El papel de la dieta y el ejercicio en la epidemia de obesidad

El papel de la dieta y el ejercicio en la epidemia de obesidad
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Las típicas explicaciones que suelen dar la industria alimentaria y los políticos sobre la causa de la epidemia de obesidad, como la inactividad o la falta de fuerza de voluntad, no solo son falacias erróneas, sino que son muy dañinas.

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A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Guadalupe Gutiérrez y Catalina Walsh voluntarios activos en NutritionFacts.org.

La obesidad no es nueva, pero la epidemia de la obesidad sí. Pasamos de unos pocos reyes y reinas corpulentos, como Enrique VIII o Luis VI (conocido como Louis le Gros o “Louis el Gordo”), a una pandemia de obesidad, ahora considerada como la amenaza a la salud pública más grave y peor contenida de nuestro tiempo. Alrededor del 37 por ciento de los hombres estadounidenses y del 41 por ciento de las mujeres estadounidenses son obesos, y sin un final a la vista. Informes anteriores habían sugerido que al menos el aumento de la obesidad se estaba frenando, pero incluso ese no parece ser el caso. Del mismo modo, habíamos pensado que la obesidad infantil estaba mejorando después de 35 años de malas noticias implacables, pero las malas noticias continúan. Las tasas de obesidad infantil y de adolescentes han seguido aumentando, ahora en la cuarta década.

Durante el siglo pasado, la obesidad parece haber aumentado diez veces, de aproximadamente 1 de cada 30 a ahora 1 de cada 3, pero no fue un aumento constante. Algo parece haber sucedido a fines de la década de 1970, y no solo aquí sino en todo el mundo. La pandemia de obesidad despegó casi al mismo tiempo en todo el mundo en la mayoría de los países de altos ingresos en los años setenta y ochenta. El hecho de que el rápido aumento apareció casi simultáneamente en todo el mundo industrializado sugiere una causa común. ¿Cuál podría haber sido ese desencadenante?

Cualquier impulsor potencial tendría que ser de naturaleza global y coincidir con el repunte de la epidemia. Por lo tanto, el cambio debería haber comenzado hace unos 40 años y haberse extendido rápidamente por todo el mundo. Veamos cómo cumplen con esto las diversas teorías. Por ejemplo, algunos han culpado a los cambios en nuestro “entorno construido”, los cambios en la planificación de las ciudades que han hecho que nuestras comunidades sean menos propicias a caminar, andar en bicicleta y comprar comestibles. Pero eso no cumple con nuestros criterios para una causa creíble porque no hubo un cambio universal y simultáneo en nuestros vecindarios dentro de ese período de tiempo.

Si haces una encuesta a cientos de formuladores de políticas, la mayoría culpa la epidemia de obesidad en la “falta de motivación personal” ¿Pero ves el poco sentido que eso tiene? Aquí en los Estados Unidos, por ejemplo, la obesidad se disparó en toda la población a fines de la década de 1970. ¿Me estás diciendo que todos los sectores de la población sufrieron algún tipo de disminución simultánea en la fuerza de voluntad? ¿Personas de cada edad, sexo y grupo étnico con todas sus diferentes actitudes y experiencias perdieron casualmente su capacidad colectiva de autocontrol al mismo tiempo? Más plausible que un cambio global en la naturaleza de nuestro carácter sería algún cambio global en la naturaleza de nuestras vidas.

La industria alimentaria culpa a la inactividad. “Si todos los consumidores hicieran ejercicio”, dijo el director general de PepsiCo, “la obesidad no existiría”. Coca-Cola fue un paso más allá, gastando $ 1.5 millones para crear la Red Global de Balance Energético para minimizar el papel de la dieta. Correos electrónicos que fueron filtrados muestran que la compañía planeó usar este frente para servir como un “arma” para “cambiar la conversación” sobre la obesidad en su “guerra” con la comunidad de salud pública.

Esta táctica es tan común entre las compañías de alimentos y bebidas que incluso tiene un nombre: “leanwashing” (lavado delgado). Has oído hablar del lavado verde, donde las empresas engañosamente pretenden ser respetuosas del medio ambiente. Leanwashing es el término utilizado para describir a las empresas que intentan posicionarse como si estuvieran ayudando a resolver la crisis de obesidad cuando, en realidad, contribuyen directamente a ella. De hecho, la compañía de alimentos más grande del mundo, por ejemplo, Nestlé, se ha mercadeado como la “compañía líder mundial en nutrición, salud y bienestar”. Sí, ese Nestlé, fabricantes de Cookie Crisp e históricamente más de 100 marcas diferentes de dulces, incluyendo Butterfinger, Kit Kat, Goobers, Gobstoppers, Runts y Nerds. Otro de sus lemas es “Buena comida, buena vida”. Sus Raisinets (pasitas con chocolate) pueden tener algo de fruta, pero me parecen más Willy Wonka que bienestar. Digamos que en su página web “¿Qué está haciendo Nestlé sobre la obesidad?” su enlace “Lea sobre nuestro programa Nestlé Healthy Kids” le da un error de Página no encontrada. 

El excesivo énfasis corporativo en la inactividad física parece estar funcionando. En respuesta a una pregunta de la encuesta de Harris: “¿Cuáles crees que son las principales razones por las que la obesidad ha aumentado?” una gran mayoría eligió la falta de ejercicio, mientras que solo el 34 por ciento eligió el consumo excesivo de calorías. En realidad, esto se ha identificado como uno de los conceptos erróneos más comunes sobre la obesidad. La comunidad científica ha llegado a una conclusión bastante decisiva de que los factores que rigen la ingesta de calorías afectan más poderosamente el equilibrio calórico general. Es más nuestra comida rápida que nuestros movimientos en cámara lenta.

Incluso hay un debate considerable en la literatura científica sobre si los cambios en la actividad física han tenido “algún papel” en la epidemia de obesidad. El aumento de la ingesta calórica por persona es más que suficiente para explicar la epidemia de obesidad en los Estados Unidos y en el resto del mundo. De hecho, en todo caso, el nivel de actividad física en las últimas décadas ha aumentado ligeramente tanto en Europa como en América del Norte. Irónicamente, esto podría ser el resultado de la energía adicional que se necesita para moverse con nuestros cuerpos más pesados, lo que lo convierte en una consecuencia del problema de obesidad y no en la causa.

Sin embargo, el ejercicio formal es solo una pequeña parte de nuestra actividad diaria total. Piensa en cuánto más trabajo físico solían hacer las personas en el trabajo, en la granja o incluso en el hogar. No es solo el cambio de obrero a oficinista. El aumento de la automatización, la informatización, la mecanización, la motorización y la urbanización han contribuido a estilos de vida cada vez más sedentarios durante el siglo pasado. Pero ese es el problema con la teoría. Los cambios ocupacionales y el advenimiento de los dispositivos para ahorrar mano de obra han sido graduales y en gran parte anteriores al aumento reciente dramático de peso en todo el mundo. Las lavadoras, las aspiradoras y el Modelo T se inventaron antes de 1910. De hecho, cuando se puso a prueba utilizando métodos de vanguardia para medir la energía que entra y sale, fue la ingesta calórica, no la actividad física, lo que predijo el aumento de peso con el tiempo.

La idea errónea común de que la obesidad se debe principalmente a la falta de ejercicio no solo puede ser una falacia benigna. Las teorías personales de la causalidad parecen afectar el peso de las personas. Aquellos que culpan al ejercicio insuficiente son significativamente más propensos a tener sobrepeso. Si los ponemos en una habitación con chocolate, se pueden observar de forma encubierta consumiendo más dulces. Sin embargo, aquellos que sostienen esa opinión pueden ser diferentes en otros aspectos. No se puede probar causa y efecto hasta que se pone a prueba. Y, de hecho, las personas asignadas al azar a leer un artículo que implicaba la inactividad continuaron comiendo significativamente más dulces que aquellos que leyeron sobre investigaciones que acusaban a la dieta. Un estudio similar evidentemente encontró que aquellos a quiénes se les presentó investigaciones que culpaban a la genética, posteriormente comieron más galletas significativamente. El documento se titulaba “Una forma no intencionada en la que el gen de la grasa podría hacerte engordar”.

Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

Video producción Glass Entertainment

Gráficos de Avocado Video

A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Guadalupe Gutiérrez y Catalina Walsh voluntarios activos en NutritionFacts.org.

La obesidad no es nueva, pero la epidemia de la obesidad sí. Pasamos de unos pocos reyes y reinas corpulentos, como Enrique VIII o Luis VI (conocido como Louis le Gros o “Louis el Gordo”), a una pandemia de obesidad, ahora considerada como la amenaza a la salud pública más grave y peor contenida de nuestro tiempo. Alrededor del 37 por ciento de los hombres estadounidenses y del 41 por ciento de las mujeres estadounidenses son obesos, y sin un final a la vista. Informes anteriores habían sugerido que al menos el aumento de la obesidad se estaba frenando, pero incluso ese no parece ser el caso. Del mismo modo, habíamos pensado que la obesidad infantil estaba mejorando después de 35 años de malas noticias implacables, pero las malas noticias continúan. Las tasas de obesidad infantil y de adolescentes han seguido aumentando, ahora en la cuarta década.

Durante el siglo pasado, la obesidad parece haber aumentado diez veces, de aproximadamente 1 de cada 30 a ahora 1 de cada 3, pero no fue un aumento constante. Algo parece haber sucedido a fines de la década de 1970, y no solo aquí sino en todo el mundo. La pandemia de obesidad despegó casi al mismo tiempo en todo el mundo en la mayoría de los países de altos ingresos en los años setenta y ochenta. El hecho de que el rápido aumento apareció casi simultáneamente en todo el mundo industrializado sugiere una causa común. ¿Cuál podría haber sido ese desencadenante?

Cualquier impulsor potencial tendría que ser de naturaleza global y coincidir con el repunte de la epidemia. Por lo tanto, el cambio debería haber comenzado hace unos 40 años y haberse extendido rápidamente por todo el mundo. Veamos cómo cumplen con esto las diversas teorías. Por ejemplo, algunos han culpado a los cambios en nuestro “entorno construido”, los cambios en la planificación de las ciudades que han hecho que nuestras comunidades sean menos propicias a caminar, andar en bicicleta y comprar comestibles. Pero eso no cumple con nuestros criterios para una causa creíble porque no hubo un cambio universal y simultáneo en nuestros vecindarios dentro de ese período de tiempo.

Si haces una encuesta a cientos de formuladores de políticas, la mayoría culpa la epidemia de obesidad en la “falta de motivación personal” ¿Pero ves el poco sentido que eso tiene? Aquí en los Estados Unidos, por ejemplo, la obesidad se disparó en toda la población a fines de la década de 1970. ¿Me estás diciendo que todos los sectores de la población sufrieron algún tipo de disminución simultánea en la fuerza de voluntad? ¿Personas de cada edad, sexo y grupo étnico con todas sus diferentes actitudes y experiencias perdieron casualmente su capacidad colectiva de autocontrol al mismo tiempo? Más plausible que un cambio global en la naturaleza de nuestro carácter sería algún cambio global en la naturaleza de nuestras vidas.

La industria alimentaria culpa a la inactividad. “Si todos los consumidores hicieran ejercicio”, dijo el director general de PepsiCo, “la obesidad no existiría”. Coca-Cola fue un paso más allá, gastando $ 1.5 millones para crear la Red Global de Balance Energético para minimizar el papel de la dieta. Correos electrónicos que fueron filtrados muestran que la compañía planeó usar este frente para servir como un “arma” para “cambiar la conversación” sobre la obesidad en su “guerra” con la comunidad de salud pública.

Esta táctica es tan común entre las compañías de alimentos y bebidas que incluso tiene un nombre: “leanwashing” (lavado delgado). Has oído hablar del lavado verde, donde las empresas engañosamente pretenden ser respetuosas del medio ambiente. Leanwashing es el término utilizado para describir a las empresas que intentan posicionarse como si estuvieran ayudando a resolver la crisis de obesidad cuando, en realidad, contribuyen directamente a ella. De hecho, la compañía de alimentos más grande del mundo, por ejemplo, Nestlé, se ha mercadeado como la “compañía líder mundial en nutrición, salud y bienestar”. Sí, ese Nestlé, fabricantes de Cookie Crisp e históricamente más de 100 marcas diferentes de dulces, incluyendo Butterfinger, Kit Kat, Goobers, Gobstoppers, Runts y Nerds. Otro de sus lemas es “Buena comida, buena vida”. Sus Raisinets (pasitas con chocolate) pueden tener algo de fruta, pero me parecen más Willy Wonka que bienestar. Digamos que en su página web “¿Qué está haciendo Nestlé sobre la obesidad?” su enlace “Lea sobre nuestro programa Nestlé Healthy Kids” le da un error de Página no encontrada. 

El excesivo énfasis corporativo en la inactividad física parece estar funcionando. En respuesta a una pregunta de la encuesta de Harris: “¿Cuáles crees que son las principales razones por las que la obesidad ha aumentado?” una gran mayoría eligió la falta de ejercicio, mientras que solo el 34 por ciento eligió el consumo excesivo de calorías. En realidad, esto se ha identificado como uno de los conceptos erróneos más comunes sobre la obesidad. La comunidad científica ha llegado a una conclusión bastante decisiva de que los factores que rigen la ingesta de calorías afectan más poderosamente el equilibrio calórico general. Es más nuestra comida rápida que nuestros movimientos en cámara lenta.

Incluso hay un debate considerable en la literatura científica sobre si los cambios en la actividad física han tenido “algún papel” en la epidemia de obesidad. El aumento de la ingesta calórica por persona es más que suficiente para explicar la epidemia de obesidad en los Estados Unidos y en el resto del mundo. De hecho, en todo caso, el nivel de actividad física en las últimas décadas ha aumentado ligeramente tanto en Europa como en América del Norte. Irónicamente, esto podría ser el resultado de la energía adicional que se necesita para moverse con nuestros cuerpos más pesados, lo que lo convierte en una consecuencia del problema de obesidad y no en la causa.

Sin embargo, el ejercicio formal es solo una pequeña parte de nuestra actividad diaria total. Piensa en cuánto más trabajo físico solían hacer las personas en el trabajo, en la granja o incluso en el hogar. No es solo el cambio de obrero a oficinista. El aumento de la automatización, la informatización, la mecanización, la motorización y la urbanización han contribuido a estilos de vida cada vez más sedentarios durante el siglo pasado. Pero ese es el problema con la teoría. Los cambios ocupacionales y el advenimiento de los dispositivos para ahorrar mano de obra han sido graduales y en gran parte anteriores al aumento reciente dramático de peso en todo el mundo. Las lavadoras, las aspiradoras y el Modelo T se inventaron antes de 1910. De hecho, cuando se puso a prueba utilizando métodos de vanguardia para medir la energía que entra y sale, fue la ingesta calórica, no la actividad física, lo que predijo el aumento de peso con el tiempo.

La idea errónea común de que la obesidad se debe principalmente a la falta de ejercicio no solo puede ser una falacia benigna. Las teorías personales de la causalidad parecen afectar el peso de las personas. Aquellos que culpan al ejercicio insuficiente son significativamente más propensos a tener sobrepeso. Si los ponemos en una habitación con chocolate, se pueden observar de forma encubierta consumiendo más dulces. Sin embargo, aquellos que sostienen esa opinión pueden ser diferentes en otros aspectos. No se puede probar causa y efecto hasta que se pone a prueba. Y, de hecho, las personas asignadas al azar a leer un artículo que implicaba la inactividad continuaron comiendo significativamente más dulces que aquellos que leyeron sobre investigaciones que acusaban a la dieta. Un estudio similar evidentemente encontró que aquellos a quiénes se les presentó investigaciones que culpaban a la genética, posteriormente comieron más galletas significativamente. El documento se titulaba “Una forma no intencionada en la que el gen de la grasa podría hacerte engordar”.

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Video producción Glass Entertainment

Gráficos de Avocado Video

Nota del Doctor

Cuando me senté a escribir How Not to Diet, sabía que “¿qué desencadenó la epidemia de obesidad?” iba a ser una gran pregunta que tenía que enfrentar. ¿Fue la inactividad, niños sentados jugando videojuegos? ¿Fue genético? ¿Fue epigenético, algo que activó a nuestros genes gordos? ¿O fue solo la comida? ¿Estábamos comiendo más grasa de repente, más carbohidratos? ¿Más alimentos procesados? ¿O simplemente estábamos comiendo más y punto, debido a tamaños de porción más grandes o simplemente comiendo más antojitos? Mentes curiosas querían saber.

Este es el primero de una serie de 11 videos que responden a esta pregunta y que originalmente lancé en un seminario web de 2 horas a principios de este año. Si no puedes esperar y deseas obtener todos los videos a la vez, consulta la descarga digital del seminario web aquí.

O simplemente queda a espera del resto de la serie:

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