La industria alimentaria quiere que el público esté confundido sobre la nutrición

La industria alimentaria quiere que el público esté confundido sobre la nutrición
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El ejemplo de la “doctrina de la imparcialidad” demuestra hasta qué punto llegarán los proveedores de productos insalubres para mantener oculta la verdad del público estadounidense.

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A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba.

Hace unos cinco años, Dinamarca introdujo el primer impuesto del mundo a la grasa saturada. Sin embargo, después de solo 15 meses, este impuesto fue abolido, debido a la inmensa presión de las compañías agropecuarias y los intereses de las compañías alimentarias. Los defensores de la salud pública son débiles cuando se trata de abordar problemas de poder corporativo. Una estrategia utilizada frecuentemente con el alcohol, el tabaco y hoy en día relacionada con los intereses corporativos alimentarios ‘‘es alejar el enfoque del lado de la salud. Esto implica reformular un impuesto a la grasa o a los refrescos como cuestión de derechos del consumidor y un debate sobre el rol del estado [paternalista] en restringir las decisiones de la gente’’.

‘‘El ‘estado paternalista’ es [comúnmente usado como un término peyorativo] para desalentar a los gobiernos a introducir legislación o reglamentación que pudiera quebrantar el poder o las acciones de la industria o de los individuos’’ y ha sido utilizado regularmente para mermar los esfuerzos de salud pública. Pero quienes se quejan de la manipulación gubernamental de las opciones de las personas tienden a estar hipócritamente de acuerdo con que las corporaciones hagan lo mismo. Se podría argumentar que la salud pública está siendo socavada por ‘‘la industria paternalista’’ que ‘‘utiliza el miedo a la regulación gubernamental para mantener su propio dominio’’ y beneficios a un costo significativo para la salud pública.

La industria del tabaco brinda un ejemplo clásico, al promover la responsabilidad personal, lo cual tiene un cierto atractivo filosófico. Mira, siempre y cuando las personas entiendan los riesgos, deberían ser libres para hacer lo que quieran con sus cuerpos. Ahora, hay quienes argumentan que la toma de riesgos afecta a otros, pero ¿si tienes el derecho de poner tu propia vida en riesgo, no deberías también tener el derecho de lastimar a tus padres, de convertir a tu esposa en viuda y a tus hijos en huérfanos? Luego está el argumento del costo social. Las malas decisiones de la gente pueden costarle a la sociedad en general, cuyos impuestos pueden tener que cuidar de ellos. ‘‘El independiente, individualista [motociclista], que maneja sin casco y es libre a camino abierto, se convierte en el más dependiente de los individuos en la sala de lesiones de columna vertebral’’.

Pero en aras del argumento, olvidemos estos efectos secundarios, las llamadas externalidades. Si alguien entiende los peligros, ¿no debería ser capaz de hacer lo que quiera?  Bueno, en primer lugar esto supone que la gente ‘‘pueda tener acceso a información precisa y equilibrada relevante a sus decisiones’’, pero ‘‘la interferencia deliberada de la industria a menudo ha creado situaciones en las que los consumidores solo tienen acceso a información incompleta e inexacta’’. ‘‘Por décadas, las compañías tabacaleras, exitosamente, suprimieron o debilitaron la evidencia científica sobre los peligros de fumar y minimizaron las preocupaciones de salud pública’’. No te preocupes mi pequeño, dijeron las compañías paternalistas. Décadas de engaño y manipulación, deliberadamente dirigidas a los niños, comercializando y vendiendo sus productos letales con entusiasmo y sin consideración por la tragedia humana.

Así, ‘‘la estrategia deliberada de la industria tabacalera de cuestionar la evidencia científica disminuye la capacidad de los fumadores para entender el daño que causa el fumar’’ y así quebranta todo el concepto de que fumar es una elección con pleno conocimiento de causa. ‘‘Las compañías de tabaco le han negado a los fumadores información veraz’’ y al mismo tiempo responsabilizan a los fumadores ‘‘por adquirir enfermedades que harán que la mitad de ellos mueran prematuramente’’. Así, ‘‘en este tipo de contextos, la intervención del gobierno puede ser vital para proteger a los consumidores de las industrias depredadoras’’. ¿Y es la industria alimentaria diferente? ‘‘El público es bombardeado con información y es difícil saber qué es verdad, qué es falso  y qué es simplemente exageración. Los alimentos se venden sin claridad sobre su contenido nutricional o sus efectos nocivos’’. ¿Recuerdas cómo la industria alimentaria gastó mil millones de dólares asegurándose de que el sistema de etiquetado con código de colores nunca viera la luz del día y fuera reemplazado por esto indescifrable? Eso es diez veces más de lo que la industria farmacéutica gasta en cabildeo en los Estados Unidos. Es en el mejor interés de la industria alimentaria mantener al público confundido sobre la nutrición.

Qué tan confundidos estamos sobre la nutrición? Los profesores de programas de edad temprana son responsables de brindar educación sobre nutrición a más de un millón de niños de bajos recursos cada año. Ciento ochenta y un profesores fueron evaluados y solo cuatro de 181 respondieron al menos cuatro de las cinco preguntas sobre nutrición correctamente. La mayoría por ejemplo, no pudo responder correctamente a la pregunta: ‘‘¿qué tiene más calorías: la proteína, el carbohidrato o la grasa?’’ Ninguno pudo responder a todas las cinco preguntas correctamente. Mientras valoraron la educación en nutrición, el 54% estuvo de acuerdo en que era difícil saber cuál información sobre nutrición creer y la industria alimentaria quiere que eso continúe. Un cuarto de los profesores no consumió ninguna fruta o verduras el día anterior, aunque la mitad sí comió patatas fritas y refresco y un cuarto consumió carne frita el día anterior. No sorprende que el 55% de los profesores tuviera no solo sobrepeso sino que fuera obeso.

Así que aunque los profesores estén confundidos, se debe hacer algo. Ningún proveedor de productos insalubres quiere que el público sepa la verdad. ‘‘Un ejemplo increíble se origina en la ‘doctrina de la imparcialidad’ de los Estados Unidos y en la experiencia de la publicidad del tabaco de los años sesenta. Antes de prohibir la publicidad sobre el tabaco en la televisión…, una sentencia de la corte en 1967 exigió que las compañías tabacaleras patrocinaran una publicidad sanitaria sobre fumar por cada cuatro anuncios publicitarios que transmitieran por televisión’’. ‘‘En lugar de enfrentar esta publicidad correctiva, la industria tabacalera retiró su propia publicidad de la televisión’’. Sabían que no podían competir con la verdad. La sola ‘‘amenaza de publicidad correctiva, aún en una relación de uno a cuatro, fue suficiente para hacer que las compañías tabacaleras retiraran su propia publicidad’’. Necesitan mantener al público ignorante.

La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Lola Jimenez y Viviana Garcia.

Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

Crédito de la imagen: Ed Schipul a través de Flickr. La imagen ha sido modificada.

A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba.

Hace unos cinco años, Dinamarca introdujo el primer impuesto del mundo a la grasa saturada. Sin embargo, después de solo 15 meses, este impuesto fue abolido, debido a la inmensa presión de las compañías agropecuarias y los intereses de las compañías alimentarias. Los defensores de la salud pública son débiles cuando se trata de abordar problemas de poder corporativo. Una estrategia utilizada frecuentemente con el alcohol, el tabaco y hoy en día relacionada con los intereses corporativos alimentarios ‘‘es alejar el enfoque del lado de la salud. Esto implica reformular un impuesto a la grasa o a los refrescos como cuestión de derechos del consumidor y un debate sobre el rol del estado [paternalista] en restringir las decisiones de la gente’’.

‘‘El ‘estado paternalista’ es [comúnmente usado como un término peyorativo] para desalentar a los gobiernos a introducir legislación o reglamentación que pudiera quebrantar el poder o las acciones de la industria o de los individuos’’ y ha sido utilizado regularmente para mermar los esfuerzos de salud pública. Pero quienes se quejan de la manipulación gubernamental de las opciones de las personas tienden a estar hipócritamente de acuerdo con que las corporaciones hagan lo mismo. Se podría argumentar que la salud pública está siendo socavada por ‘‘la industria paternalista’’ que ‘‘utiliza el miedo a la regulación gubernamental para mantener su propio dominio’’ y beneficios a un costo significativo para la salud pública.

La industria del tabaco brinda un ejemplo clásico, al promover la responsabilidad personal, lo cual tiene un cierto atractivo filosófico. Mira, siempre y cuando las personas entiendan los riesgos, deberían ser libres para hacer lo que quieran con sus cuerpos. Ahora, hay quienes argumentan que la toma de riesgos afecta a otros, pero ¿si tienes el derecho de poner tu propia vida en riesgo, no deberías también tener el derecho de lastimar a tus padres, de convertir a tu esposa en viuda y a tus hijos en huérfanos? Luego está el argumento del costo social. Las malas decisiones de la gente pueden costarle a la sociedad en general, cuyos impuestos pueden tener que cuidar de ellos. ‘‘El independiente, individualista [motociclista], que maneja sin casco y es libre a camino abierto, se convierte en el más dependiente de los individuos en la sala de lesiones de columna vertebral’’.

Pero en aras del argumento, olvidemos estos efectos secundarios, las llamadas externalidades. Si alguien entiende los peligros, ¿no debería ser capaz de hacer lo que quiera?  Bueno, en primer lugar esto supone que la gente ‘‘pueda tener acceso a información precisa y equilibrada relevante a sus decisiones’’, pero ‘‘la interferencia deliberada de la industria a menudo ha creado situaciones en las que los consumidores solo tienen acceso a información incompleta e inexacta’’. ‘‘Por décadas, las compañías tabacaleras, exitosamente, suprimieron o debilitaron la evidencia científica sobre los peligros de fumar y minimizaron las preocupaciones de salud pública’’. No te preocupes mi pequeño, dijeron las compañías paternalistas. Décadas de engaño y manipulación, deliberadamente dirigidas a los niños, comercializando y vendiendo sus productos letales con entusiasmo y sin consideración por la tragedia humana.

Así, ‘‘la estrategia deliberada de la industria tabacalera de cuestionar la evidencia científica disminuye la capacidad de los fumadores para entender el daño que causa el fumar’’ y así quebranta todo el concepto de que fumar es una elección con pleno conocimiento de causa. ‘‘Las compañías de tabaco le han negado a los fumadores información veraz’’ y al mismo tiempo responsabilizan a los fumadores ‘‘por adquirir enfermedades que harán que la mitad de ellos mueran prematuramente’’. Así, ‘‘en este tipo de contextos, la intervención del gobierno puede ser vital para proteger a los consumidores de las industrias depredadoras’’. ¿Y es la industria alimentaria diferente? ‘‘El público es bombardeado con información y es difícil saber qué es verdad, qué es falso  y qué es simplemente exageración. Los alimentos se venden sin claridad sobre su contenido nutricional o sus efectos nocivos’’. ¿Recuerdas cómo la industria alimentaria gastó mil millones de dólares asegurándose de que el sistema de etiquetado con código de colores nunca viera la luz del día y fuera reemplazado por esto indescifrable? Eso es diez veces más de lo que la industria farmacéutica gasta en cabildeo en los Estados Unidos. Es en el mejor interés de la industria alimentaria mantener al público confundido sobre la nutrición.

Qué tan confundidos estamos sobre la nutrición? Los profesores de programas de edad temprana son responsables de brindar educación sobre nutrición a más de un millón de niños de bajos recursos cada año. Ciento ochenta y un profesores fueron evaluados y solo cuatro de 181 respondieron al menos cuatro de las cinco preguntas sobre nutrición correctamente. La mayoría por ejemplo, no pudo responder correctamente a la pregunta: ‘‘¿qué tiene más calorías: la proteína, el carbohidrato o la grasa?’’ Ninguno pudo responder a todas las cinco preguntas correctamente. Mientras valoraron la educación en nutrición, el 54% estuvo de acuerdo en que era difícil saber cuál información sobre nutrición creer y la industria alimentaria quiere que eso continúe. Un cuarto de los profesores no consumió ninguna fruta o verduras el día anterior, aunque la mitad sí comió patatas fritas y refresco y un cuarto consumió carne frita el día anterior. No sorprende que el 55% de los profesores tuviera no solo sobrepeso sino que fuera obeso.

Así que aunque los profesores estén confundidos, se debe hacer algo. Ningún proveedor de productos insalubres quiere que el público sepa la verdad. ‘‘Un ejemplo increíble se origina en la ‘doctrina de la imparcialidad’ de los Estados Unidos y en la experiencia de la publicidad del tabaco de los años sesenta. Antes de prohibir la publicidad sobre el tabaco en la televisión…, una sentencia de la corte en 1967 exigió que las compañías tabacaleras patrocinaran una publicidad sanitaria sobre fumar por cada cuatro anuncios publicitarios que transmitieran por televisión’’. ‘‘En lugar de enfrentar esta publicidad correctiva, la industria tabacalera retiró su propia publicidad de la televisión’’. Sabían que no podían competir con la verdad. La sola ‘‘amenaza de publicidad correctiva, aún en una relación de uno a cuatro, fue suficiente para hacer que las compañías tabacaleras retiraran su propia publicidad’’. Necesitan mantener al público ignorante.

La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Lola Jimenez y Viviana Garcia.

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Crédito de la imagen: Ed Schipul a través de Flickr. La imagen ha sido modificada.

Nota del Doctor

La historia de la grasa saturada es un ejemplo excelente de esto, sobre lo cual acabo de hacer dos vídeos: La controversia sobre la prohibición de la grasa saturada y Prohibir las grasas trans pero no la grasa de origen animal en los alimentos procesados

¿No es increíble el ejemplo de la doctrina de la imparcialidad? Esto demuestra qué tan poderosa puede ser la verdad. Si quieres apoyar mis esfuerzos para propagar la nutrición basada en la evidencia puedes donar a nuestra organización benéfica sin ánimo de lucro 501c3 aquí y apoyar a Balanced, una organización aliada que NutritionFacts.org ayudó a lanzar para poner en práctica esta evidencia.

Más paralelos con la industria del tabaco se pueden encontrar en La industria alimentaria usa las tácticas de la industria tabacalera, La complicidad de la American Medical Association (Asociación Médica Estadounidense) con la industria del tabaco y Por qué fumar en 1956 es como comer en 2016

¿Quieres saber más sobre la idea del impuesto a las grasas saturadas? Ve: ¿Gravar los alimentos insalubres mejoraría la salud pública?

Si no lo has hecho aún, puedes suscribirte a mis videos de forma gratuita haciendo click aquí.

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