Estudio de Salud de Enfermeras de Harvard) descubrió que un consumo elevado de grasas trans puede aumentar el riesgo de cardiopatías en un 50 por ciento. Fue entonces que, en Dinamarca, se inició la historia de las grasas trans, que llegó a su fin una década más tarde, en 2003, cuando se prohibieron las grasas trans agregadas. Pasaron otros diez años antes de que Estados Unidos siquiera empezara a considerar la posibilidad de una prohibición. Mientras tanto, las grasas trans mataban a decenas de miles de estadounidenses todos los años. Si moría tanta gente, ¿por qué llevó tanto tiempo que Estados Unidos sugiriera tomar medidas?

Podemos estudiar la lucha por la prohibición de grasas trans en la ciudad de Nueva York como si fuera un microcosmos del debate nacional. Como era de esperar, la industria alimentaria se opuso: se quejaron de la “intromisión del gobierno” y “compararon a la ciudad con un ‘Estado paternalista’”. “Las prohibiciones de grasas trans… ¿son el camino hacia el fascismo alimentario?”.

Una prohibición de grasas trans hubiera podido salvar 50 000 vidas por año en Estados Unidos, y eso le habría ahorrado al país decenas de miles de millones de dólares en gastos de atención a la salud, pero ¡no tan rápido! Si la gente que come grasas trans muere joven, imagínate todo lo que podríamos ahorrar en Medicare y Seguridad Social. De hecho, “los fumadores le cuestan a la sociedad menos que los no fumadores, porque los fumadores mueren más jóvenes”. Entonces bien, “deberíamos tener cuidado con hacer afirmaciones sobre lo que podríamos ahorrar con las prohibiciones de grasas trans (…), se necesita más investigación sobre los efectos de estas políticas, incluidos los efectos en la industria alimentaria”. Es verdad, podríamos salvar 50 000 vidas por año, pero no podemos olvidar ¡“los efectos sobre la industria alimentaria”!

¿Por qué no “informar y rotular los productos” en lugar de adoptar “la medida extrema de prohibir las grasas trans”? Un cardiólogo danés “lo explica con claridad: ‘en lugar de advertir a los consumidores sobre las grasas trans y decirles qué son, [los daneses] simplemente las eliminamos’”. ¡Pero nosotros no somos daneses! “Como se dice en Norteamérica: ‘Puedes poner veneno en los alimentos si lo rotulas correctamente’”.

Las personas que se informan y que son conscientes de los riesgos deberían poder comer lo que quisieran, pero eso infiere que han tenido acceso a todos los hechos, y no siempre es así debido a “la manipulación y el engaño de los productores de alimentos y los comerciantes”. Y, como era de esperar, los alimentos menos saludables son los que generalmente se publicitan con marketing engañoso. No es solo que las empresas de comida chatarra sean malvadas o nos quieran enfermar. “La razón es simple y tiene que ver con la economía”: los alimentos procesados “dejan un mayor margen de ganancias y, al contrario que las frutas y verduras frescas, tienen una vida útil estable”. Algunas personas argumentan que el “modelo de fraude sistémico” de la industria alimentaria “justifica un nivel mínimo de intervención gubernamental”.

Pero, ¿es un camino sin retorno? “Hoy son las grasas trans; mañana, las sachichas”. Pero, ¿qué pasaría si fuera al revés, es decir, si el gobierno nos hiciera comer brócoli? De hecho, este argumento se trajo a colación en la Corte Suprema durante el caso sobre Obamacare. Como dijo el presidente de la Corte Suprema, el Congreso podría empezar a obligar a todos a que compren verduras, una inquietud que la jueza Ginsburg calificó como “la aberración del brócoli”. En teoría, el Congreso podría obligar a la población a tener una dieta basada en plantas; sin embargo, nadie puede decir que la “posibilidad irreal e hipotética (…) de un Estado vegetariano” es un argumento creíble. Un especialista en materia jurídica dijo: “Los jueces y los abogados habitan en las pendientes resbaladizas de las analogías; no deberían deslizarse hasta lo más bajo”.

En todo caso, ¿qué pasa con la pendiente resbaladiza de la inacción? “En el caso del tabaco, en un principio, el gobierno actuó de acuerdo con los intereses comerciales e implementó medidas débiles e ineficaces para informar” al público y así tratar de contrarrestar las mentiras de la industria del tabaco. ¿Recuerdas qué sucedió? “Hubo millones de muertes innecesarias. Estados Unidos no se puede permitir repetir ese error con la dieta”.

La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Rosana Battagliotti.

Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

Imagen: Phlebotomy Tech. La imagen ha sido modificada.

A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba.

En 1993, el Harvard Nurses’ Health Study (Estudio de Salud de Enfermeras de Harvard) descubrió que un consumo elevado de grasas trans puede aumentar el riesgo de cardiopatías en un 50 por ciento. Fue entonces que, en Dinamarca, se inició la historia de las grasas trans, que llegó a su fin una década más tarde, en 2003, cuando se prohibieron las grasas trans agregadas. Pasaron otros diez años antes de que Estados Unidos siquiera empezara a considerar la posibilidad de una prohibición. Mientras tanto, las grasas trans mataban a decenas de miles de estadounidenses todos los años. Si moría tanta gente, ¿por qué llevó tanto tiempo que Estados Unidos sugiriera tomar medidas?

Podemos estudiar la lucha por la prohibición de grasas trans en la ciudad de Nueva York como si fuera un microcosmos del debate nacional. Como era de esperar, la industria alimentaria se opuso: se quejaron de la “intromisión del gobierno” y “compararon a la ciudad con un ‘Estado paternalista’”. “Las prohibiciones de grasas trans… ¿son el camino hacia el fascismo alimentario?”.

Una prohibición de grasas trans hubiera podido salvar 50 000 vidas por año en Estados Unidos, y eso le habría ahorrado al país decenas de miles de millones de dólares en gastos de atención a la salud, pero ¡no tan rápido! Si la gente que come grasas trans muere joven, imagínate todo lo que podríamos ahorrar en Medicare y Seguridad Social. De hecho, “los fumadores le cuestan a la sociedad menos que los no fumadores, porque los fumadores mueren más jóvenes”. Entonces bien, “deberíamos tener cuidado con hacer afirmaciones sobre lo que podríamos ahorrar con las prohibiciones de grasas trans (…), se necesita más investigación sobre los efectos de estas políticas, incluidos los efectos en la industria alimentaria”. Es verdad, podríamos salvar 50 000 vidas por año, pero no podemos olvidar ¡“los efectos sobre la industria alimentaria”!

¿Por qué no “informar y rotular los productos” en lugar de adoptar “la medida extrema de prohibir las grasas trans”? Un cardiólogo danés “lo explica con claridad: ‘en lugar de advertir a los consumidores sobre las grasas trans y decirles qué son, [los daneses] simplemente las eliminamos’”. ¡Pero nosotros no somos daneses! “Como se dice en Norteamérica: ‘Puedes poner veneno en los alimentos si lo rotulas correctamente’”.

Las personas que se informan y que son conscientes de los riesgos deberían poder comer lo que quisieran, pero eso infiere que han tenido acceso a todos los hechos, y no siempre es así debido a “la manipulación y el engaño de los productores de alimentos y los comerciantes”. Y, como era de esperar, los alimentos menos saludables son los que generalmente se publicitan con marketing engañoso. No es solo que las empresas de comida chatarra sean malvadas o nos quieran enfermar. “La razón es simple y tiene que ver con la economía”: los alimentos procesados “dejan un mayor margen de ganancias y, al contrario que las frutas y verduras frescas, tienen una vida útil estable”. Algunas personas argumentan que el “modelo de fraude sistémico” de la industria alimentaria “justifica un nivel mínimo de intervención gubernamental”.

Pero, ¿es un camino sin retorno? “Hoy son las grasas trans; mañana, las sachichas”. Pero, ¿qué pasaría si fuera al revés, es decir, si el gobierno nos hiciera comer brócoli? De hecho, este argumento se trajo a colación en la Corte Suprema durante el caso sobre Obamacare. Como dijo el presidente de la Corte Suprema, el Congreso podría empezar a obligar a todos a que compren verduras, una inquietud que la jueza Ginsburg calificó como “la aberración del brócoli”. En teoría, el Congreso podría obligar a la población a tener una dieta basada en plantas; sin embargo, nadie puede decir que la “posibilidad irreal e hipotética (…) de un Estado vegetariano” es un argumento creíble. Un especialista en materia jurídica dijo: “Los jueces y los abogados habitan en las pendientes resbaladizas de las analogías; no deberían deslizarse hasta lo más bajo”.

En todo caso, ¿qué pasa con la pendiente resbaladiza de la inacción? “En el caso del tabaco, en un principio, el gobierno actuó de acuerdo con los intereses comerciales e implementó medidas débiles e ineficaces para informar” al público y así tratar de contrarrestar las mentiras de la industria del tabaco. ¿Recuerdas qué sucedió? “Hubo millones de muertes innecesarias. Estados Unidos no se puede permitir repetir ese error con la dieta”.

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