Los efectos de la obesidad en el sistema inmune, la nefropatía y la hepatopatía

Los efectos de la obesidad en el sistema inmune, la nefropatía y la hepatopatía
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¿Cuáles son los efectos de la pérdida de peso en la actividad de los linfocitos citolíticos naturales (nuestra primera línea de defensa contra el cáncer), en la función renal y en la esteatosis hepática?

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A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Lydia Oliva voluntaria activa en NutritionFacts.org.

En el ABC de las consecuencias de la obesidad la I le corresponde a Inmunidad.

En el ensayo clínico SOS se estuvo haciendo seguimiento a pacientes con cirugía bariátrica. Comparados con un grupo que mantuvo su peso, ellos, que perdieron un 20 % de su peso a través de cirugía no solo vivieron más años, en parte por reducir la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, sino que desarrollaron menos cáncer. Parece ser que la inmunidad antitumoral se ve afectada por el peso. Las células NK son la primera línea de defensa del sistema inmunológico y destruyen las células cancerosas (y otras infecciones virales). Sin embargo, su función se ve afectada por la obesidad. Personas con obesidad en un programa de pérdida de peso mostraron una reactivación de esta función de las NK en solo tres meses. El programa incluía una parte de ejercicio físico, así que es difícil medir el impacto de solo la pérdida de peso ya que la actividad física puede aumentar la actividad de las NK.

En el otro extremo del espectro inmunológico se sospecha que la obesidad es un factor de riesgo para la esclerosis múltiple, enfermedad autoinmune. Parece que la obesidad aúna lo peor de ambos mundos en cuanto a la función inmunológica. Baja actividad en la protección contra el cáncer e infecciones pero exceso de actividad en el caso de enfermedades inflamatorias autoinmunes.

I es también por ictericia. Debido a la epidemia de obesidad la hepatitis grasa no alcohólica es el trastorno hepático más común en el mundo industrializado. La grasa no se acumula solo en abdomen y muslos sino que también se deposita en algunos de los órganos internos. Más del 80 % de las personas con obesidad abdominal pueden desarrollar infiltración de grasa en el hígado y, en aquellos con obesidad grave, el porcentaje aumenta a un 90 %. Esto puede acarrear inflamación, formación de cicatrices e incluso cirrosis y cáncer de hígado. Actualmente, la hepatitis grasa no alcohólica es la causa principal de trasplantes de hígado en mujeres estadounidenses y se espera que los hombres alcancen esta cifra en 2020.

R de Riñones. La obesidad es también uno de los mayores factores de riesgo en enfermedades renales crónicas. Los riñones compensan las demandas metabólicas del exceso de peso con la “hiperfiltración” para poder hacer frente a la carga de trabajo adicional. Este aumento de presión en los riñones puede dañarlos y aumentar el riesgo de fallo renal a largo plazo.

¿Y qué pasa con el resto del abecedario? Podríamos seguir nombrando otras letras… la P podría ser función pulmonar disminuida, la M de síndrome metabólico… Hay incluso X de xifodinia, un dolor en la punta inferior del esternón por la inclinación hacia delante que produce un abdomen en crecimiento.

Dada la gran cantidad de enfermedades por exceso de peso, el gasto médico anual en obesidad es de casi 2.000 dólares al año y los trabajadores con diferentes afecciones de obesidad cuestan a las empresas hasta 10.000 dólares más en seguros que sus compañeros sin sobrepeso. Esto puede explicar parte de la brecha salarial que experimentan los empleados con obesidad ya que las empresas intentan compensarlo con discriminación. Entre la menor productividad por días de trabajo perdidos y los gastos en sanidad, se estima que el coste total en obesidad en niños y adolescentes supera los 150.000 dólares.

Algunas estimaciones fijan el coste nacional en obesidad en unos 150.000 millones de dólares junto con otros 50.000 millones al año de aquí al 2030, conforme la generación del “baby boom” sigue envejeciendo. Otros están en total desacuerdo, ya que se basan en el hecho de que las personas con obesidad no viven tanto tiempo. Al igual que los gastos en enfermedades por el tabaco pueden verse compensados porque los fumadores viven menos, los gastos en sanidad de por vida por obesidad pueden resultar menores porque se espera que los enfermos de obesidad mueran antes. Al final el coste real puede ser mayor en vidas que en dólares. ¿Hasta qué punto acorta la vida el sobrepeso? A continuación indagaremos en esa pregunta.

Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

Video producción de Glass Entertainment

Gráficos de Avocado Video

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En el ABC de las consecuencias de la obesidad la I le corresponde a Inmunidad.

En el ensayo clínico SOS se estuvo haciendo seguimiento a pacientes con cirugía bariátrica. Comparados con un grupo que mantuvo su peso, ellos, que perdieron un 20 % de su peso a través de cirugía no solo vivieron más años, en parte por reducir la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, sino que desarrollaron menos cáncer. Parece ser que la inmunidad antitumoral se ve afectada por el peso. Las células NK son la primera línea de defensa del sistema inmunológico y destruyen las células cancerosas (y otras infecciones virales). Sin embargo, su función se ve afectada por la obesidad. Personas con obesidad en un programa de pérdida de peso mostraron una reactivación de esta función de las NK en solo tres meses. El programa incluía una parte de ejercicio físico, así que es difícil medir el impacto de solo la pérdida de peso ya que la actividad física puede aumentar la actividad de las NK.

En el otro extremo del espectro inmunológico se sospecha que la obesidad es un factor de riesgo para la esclerosis múltiple, enfermedad autoinmune. Parece que la obesidad aúna lo peor de ambos mundos en cuanto a la función inmunológica. Baja actividad en la protección contra el cáncer e infecciones pero exceso de actividad en el caso de enfermedades inflamatorias autoinmunes.

I es también por ictericia. Debido a la epidemia de obesidad la hepatitis grasa no alcohólica es el trastorno hepático más común en el mundo industrializado. La grasa no se acumula solo en abdomen y muslos sino que también se deposita en algunos de los órganos internos. Más del 80 % de las personas con obesidad abdominal pueden desarrollar infiltración de grasa en el hígado y, en aquellos con obesidad grave, el porcentaje aumenta a un 90 %. Esto puede acarrear inflamación, formación de cicatrices e incluso cirrosis y cáncer de hígado. Actualmente, la hepatitis grasa no alcohólica es la causa principal de trasplantes de hígado en mujeres estadounidenses y se espera que los hombres alcancen esta cifra en 2020.

R de Riñones. La obesidad es también uno de los mayores factores de riesgo en enfermedades renales crónicas. Los riñones compensan las demandas metabólicas del exceso de peso con la “hiperfiltración” para poder hacer frente a la carga de trabajo adicional. Este aumento de presión en los riñones puede dañarlos y aumentar el riesgo de fallo renal a largo plazo.

¿Y qué pasa con el resto del abecedario? Podríamos seguir nombrando otras letras… la P podría ser función pulmonar disminuida, la M de síndrome metabólico… Hay incluso X de xifodinia, un dolor en la punta inferior del esternón por la inclinación hacia delante que produce un abdomen en crecimiento.

Dada la gran cantidad de enfermedades por exceso de peso, el gasto médico anual en obesidad es de casi 2.000 dólares al año y los trabajadores con diferentes afecciones de obesidad cuestan a las empresas hasta 10.000 dólares más en seguros que sus compañeros sin sobrepeso. Esto puede explicar parte de la brecha salarial que experimentan los empleados con obesidad ya que las empresas intentan compensarlo con discriminación. Entre la menor productividad por días de trabajo perdidos y los gastos en sanidad, se estima que el coste total en obesidad en niños y adolescentes supera los 150.000 dólares.

Algunas estimaciones fijan el coste nacional en obesidad en unos 150.000 millones de dólares junto con otros 50.000 millones al año de aquí al 2030, conforme la generación del “baby boom” sigue envejeciendo. Otros están en total desacuerdo, ya que se basan en el hecho de que las personas con obesidad no viven tanto tiempo. Al igual que los gastos en enfermedades por el tabaco pueden verse compensados porque los fumadores viven menos, los gastos en sanidad de por vida por obesidad pueden resultar menores porque se espera que los enfermos de obesidad mueran antes. Al final el coste real puede ser mayor en vidas que en dólares. ¿Hasta qué punto acorta la vida el sobrepeso? A continuación indagaremos en esa pregunta.

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