El efecto de las hormonas de la leche sobre la infertilidad en mujeres

El efecto de las hormonas de la leche sobre la infertilidad en mujeres
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El consumo de lácteos se asocia a años de envejecimiento en los ovarios, debido a las hormonas esteroides y a los químicos disruptores endocrinos en la leche de vaca.

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A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Daniela Wiegrebe y Jesica Miotti voluntarios activos en NutritionFacts.org.

Cuando se trata de la cantidad de hormonas esteroides a las que estamos expuestos en el suministro de alimentos, los productos lácteos y derivados suministran aproximadamente del 60 al 80 por ciento de los esteroides sexuales femeninos ingeridos. He hablado acerca de los efectos de estos estrógenos y progesterona en hombres y niños prepúberes, de cómo la ingesta de leche puede aumentar los niveles de estrógeno a las pocas horas de consumo. En términos de efectos en las mujeres, hablé sobre el aumento del riesgo de cáncer de endometrio en mujeres posmenopáusicas, pero ¿qué pasa con las mujeres en edad reproductiva? ¿Pueden las hormonas lácteas afectar la reproducción?

Sabemos que la ingesta de alimentos lácteos a veces se ha asociado con infertilidad; sin embargo, se sabe poco con respecto a las asociaciones con las hormonas reproductivas o la anovulación, es decir cómo podrían operar los lácteos, al afectar la preparación del útero o afectar el ovario. Los investigadores descubrieron que las mujeres que comían yogur o crema tenían aproximadamente el doble de riesgo de anovulación esporádica, es decir ausencia de ovulación, por lo que algunos meses no había óvulo para fertilizar. Ahora sabemos que la mayoría de los yogures en estos días están llenos de azúcar. Incluso el yogur griego simple puede tener más azúcar que una dona doble de chocolate glaseada de Dunkin’. Pero lo controlaron y los resultados se mantuvieron después de ajustar el contenido de azúcar, lo que sugiere que el riesgo de anovulación era independiente del contenido de azúcar incluido en muchos yogures. Ahora bien, no sabemos si esto fue solo una casualidad o exactamente cuál podría ser el mecanismo, pero si las mujeres se saltean algunas ovulaciones a lo largo de su vida, ¿podrían terminar con una reserva ovárica más grande de óvulos?

Las mujeres comienzan a tener su primer bebé cada vez más tarde. Ha habido un aumento en las mujeres que tienen bebés entre los 30 y 40 años. Solíamos pensar que la reserva ovárica de las mujeres se mantenía relativamente estable hasta un rápido descenso a los 37 años, pero ahora sabemos que parece ocurrir una pérdida gradual de óvulos con el tiempo. Así es como se ve el gráfico: hay una pérdida constante que comienza en la fertilidad máxima en los 20 años. Esto mide el “recuento de folículos antrales”, que es una prueba de ecografía en la que se puede simplemente contar la cantidad de óvulos en los ovarios. Es probablemente el mejor reflejo de la verdadera edad reproductiva. Es una medida de reserva ovárica: cuántos óvulos le quedan a una mujer.

Bien, ¿qué tiene esto que ver con la dieta? Los investigadores de Harvard analizaron la asociación de diversas ingestas de proteínas con el recuento de folículos antrales ováricos entre las mujeres que tenían problemas para quedar embarazadas. Si bien la disminución de la reserva ovárica es una de las principales causas de infertilidad femenina, el proceso que conduce al deterioro reproductivo con la edad aún no se conoce bien. A la luz de las mujeres que retrasan el embarazo hasta la edad avanzada, la identificación de factores reversibles que pueden afectar las tasas individuales de disminución reproductiva podría tener un valor clínico significativo.

Hicieron ecografías en todas las mujeres y estudiaron sus dietas, y concluyeron que una mayor ingesta de proteínas lácteas se asociaba con un menor recuento de folículos antrales, en otras palabras: envejecimiento acelerado de los ovarios. Así es como se veía el gráfico en las no fumadoras. Una reserva ovárica significativamente menor en la ingesta de lácteos más alta, que sería alrededor de 85 gramos de queso al día, en comparación con la ingesta de lácteos más baja. Bien, pero ¿qué significan estos números en términos de edad biológica? ¿Es 16,9 a 12,7 realmente tanta diferencia? Si se observa a las mujeres con ovarios realmente robustos, un recuento de folículos de 16,9 se podría observar en una mujer de 36 o 37 años. Mientras que 12,7, lo que se observa en las mujeres que consumen la mayor cantidad de productos lácteos, es lo que podría haber en una mujer realmente fértil de 50 años. Entonces, estamos hablando de años de envejecimiento ovárico entre las mayores y las menores consumidoras de lácteos.

Si bien no fue posible para los investigadores identificar el mecanismo subyacente que vincula la mayor ingesta de proteínas lácteas con un menor recuento de folículos antrales, tenían varias conjeturas fundamentadas. Uno: podrían ser las hormonas esteroides y los factores de crecimiento; dos: la contaminación de los productos lácteos por pesticidas y productos químicos, disruptores endocrinos que pueden afectar negativamente el desarrollo de estos folículos ováricos y la calidad del óvulo.

Con respecto a las hormonas, los estudios sugieren que la leche comercial (derivada de hembras preñadas y no preñadas) contiene grandes cantidades de estrógenos, progesterona y otras hormonas placentarias que finalmente se liberan en la cadena alimentaria humana, y el consumo de lácteos representa entre el 60 y el 80 por ciento. De los estrógenos consumidos, como mencioné antes, los estrógenos lácteos sobreviven al procesamiento, aparecen tanto en productos lácteos crudos como comerciales, se encuentran en concentraciones sustancialmente más altas con cantidades crecientes de grasa láctea, sin diferencias aparentes entre los productos lácteos orgánicos y convencionales, lo cual es importante tener en cuenta. No es solo que las vacas han sido inyectadas con hormonas de crecimiento. Hay hormonas en sus organismos de forma natural. Y una vez dentro del cuerpo humano, estas hormonas bovinas se convierten en estrona y estradiol, los principales estrógenos humanos activos. Y después de la absorción, los esteroides bovinos pueden afectar los resultados reproductivos.

Es fundamental diseñar otros estudios para aclarar la biología subyacente a las asociaciones observadas. Esto podría ser crucial, dado que el consumo de leche de otra especie por parte de los humanos es un comportamiento dietético evolutivo novedoso que tiene el potencial de alterar los parámetros reproductivos y puede tener efectos adversos para la salud a largo plazo.

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Cuando se trata de la cantidad de hormonas esteroides a las que estamos expuestos en el suministro de alimentos, los productos lácteos y derivados suministran aproximadamente del 60 al 80 por ciento de los esteroides sexuales femeninos ingeridos. He hablado acerca de los efectos de estos estrógenos y progesterona en hombres y niños prepúberes, de cómo la ingesta de leche puede aumentar los niveles de estrógeno a las pocas horas de consumo. En términos de efectos en las mujeres, hablé sobre el aumento del riesgo de cáncer de endometrio en mujeres posmenopáusicas, pero ¿qué pasa con las mujeres en edad reproductiva? ¿Pueden las hormonas lácteas afectar la reproducción?

Sabemos que la ingesta de alimentos lácteos a veces se ha asociado con infertilidad; sin embargo, se sabe poco con respecto a las asociaciones con las hormonas reproductivas o la anovulación, es decir cómo podrían operar los lácteos, al afectar la preparación del útero o afectar el ovario. Los investigadores descubrieron que las mujeres que comían yogur o crema tenían aproximadamente el doble de riesgo de anovulación esporádica, es decir ausencia de ovulación, por lo que algunos meses no había óvulo para fertilizar. Ahora sabemos que la mayoría de los yogures en estos días están llenos de azúcar. Incluso el yogur griego simple puede tener más azúcar que una dona doble de chocolate glaseada de Dunkin’. Pero lo controlaron y los resultados se mantuvieron después de ajustar el contenido de azúcar, lo que sugiere que el riesgo de anovulación era independiente del contenido de azúcar incluido en muchos yogures. Ahora bien, no sabemos si esto fue solo una casualidad o exactamente cuál podría ser el mecanismo, pero si las mujeres se saltean algunas ovulaciones a lo largo de su vida, ¿podrían terminar con una reserva ovárica más grande de óvulos?

Las mujeres comienzan a tener su primer bebé cada vez más tarde. Ha habido un aumento en las mujeres que tienen bebés entre los 30 y 40 años. Solíamos pensar que la reserva ovárica de las mujeres se mantenía relativamente estable hasta un rápido descenso a los 37 años, pero ahora sabemos que parece ocurrir una pérdida gradual de óvulos con el tiempo. Así es como se ve el gráfico: hay una pérdida constante que comienza en la fertilidad máxima en los 20 años. Esto mide el “recuento de folículos antrales”, que es una prueba de ecografía en la que se puede simplemente contar la cantidad de óvulos en los ovarios. Es probablemente el mejor reflejo de la verdadera edad reproductiva. Es una medida de reserva ovárica: cuántos óvulos le quedan a una mujer.

Bien, ¿qué tiene esto que ver con la dieta? Los investigadores de Harvard analizaron la asociación de diversas ingestas de proteínas con el recuento de folículos antrales ováricos entre las mujeres que tenían problemas para quedar embarazadas. Si bien la disminución de la reserva ovárica es una de las principales causas de infertilidad femenina, el proceso que conduce al deterioro reproductivo con la edad aún no se conoce bien. A la luz de las mujeres que retrasan el embarazo hasta la edad avanzada, la identificación de factores reversibles que pueden afectar las tasas individuales de disminución reproductiva podría tener un valor clínico significativo.

Hicieron ecografías en todas las mujeres y estudiaron sus dietas, y concluyeron que una mayor ingesta de proteínas lácteas se asociaba con un menor recuento de folículos antrales, en otras palabras: envejecimiento acelerado de los ovarios. Así es como se veía el gráfico en las no fumadoras. Una reserva ovárica significativamente menor en la ingesta de lácteos más alta, que sería alrededor de 85 gramos de queso al día, en comparación con la ingesta de lácteos más baja. Bien, pero ¿qué significan estos números en términos de edad biológica? ¿Es 16,9 a 12,7 realmente tanta diferencia? Si se observa a las mujeres con ovarios realmente robustos, un recuento de folículos de 16,9 se podría observar en una mujer de 36 o 37 años. Mientras que 12,7, lo que se observa en las mujeres que consumen la mayor cantidad de productos lácteos, es lo que podría haber en una mujer realmente fértil de 50 años. Entonces, estamos hablando de años de envejecimiento ovárico entre las mayores y las menores consumidoras de lácteos.

Si bien no fue posible para los investigadores identificar el mecanismo subyacente que vincula la mayor ingesta de proteínas lácteas con un menor recuento de folículos antrales, tenían varias conjeturas fundamentadas. Uno: podrían ser las hormonas esteroides y los factores de crecimiento; dos: la contaminación de los productos lácteos por pesticidas y productos químicos, disruptores endocrinos que pueden afectar negativamente el desarrollo de estos folículos ováricos y la calidad del óvulo.

Con respecto a las hormonas, los estudios sugieren que la leche comercial (derivada de hembras preñadas y no preñadas) contiene grandes cantidades de estrógenos, progesterona y otras hormonas placentarias que finalmente se liberan en la cadena alimentaria humana, y el consumo de lácteos representa entre el 60 y el 80 por ciento. De los estrógenos consumidos, como mencioné antes, los estrógenos lácteos sobreviven al procesamiento, aparecen tanto en productos lácteos crudos como comerciales, se encuentran en concentraciones sustancialmente más altas con cantidades crecientes de grasa láctea, sin diferencias aparentes entre los productos lácteos orgánicos y convencionales, lo cual es importante tener en cuenta. No es solo que las vacas han sido inyectadas con hormonas de crecimiento. Hay hormonas en sus organismos de forma natural. Y una vez dentro del cuerpo humano, estas hormonas bovinas se convierten en estrona y estradiol, los principales estrógenos humanos activos. Y después de la absorción, los esteroides bovinos pueden afectar los resultados reproductivos.

Es fundamental diseñar otros estudios para aclarar la biología subyacente a las asociaciones observadas. Esto podría ser crucial, dado que el consumo de leche de otra especie por parte de los humanos es un comportamiento dietético evolutivo novedoso que tiene el potencial de alterar los parámetros reproductivos y puede tener efectos adversos para la salud a largo plazo.

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