Vitamina C intravenosa para pacientes de cáncer terminal

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Estudios realizados en la década de 1970 a pacientes con cáncer terminal mostraron un incremento extraordinario en su supervivencia al usar vitamina C, una sencilla y relativamente no-tóxica terapia.

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En 1975 se dio a conocer el sorprendente caso de un hombre de 42 años que padecía un linfoma no Hodgkin maligno, el cual experimentó una regresión del cáncer tras suministrarle grandes cantidades de vitamina C por vía intravenosa. Parecía curado, así que detuvieron el tratamiento con vitamina C y el cáncer regresó. Nuevamente comenzaron suministrándole vitamina C y aparentemente esto dio pie a una segunda remisión del cáncer. Es verdad que el cáncer puede experimentar retrocesos de manera espontánea—es raro, pero se han dado casos. Por lo tanto, uno podría argumentar que la primera remisión fue espontánea y que simplemente coincidió con el momento en que empezaron a suministrarle la vitamina C, pero dada la trayectoria en la que se encontraba el cáncer, seguido de su rápida remisión, luego seguido por su recaída cuando se detuvo el tratamiento de vitamina C, para dar lugar a la segunda remisión, sugiere que la vitamina C tuvo algo que ver con todo esto. 

Sabemos que se han dado casos de múltiples regresiones espontáneas. Por ejemplo, recientemente hubo uno en el que una mujer con cáncer de cuello uterino al parecer se curó con radio y quimioterapia; pero cuando le volvió el cáncer, se negó a que la siguiesen tratando. Aun así, los tumores desaparecieron por sí solos, luego volvieron a aparecer y luego a desaparecer, después volvieron y luego desaparecieron, volvieron y luego desaparecieron durante una cuarta remisión espontánea y todo eso fue aparentemente sin ningún tipo de tratamiento. Así que es posible que el caso de la vitamina C simplemente fuese una extraña coincidencia y que la vitamina C no ayuda para nada. Pero esto no se sabe hasta que no se pone a prueba. 

Así que estos investigadores le pidieron ayuda a Linus Pauling, que es considerado uno de los grandes químicos del siglo XX, quien se sabía estaba interesado en la vitamina C. Si él no conseguía financiación para estudiar este tema, nadie podría conseguirlo y no pudo hacerlo. Fueron al Instituto Nacional del Cáncer con datos prometedores de los 40 primeros pacientes que habían sido tratados con vitamina C y les pidieron llevar a cabo pruebas aleatorias y con doble ciego, lo cual quiere decir que tomarían a un grupo de pacientes con cáncer sin cura a quienes no había nada más que ofrecerles, se les dividiría aleatoriamente en dos grupos y a uno se le suministraría la vitamina C y al otro algo salino, básicamente agua, para ver quién viviría durante más tiempo. Ni los pacientes ni los doctores podían saber quién es quién para así evitar parcialidades o efectos placebo. Y año tras año volvían para pedir financiamiento para ellos mismos hacer los estudios si el Instituto Nacional del Cáncer no lo iba a hacer, pero fueron rechazados año tras año. Así que a duras penas reunieron todo el financiamiento que pudieron e hicieron lo mejor que pudieron con lo que tenían y publicaron sus ya famosas conclusiones en 1976.

No hicieron un ensayo controlado, pero llegado ese punto, ya habían tratado a cien pacientes de cáncer terminal con vitamina C. Por cada paciente tratado con vitamina C, encontraron a diez pacientes de edades similares con el mismo tipo de cáncer que estaban siendo tratados en el mismo hospital, pero sin inyecciones de vitamina C. Y esto es lo que averiguaron. Por ejemplo, veamos el cáncer de mama. Aquí está la curva de supervivencia para el cáncer de mama terminal—no olvidemos que todos eran pacientes de cáncer terminal. Como se puede ver en 100 días en el grupo de control, más del 80% de las mujeres fallecieron, pero en el grupo de la vitamina C, la mitad seguían vivas casi un año más tarde. Había mujeres con cáncer de mama terminal vivas tras 2.270 días y siguen contando.

De manera predecible, a los grupos de control de todos los diferentes tipos de cáncer les fue peor, la mayoría de ellos fallecieron en los primeros cien o doscientos días, mientras que los pacientes tratados con vitamina C parecieron desempeñarse substancialmente mejor. Teniendo todo en cuenta, el tiempo promedio de supervivencia fue cuatro veces mayor para los pacientes tratados con vitamina C: más de 200 días en comparación a los 50 días para los grupos de control. Los resultados, concluyeron, indican claramente que este tipo de medicación sencilla y segura tiene un valor definitivo en el tratamiento de pacientes con cáncer avanzado. ¿Entonces qué pasó?

Comprensiblemente los detractores atacaron al estudio por sus controles realizados después de los hechos. Podemos ver cómo esto podía introducir prejuicios. Si consciente o inconscientemente escoges pacientes para el grupo control que estaban más enfermos que los pacientes en el grupo de tratamiento, éstos morirían antes que los otros pacientes, sin tener relación con tratamiento; los del grupo de control simplemente comenzaron en peor estado. Y así es, hay evidencia que esto es lo que pasó—un 20% del grupo control falleció unos días después de declararles terminales mientras que ninguno del grupo de tratamiento murió en ese período, lo cual parece muy sospechoso. Pero al final, la prueba logró convencer al Instituto Nacional del Cáncer para financiar ensayos controlados aleatorios llevados a cabo ni más ni menos por la prestigiosa Clínica Mayo. ¿Y qué averiguaron? Lo sabremos próximamente.

Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, vea el vídeo de más arriba.

La traducción de este contenido ha sido realizada por Pía Spry-Marqués. Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

Imágenes cedidas por Eric Malette a través de Flickr.

En 1975 se dio a conocer el sorprendente caso de un hombre de 42 años que padecía un linfoma no Hodgkin maligno, el cual experimentó una regresión del cáncer tras suministrarle grandes cantidades de vitamina C por vía intravenosa. Parecía curado, así que detuvieron el tratamiento con vitamina C y el cáncer regresó. Nuevamente comenzaron suministrándole vitamina C y aparentemente esto dio pie a una segunda remisión del cáncer. Es verdad que el cáncer puede experimentar retrocesos de manera espontánea—es raro, pero se han dado casos. Por lo tanto, uno podría argumentar que la primera remisión fue espontánea y que simplemente coincidió con el momento en que empezaron a suministrarle la vitamina C, pero dada la trayectoria en la que se encontraba el cáncer, seguido de su rápida remisión, luego seguido por su recaída cuando se detuvo el tratamiento de vitamina C, para dar lugar a la segunda remisión, sugiere que la vitamina C tuvo algo que ver con todo esto. 

Sabemos que se han dado casos de múltiples regresiones espontáneas. Por ejemplo, recientemente hubo uno en el que una mujer con cáncer de cuello uterino al parecer se curó con radio y quimioterapia; pero cuando le volvió el cáncer, se negó a que la siguiesen tratando. Aun así, los tumores desaparecieron por sí solos, luego volvieron a aparecer y luego a desaparecer, después volvieron y luego desaparecieron, volvieron y luego desaparecieron durante una cuarta remisión espontánea y todo eso fue aparentemente sin ningún tipo de tratamiento. Así que es posible que el caso de la vitamina C simplemente fuese una extraña coincidencia y que la vitamina C no ayuda para nada. Pero esto no se sabe hasta que no se pone a prueba. 

Así que estos investigadores le pidieron ayuda a Linus Pauling, que es considerado uno de los grandes químicos del siglo XX, quien se sabía estaba interesado en la vitamina C. Si él no conseguía financiación para estudiar este tema, nadie podría conseguirlo y no pudo hacerlo. Fueron al Instituto Nacional del Cáncer con datos prometedores de los 40 primeros pacientes que habían sido tratados con vitamina C y les pidieron llevar a cabo pruebas aleatorias y con doble ciego, lo cual quiere decir que tomarían a un grupo de pacientes con cáncer sin cura a quienes no había nada más que ofrecerles, se les dividiría aleatoriamente en dos grupos y a uno se le suministraría la vitamina C y al otro algo salino, básicamente agua, para ver quién viviría durante más tiempo. Ni los pacientes ni los doctores podían saber quién es quién para así evitar parcialidades o efectos placebo. Y año tras año volvían para pedir financiamiento para ellos mismos hacer los estudios si el Instituto Nacional del Cáncer no lo iba a hacer, pero fueron rechazados año tras año. Así que a duras penas reunieron todo el financiamiento que pudieron e hicieron lo mejor que pudieron con lo que tenían y publicaron sus ya famosas conclusiones en 1976.

No hicieron un ensayo controlado, pero llegado ese punto, ya habían tratado a cien pacientes de cáncer terminal con vitamina C. Por cada paciente tratado con vitamina C, encontraron a diez pacientes de edades similares con el mismo tipo de cáncer que estaban siendo tratados en el mismo hospital, pero sin inyecciones de vitamina C. Y esto es lo que averiguaron. Por ejemplo, veamos el cáncer de mama. Aquí está la curva de supervivencia para el cáncer de mama terminal—no olvidemos que todos eran pacientes de cáncer terminal. Como se puede ver en 100 días en el grupo de control, más del 80% de las mujeres fallecieron, pero en el grupo de la vitamina C, la mitad seguían vivas casi un año más tarde. Había mujeres con cáncer de mama terminal vivas tras 2.270 días y siguen contando.

De manera predecible, a los grupos de control de todos los diferentes tipos de cáncer les fue peor, la mayoría de ellos fallecieron en los primeros cien o doscientos días, mientras que los pacientes tratados con vitamina C parecieron desempeñarse substancialmente mejor. Teniendo todo en cuenta, el tiempo promedio de supervivencia fue cuatro veces mayor para los pacientes tratados con vitamina C: más de 200 días en comparación a los 50 días para los grupos de control. Los resultados, concluyeron, indican claramente que este tipo de medicación sencilla y segura tiene un valor definitivo en el tratamiento de pacientes con cáncer avanzado. ¿Entonces qué pasó?

Comprensiblemente los detractores atacaron al estudio por sus controles realizados después de los hechos. Podemos ver cómo esto podía introducir prejuicios. Si consciente o inconscientemente escoges pacientes para el grupo control que estaban más enfermos que los pacientes en el grupo de tratamiento, éstos morirían antes que los otros pacientes, sin tener relación con tratamiento; los del grupo de control simplemente comenzaron en peor estado. Y así es, hay evidencia que esto es lo que pasó—un 20% del grupo control falleció unos días después de declararles terminales mientras que ninguno del grupo de tratamiento murió en ese período, lo cual parece muy sospechoso. Pero al final, la prueba logró convencer al Instituto Nacional del Cáncer para financiar ensayos controlados aleatorios llevados a cabo ni más ni menos por la prestigiosa Clínica Mayo. ¿Y qué averiguaron? Lo sabremos próximamente.

Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, vea el vídeo de más arriba.

La traducción de este contenido ha sido realizada por Pía Spry-Marqués. Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

Imágenes cedidas por Eric Malette a través de Flickr.

Nota del Doctor

Este vídeo forma parte de mi serie sobre la vitamina C y el cáncer, la cual también incluye: Suplementos de vitamina C para pacientes terminales de cáncer y el papel de la vitamina C en el tratamiento del cáncer terminal.

Habrás notado que momentáneamente a veces me alejo de los temas estrictamente nutricionales (como por ejemplo lo hice con mi vídeo ¿los antidepresivos realmente funcionan?). No voy en busca de este tipo de temas, pero cuando me topo con ellos durante mi investigación nutricional, no puedo evitar el querer saber más. Me encantaría que hubiese otras páginas como esta que hiciesen resúmenes de la investigación que se lleva a cabo sobre estos temas tan importantes. De hecho, ¡deberían haber más de una docena sobre nutrición!

LifestyleFacts.org es un intento de cubrir otros temas de medicina del estilo de vida y sé que el Dr. Mark Faries está considerando hacer algo con ExerciseFacts.org. Para facilitar que este movimiento nos ofrezca recursos imparciales, basados en la ciencia y de forma gratuita, estaría encantado de compartir cómo se lleva a cabo NutritionFacts.org: en términos de cómo conseguir acceso a publicaciones, cómo crear vídeos y más. De hecho, si hay un interés generalizado podría incluso dar un seminario de un día o algo similar. 

Puedes encontrar más vídeos sobre la supervivencia del cáncer aquí:

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