Flashback Friday: ¿Sirven los suplementos de vitamina D para la diabetes, la pérdida de peso y la presión arterial?

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Quienes tienen niveles más altos de vitamina D tienden a tener tasas más bajas de obesidad, diabetes, e hipertensión, ¿pero hay causa y efecto? Estudios intervencionales por fin pusieron a la vitamina D a prueba.

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Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ver el video más arriba. Esto es solo una aproximación del audio contribuida por Katie Schloer. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Cristian Camilo Guzmán y Ángela Graña Varela.

Mi última serie de videos sobre la vitamina D fue hace más de cuatro años, es decir, hace 15950 estudios. Tenía mucho con lo que ponerme al día.

Se siguen publicando artículos de revisión que consideran a la vitamina D como la auténtica panacea. El receptor de vitamina D se encuentra en muchos de los tejidos del cuerpo, incluido el cerebro. La vitamina D podría regular más de 2000 genes. En menos de 24 horas de exposición a la vitamina D, se puede alterar la expresión de cientos de ellos.

El término vitamina es en realidad un nombre poco apropiado. Las vitaminas, por definición, no pueden ser sintetizadas dentro de nuestro cuerpo. Sin embargo, podemos producir toda la vitamina D que necesitamos con suficiente exposición al sol. Así que no es una vitamina, sino una hormona, producida por nuestra piel en respuesta a la exposición a la luz solar; y no es solo una hormona de regulación del calcio y bienestar de los huesos, sino también una hormona de la fertilidad, la inmunidad y la función cerebral. ¿Es una panacea, o se trata de un “falso profeta”?

Recordemos cuando la vitamina E era la vitamina “del día”, ofrecida como curativa para varios trastornos clínicos. La vitamina E era considerada como “el protector radical”, con ventas que crearon un negocio de miles de millones de dólares gracias a la capitalización de los temores del público. Después de todo, aquellos con un bajo nivel de vitamina E en sangre tenían un aumento del 50% en su probabilidad de contraer cáncer. Eh, ¿y qué hay de la vitamina A y el betacaroteno? Después de todo, las personas que comen grandes cantidades de verduras de hoja verde, batatas, y otros alimentos ricos en betacaroteno tienen menos riesgo de tener cáncer; deberíamos dar pastillas de betacaroteno. El problema es que cuando se pusieron a prueba, resultaron incrementar las tasas de cáncer. Los suplementos de betacaroteno, vitamina A y vitamina E podrían causar un aumento de la mortalidad, es decir, que podrías estar pagando para acortar tu esperanza de vida. Esto ayuda a entender el escepticismo de la comunidad médica con respecto a la vitamina D, que está en el punto de mira ahora mismo.

La existencia de una industria de suplementos de vitamina D de miles de millones de dólares no facilita las cosas. Eso sin mencionar a la altamente lucrativa industria de testeo de vitamina D, a la que le encanta hablar de los estudios que sugieren que tener niveles de vitamina D más altos puede reducir el riesgo de enfermedades cardíacas, cáncer, diabetes, enfermedades autoinmunes e infecciones. La mayor parte de estas conclusiones derivan de estudios observacionales, es decir, estudios que correlacionan niveles altos de vitamina D en sangre con un menor riesgo de enfermedad; eso no significa que la vitamina D sea la causa. Igual que con los primeros datos sobre el betacaroteno, niveles más altos en sangre pueden ser simplemente una señal de una alimentación y unos hábitos saludables. ¿Quién tiene altos niveles de vitamina D? Quienes corren al aire libre; es decir, quienes corren. Niveles de vitamina D más altos podrían ser tan solo un signo de la actividad física, por ejemplo.

Entonces, cuando se ven estudios como estos, que muestran tasas de diabetes significativamente más bajas entre aquellos con altos niveles de vitamina D, no significa necesariamente que tomar vitamina D ayuda. Hace falta ponerlo a prueba; y al hacerlo, los suplementos de vitamina D fallan completamente. No se encuentra ningún beneficio para prevenir o tratar la diabetes de tipo 2.

Así que cuando las empresas de suplemento ondean frente a ti estudios como este, y sugieren que la deficiencia de vitamina D tiene un papel importante en la obesidad, porque la mayoría de los estudios de población muestran niveles de vitamina D más bajos en la sangre en aquellos que son obesos, ¿es así porque se están ejercitando menos o simplemente porque es una vitamina soluble en grasa y como resultado está alojada en toda esta? Uno esperaría que cuando una persona obesa toma el sol, esta produzca más vitamina D, ya que tiene una mayor superficie cutánea. Sin embargo, la misma exposición conduce a menos de la mitad de vitamina D, porque se queda en la grasa. Por eso las personas obesas pueden necesitar dos o tres veces más vitamina D, aunque pueden recuperarla cuando pierden peso ya que se libera de nuevo a la circulación; eso explicaría los datos poblacionales. En efecto, si pones a prueba a la vitamina D como tratamiento para la obesidad, no funciona en absoluto.

Ocurre algo semejante con la salud arterial. Quienes tienen bajos niveles de vitamina D tienen un peor flujo sanguíneo coronario, más ateroesclerosis y una peor función arterial. Si se pone a prueba en ensayos aleatorizados con grupo de control, el resultado es decepcionante. Igual de ineficaz en la reducción de la presión arterial. Esto se suma al creciente cuerpo científico que pone en duda la capacidad de los suplementos de vitamina D para mejorar cualquier cosa más allá de caídas, fracturas, el resfriado común y la mortalidad en general. Espera…¡¿qué?! ¿Los suplementos de vitamina D pueden hacerte vivir más tiempo? Eso es, obviamente, algo importante. Lo exploraré en el siguiente video.

Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

Imagen de mojzagrebinfo vía Pixabay.

Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ver el video más arriba. Esto es solo una aproximación del audio contribuida por Katie Schloer. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Cristian Camilo Guzmán y Ángela Graña Varela.

Mi última serie de videos sobre la vitamina D fue hace más de cuatro años, es decir, hace 15950 estudios. Tenía mucho con lo que ponerme al día.

Se siguen publicando artículos de revisión que consideran a la vitamina D como la auténtica panacea. El receptor de vitamina D se encuentra en muchos de los tejidos del cuerpo, incluido el cerebro. La vitamina D podría regular más de 2000 genes. En menos de 24 horas de exposición a la vitamina D, se puede alterar la expresión de cientos de ellos.

El término vitamina es en realidad un nombre poco apropiado. Las vitaminas, por definición, no pueden ser sintetizadas dentro de nuestro cuerpo. Sin embargo, podemos producir toda la vitamina D que necesitamos con suficiente exposición al sol. Así que no es una vitamina, sino una hormona, producida por nuestra piel en respuesta a la exposición a la luz solar; y no es solo una hormona de regulación del calcio y bienestar de los huesos, sino también una hormona de la fertilidad, la inmunidad y la función cerebral. ¿Es una panacea, o se trata de un “falso profeta”?

Recordemos cuando la vitamina E era la vitamina “del día”, ofrecida como curativa para varios trastornos clínicos. La vitamina E era considerada como “el protector radical”, con ventas que crearon un negocio de miles de millones de dólares gracias a la capitalización de los temores del público. Después de todo, aquellos con un bajo nivel de vitamina E en sangre tenían un aumento del 50% en su probabilidad de contraer cáncer. Eh, ¿y qué hay de la vitamina A y el betacaroteno? Después de todo, las personas que comen grandes cantidades de verduras de hoja verde, batatas, y otros alimentos ricos en betacaroteno tienen menos riesgo de tener cáncer; deberíamos dar pastillas de betacaroteno. El problema es que cuando se pusieron a prueba, resultaron incrementar las tasas de cáncer. Los suplementos de betacaroteno, vitamina A y vitamina E podrían causar un aumento de la mortalidad, es decir, que podrías estar pagando para acortar tu esperanza de vida. Esto ayuda a entender el escepticismo de la comunidad médica con respecto a la vitamina D, que está en el punto de mira ahora mismo.

La existencia de una industria de suplementos de vitamina D de miles de millones de dólares no facilita las cosas. Eso sin mencionar a la altamente lucrativa industria de testeo de vitamina D, a la que le encanta hablar de los estudios que sugieren que tener niveles de vitamina D más altos puede reducir el riesgo de enfermedades cardíacas, cáncer, diabetes, enfermedades autoinmunes e infecciones. La mayor parte de estas conclusiones derivan de estudios observacionales, es decir, estudios que correlacionan niveles altos de vitamina D en sangre con un menor riesgo de enfermedad; eso no significa que la vitamina D sea la causa. Igual que con los primeros datos sobre el betacaroteno, niveles más altos en sangre pueden ser simplemente una señal de una alimentación y unos hábitos saludables. ¿Quién tiene altos niveles de vitamina D? Quienes corren al aire libre; es decir, quienes corren. Niveles de vitamina D más altos podrían ser tan solo un signo de la actividad física, por ejemplo.

Entonces, cuando se ven estudios como estos, que muestran tasas de diabetes significativamente más bajas entre aquellos con altos niveles de vitamina D, no significa necesariamente que tomar vitamina D ayuda. Hace falta ponerlo a prueba; y al hacerlo, los suplementos de vitamina D fallan completamente. No se encuentra ningún beneficio para prevenir o tratar la diabetes de tipo 2.

Así que cuando las empresas de suplemento ondean frente a ti estudios como este, y sugieren que la deficiencia de vitamina D tiene un papel importante en la obesidad, porque la mayoría de los estudios de población muestran niveles de vitamina D más bajos en la sangre en aquellos que son obesos, ¿es así porque se están ejercitando menos o simplemente porque es una vitamina soluble en grasa y como resultado está alojada en toda esta? Uno esperaría que cuando una persona obesa toma el sol, esta produzca más vitamina D, ya que tiene una mayor superficie cutánea. Sin embargo, la misma exposición conduce a menos de la mitad de vitamina D, porque se queda en la grasa. Por eso las personas obesas pueden necesitar dos o tres veces más vitamina D, aunque pueden recuperarla cuando pierden peso ya que se libera de nuevo a la circulación; eso explicaría los datos poblacionales. En efecto, si pones a prueba a la vitamina D como tratamiento para la obesidad, no funciona en absoluto.

Ocurre algo semejante con la salud arterial. Quienes tienen bajos niveles de vitamina D tienen un peor flujo sanguíneo coronario, más ateroesclerosis y una peor función arterial. Si se pone a prueba en ensayos aleatorizados con grupo de control, el resultado es decepcionante. Igual de ineficaz en la reducción de la presión arterial. Esto se suma al creciente cuerpo científico que pone en duda la capacidad de los suplementos de vitamina D para mejorar cualquier cosa más allá de caídas, fracturas, el resfriado común y la mortalidad en general. Espera…¡¿qué?! ¿Los suplementos de vitamina D pueden hacerte vivir más tiempo? Eso es, obviamente, algo importante. Lo exploraré en el siguiente video.

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