El ayuno, el cáncer y la caquexia

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¿Qué descubrieron los ensayos aleatorizados y controlados sobre los efectos de la alimentación suplementaria para los resultados clínicos? ¿Es posible que los pacientes de cáncer en ayunas estén acelerando su deterioro?

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A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Marina Campi voluntaria activa en NutritionFacts.org.

En 1974, se publicó un influyente artículo en el que se denunciaba la “desnutrición inducida por el médico” como un escándalo hospitalario, el hecho de que muchos pacientes en los hospitales estaban malnutridos, lo que el consejo editorial de la revista de la AMA describió como impactante. Un solo caso ya es demasiado, y sin embargo, el problema persiste. Las personas con enfermedades graves parecen necesitar aún más nutrición, no menos.

Y sin embargo la subalimentación persiste, llegando a afectar al 50% de los pacientes hospitalizados. El principio ético de justicia exige que todos los pacientes reciban una alimentación suficiente, dado que la malnutrición hospitalaria se ha asociado a un mayor riesgo de enfermedad y muerte, pero ¿es causa y efecto? ¿Comer menos hace que te enfermes más, o estar más enfermo hace que se coma menos? No lo sabremos hasta ponerlo a prueba. Pero, ¿sería ético hacer que algunos pacientes sigan pasando hambre? ¿El apoyo nutricional no brinda una clara mejoría? Resulta que no. No uno, sino 22 ensayos controlados aleatorios en los que participaron miles de pacientes desnutridos, descubrieron que, efectivamente, se les puede rellenar; sin embargo, parece haber poco efecto en los resultados clínicos. De hecho, a veces puede empeorar las cosas. Tal vez, tu cuerpo esté perdiendo el apetito a propósito.

Desde Hipócrates, el ayuno se ha ofrecido como tratamiento para enfermedades agudas y crónicas, basándose en la observación de que cuando la gente se enferma suele perder el apetito; así que, ¿quizás eso sea parte de la sabiduría de nuestro cuerpo y no debamos forzarlo? Bien, pero eso fue hace 2.400 años. ¿Qué hemos aprendido desde entonces?

Junto con la fiebre, la disminución del consumo de alimentos es, de hecho, uno de los signos más comunes de infección, a menudo considerado como una manifestación indeseable de la enfermedad, pero en realidad es un mecanismo de defensa activo y beneficioso. Ahora bien, es evidente que la desnutrición crónica puede mermar nuestras defensas, pero los datos sugieren que, a corto plazo, la función inmunitaria puede mejorar si se reduce la ingesta de alimentos. Algunos de los datos son una locura, como el 95% de supervivencia frente al 95% de muertes después de la misma infección, pero eso fue en ratones (sin comida durante 48 horas). Obviamente, no podemos someter a las personas a una infección mortal, pero lo que demostraron es que la sangre de los ratones hambrientos era casi 8 veces mejor para eliminar las bacterias invasoras en una placa de Petri. La capacidad de sus glóbulos blancos para eliminar los patógenos aumentó de forma espectacular. ¿Por qué no podemos analizar a las personas así?

En efecto, sí podemos. Los investigadores hicieron ayunar a los sujetos durante dos semanas con una dieta de 80 calorías al día, y sus glóbulos blancos mostraron el mismo tipo de aumento en la capacidad de matar bacterias, un aumento en la producción de anticuerpos, y la actividad de las células asesinas naturales aumentó en un promedio del 24 por ciento. Esto es especialmente interesante porque nuestras células asesinas naturales no solo ayudan a eliminar las infecciones, sino que también matan las células cancerosas. De hecho, así es como midieron la actividad de las células asesinas naturales: enfrentándolas a las células K562, células tumorales, células de leucemia humana. Dos semanas de ayuno aumentaron la capacidad de sus flujos sanguíneos para eliminar las células cancerosas en un 24 por ciento.

Así, se dice que el ayuno mejora la inmunovigilancia anticáncer, o más poéticamente “estimula el apetito del sistema inmunitario por el cáncer”. Entonces, ¿por qué no se utiliza más el ayuno para tratar el cáncer? Hasta hace poco, la terapia de ayuno no se consideraba una opción de tratamiento en el cáncer, por el hecho de que un objetivo terapéutico común en el tratamiento paliativo del cáncer es evitar la pérdida de peso y contrarrestar el síndrome de desgaste conocido como caquexia, que es la causa última de muerte en muchos casos de cáncer.

Los tumores son voraces, se expanden rápidamente y necesitan mucha energía y proteínas, por lo que el cáncer reprograma metabólicamente el cuerpo para que empiece a descomponerse para alimentarlo. Lo hace desencadenando inflamación en todo el cuerpo. No es solo que la gente pierda el apetito. La diferencia fundamental entre la pérdida de peso observada en la caquexia por cáncer y la que se observa en la simple inanición es la falta de reversibilidad con la sola alimentación. Por ejemplo, aquí está el peso de un paciente con cáncer que empezó a bajar. No es de extrañar, ya que solo ingerían unos cientos de calorías al día. Así que, además de darles unos 100 gramos de proteína al día les metieron una sonda en vena y les infundieron hasta 4 000 calorías diarias. Pero no importaba. Siguieron perdiendo peso. Las intervenciones nutricionales terapéuticas para corregir o revertir la caquexia han tenido poco éxito. Por tanto, el mejor tratamiento para la caquexia por cáncer es tratar la causa y curar el cáncer. De hecho, tal vez forzar la nutrición extra en los pacientes con cáncer podría estar cayendo en la trampa del tumor. Al igual que en el embarazo, cuando el feto es el primero en recibir los nutrientes, incluso a costa de la madre, el tumor puede ser el primero en alimentarse. Puede que nuestra pérdida de apetito cuando padecemos cáncer sea incluso una respuesta protectora. Pero en la década de 1960 nació la NPT, la nutrición parenteral total, en la que las personas ya necesitan comer, sino que se les infunde toda la nutrición necesaria directamente en las venas, y así nació la era moderna del soporte nutricional.

Fue ampliamente aceptada e implementada, convirtiéndose en una industria multimillonaria. Entonces, ¿debería administrarse de forma rutinaria a los pacientes de cáncer malnutridos? La respuesta no es tan obvia como podría pensarse. Cuando se puso a prueba en docenas de ensayos aleatorios, los resultados fueron tan decepcionantes como sorprendentes. La nutrición parenteral no solo no proporcionó ningún beneficio a estos pacientes, sino que causó daños. No solo parecía no aportar ningún beneficio en cuanto a la supervivencia, sino que aumentaban las complicaciones y las infecciones, y disminuía la respuesta del tumor a la quimioterapia, presumiblemente debido a que todos esos nutrientes adicionales estimulaban el crecimiento del tumor.

Del mismo modo, las intervenciones nutricionales orales en pacientes desnutridos con cáncer, como darles botellas de Ensure, no encontraron ninguna ventaja de supervivencia. A pesar de la falta de beneficios demostrados, la reacción instintiva de muchos oncólogos ante la idea de que los pacientes con cáncer ayunen es la preocupación de que no estén comiendo lo suficiente. Pero no se sabe hasta que se pone a prueba, algo que exploraremos a continuación.

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A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Marina Campi voluntaria activa en NutritionFacts.org.

En 1974, se publicó un influyente artículo en el que se denunciaba la “desnutrición inducida por el médico” como un escándalo hospitalario, el hecho de que muchos pacientes en los hospitales estaban malnutridos, lo que el consejo editorial de la revista de la AMA describió como impactante. Un solo caso ya es demasiado, y sin embargo, el problema persiste. Las personas con enfermedades graves parecen necesitar aún más nutrición, no menos.

Y sin embargo la subalimentación persiste, llegando a afectar al 50% de los pacientes hospitalizados. El principio ético de justicia exige que todos los pacientes reciban una alimentación suficiente, dado que la malnutrición hospitalaria se ha asociado a un mayor riesgo de enfermedad y muerte, pero ¿es causa y efecto? ¿Comer menos hace que te enfermes más, o estar más enfermo hace que se coma menos? No lo sabremos hasta ponerlo a prueba. Pero, ¿sería ético hacer que algunos pacientes sigan pasando hambre? ¿El apoyo nutricional no brinda una clara mejoría? Resulta que no. No uno, sino 22 ensayos controlados aleatorios en los que participaron miles de pacientes desnutridos, descubrieron que, efectivamente, se les puede rellenar; sin embargo, parece haber poco efecto en los resultados clínicos. De hecho, a veces puede empeorar las cosas. Tal vez, tu cuerpo esté perdiendo el apetito a propósito.

Desde Hipócrates, el ayuno se ha ofrecido como tratamiento para enfermedades agudas y crónicas, basándose en la observación de que cuando la gente se enferma suele perder el apetito; así que, ¿quizás eso sea parte de la sabiduría de nuestro cuerpo y no debamos forzarlo? Bien, pero eso fue hace 2.400 años. ¿Qué hemos aprendido desde entonces?

Junto con la fiebre, la disminución del consumo de alimentos es, de hecho, uno de los signos más comunes de infección, a menudo considerado como una manifestación indeseable de la enfermedad, pero en realidad es un mecanismo de defensa activo y beneficioso. Ahora bien, es evidente que la desnutrición crónica puede mermar nuestras defensas, pero los datos sugieren que, a corto plazo, la función inmunitaria puede mejorar si se reduce la ingesta de alimentos. Algunos de los datos son una locura, como el 95% de supervivencia frente al 95% de muertes después de la misma infección, pero eso fue en ratones (sin comida durante 48 horas). Obviamente, no podemos someter a las personas a una infección mortal, pero lo que demostraron es que la sangre de los ratones hambrientos era casi 8 veces mejor para eliminar las bacterias invasoras en una placa de Petri. La capacidad de sus glóbulos blancos para eliminar los patógenos aumentó de forma espectacular. ¿Por qué no podemos analizar a las personas así?

En efecto, sí podemos. Los investigadores hicieron ayunar a los sujetos durante dos semanas con una dieta de 80 calorías al día, y sus glóbulos blancos mostraron el mismo tipo de aumento en la capacidad de matar bacterias, un aumento en la producción de anticuerpos, y la actividad de las células asesinas naturales aumentó en un promedio del 24 por ciento. Esto es especialmente interesante porque nuestras células asesinas naturales no solo ayudan a eliminar las infecciones, sino que también matan las células cancerosas. De hecho, así es como midieron la actividad de las células asesinas naturales: enfrentándolas a las células K562, células tumorales, células de leucemia humana. Dos semanas de ayuno aumentaron la capacidad de sus flujos sanguíneos para eliminar las células cancerosas en un 24 por ciento.

Así, se dice que el ayuno mejora la inmunovigilancia anticáncer, o más poéticamente “estimula el apetito del sistema inmunitario por el cáncer”. Entonces, ¿por qué no se utiliza más el ayuno para tratar el cáncer? Hasta hace poco, la terapia de ayuno no se consideraba una opción de tratamiento en el cáncer, por el hecho de que un objetivo terapéutico común en el tratamiento paliativo del cáncer es evitar la pérdida de peso y contrarrestar el síndrome de desgaste conocido como caquexia, que es la causa última de muerte en muchos casos de cáncer.

Los tumores son voraces, se expanden rápidamente y necesitan mucha energía y proteínas, por lo que el cáncer reprograma metabólicamente el cuerpo para que empiece a descomponerse para alimentarlo. Lo hace desencadenando inflamación en todo el cuerpo. No es solo que la gente pierda el apetito. La diferencia fundamental entre la pérdida de peso observada en la caquexia por cáncer y la que se observa en la simple inanición es la falta de reversibilidad con la sola alimentación. Por ejemplo, aquí está el peso de un paciente con cáncer que empezó a bajar. No es de extrañar, ya que solo ingerían unos cientos de calorías al día. Así que, además de darles unos 100 gramos de proteína al día les metieron una sonda en vena y les infundieron hasta 4 000 calorías diarias. Pero no importaba. Siguieron perdiendo peso. Las intervenciones nutricionales terapéuticas para corregir o revertir la caquexia han tenido poco éxito. Por tanto, el mejor tratamiento para la caquexia por cáncer es tratar la causa y curar el cáncer. De hecho, tal vez forzar la nutrición extra en los pacientes con cáncer podría estar cayendo en la trampa del tumor. Al igual que en el embarazo, cuando el feto es el primero en recibir los nutrientes, incluso a costa de la madre, el tumor puede ser el primero en alimentarse. Puede que nuestra pérdida de apetito cuando padecemos cáncer sea incluso una respuesta protectora. Pero en la década de 1960 nació la NPT, la nutrición parenteral total, en la que las personas ya necesitan comer, sino que se les infunde toda la nutrición necesaria directamente en las venas, y así nació la era moderna del soporte nutricional.

Fue ampliamente aceptada e implementada, convirtiéndose en una industria multimillonaria. Entonces, ¿debería administrarse de forma rutinaria a los pacientes de cáncer malnutridos? La respuesta no es tan obvia como podría pensarse. Cuando se puso a prueba en docenas de ensayos aleatorios, los resultados fueron tan decepcionantes como sorprendentes. La nutrición parenteral no solo no proporcionó ningún beneficio a estos pacientes, sino que causó daños. No solo parecía no aportar ningún beneficio en cuanto a la supervivencia, sino que aumentaban las complicaciones y las infecciones, y disminuía la respuesta del tumor a la quimioterapia, presumiblemente debido a que todos esos nutrientes adicionales estimulaban el crecimiento del tumor.

Del mismo modo, las intervenciones nutricionales orales en pacientes desnutridos con cáncer, como darles botellas de Ensure, no encontraron ninguna ventaja de supervivencia. A pesar de la falta de beneficios demostrados, la reacción instintiva de muchos oncólogos ante la idea de que los pacientes con cáncer ayunen es la preocupación de que no estén comiendo lo suficiente. Pero no se sabe hasta que se pone a prueba, algo que exploraremos a continuación.

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Gráficos de Avo Media

Nota del Doctor

Este video forma parte de una serie sobre el cáncer y el ayuno. Anteriormente senté las bases en estos dos videos: ¿Qué tan efectiva es la quimioterapia? y¿Cuánto mejora la supervivencia la quimioterapia?.

Mantente atento a otros tres videos sobre el ayuno y el cáncer:

¿Cuál es la dieta del falso ayuno? Hay un video sobre eso: Las dietas del 5:2 y del falso ayuno puestas a prueba.

Si te interesa saber más, puedes ver todos mis videos sobre ayuno aquí.

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