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Los beneficios de la fiebre para el autismo pero con la comida

La traducción de este texto viene de la mano de nuestra voluntaria Carmen Otero Romero.

La dramática mejoría en niños autistas a causa de la fiebre sugiere que dicho trastorno podría ser reversible si se pudiera replicar el fenómeno de otras formas.

El autismo afecta actualmente a cerca de 1 de cada 68 niños en Estados Unidos. Sin embargo, ni siquiera tenemos medicamentos para tratar los síntomas principales, por no hablar del trastorno subyacente en sí. Es decir, solo podemos tratar algunos síntomas, pero no los “síntomas principales” del trastorno. En el caso de pacientes agresivos, podemos darles antipsicóticos o estimulantes como Ritalin para el  trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), aunque también podemos dejarlos inconscientes para ayudarlos a dormir. Pero, para mejorar sus “capacidades sociales y de comunicación”, principales signos y síntomas del autismo, hay poco que ofrecer y el número de personas que padecen esta enfermedad parece ir en aumento. ¿Qué podemos hacer al respecto?

Hace algunas décadas, se publicó una pista que ofrecía un rayo de esperanza: cuando los niños autistas tienen fiebre, “muestran de forma dramática e invariable un comportamiento más normal”, lo que incluye un mayor deseo o capacidad de comunicarse. Pueden volverse menos retraídos, más alertas, más habladores y más comunicativos. Todo el personal médico que trabajó con niños autistas “durante una epidemia de infección viral respiratoria” se percató de las notorias mejoras de comportamiento, pero, tan pronto como la fiebre se detuvo, los niños volvieron a su comportamiento habitual. Si pudiéramos averiguar por qué sucede esto, tal vez podríamos desarrollar algún tipo de tratamiento. Pero primero demos un paso atrás para pensar en lo que esto podría suponer.

Aquello que lo hace tan innovador, tan trascendental, es que desafía toda presunción de que el autismo es algún tipo de trastorno cerebral irreversible y estático, en el que el cerebro está inexorablemente dañado y, de alguna manera, no tiene esperanza de recuperación. Los indicios de fiebre sugieren que podría ser una enfermedad cerebral dinámica, en la que los circuitos sanos normales están ahí, en alguna parte, pero están siendo enérgicamente suprimidos, y que la fiebre, de alguna manera, remueve dicha supresión y detiene el proceso activo de la enfermedad. Esto sugiere que, si pudiéramos averiguar qué está pasando, en teoría podríamos detenerlo no solo unos días, sino para siempre.

Es lógico pensar que esto sería lo que tiene en mente cada investigador del campo del autismo, pero, por increíble que parezca, “prácticamente no se menciona el fenómeno fiebre alta/mejoría en el comportamiento en toda la literatura médica del autismo”, aun cuando casi todo conocedor de la enfermedad (tanto padres como profesionales de la salud que lidian con ello en su día a día) son conscientes de ello. De hecho, el primer (y único) premio Nobel en medicina concedido a un psiquiatra por enfermedades cerebrales fue el del llamado “padre de la piroterapia (terapia de la fiebre)”, el cual inyectaba malaria a la gente. Algunos pacientes mejoraban (cuando no morían de malaria). ¿Por qué entonces la fiebre puede mejorar la función cerebral? ¿Podemos averiguarlo sin matar a gente?

Primero tenemos que confirmar que el fenómeno es real. “Los cambios rápidos de comportamiento reportados durante la fiebre” en personas que padecen el trastorno sugieren que las redes neuronales en el autismo pueden estar intactas, simplemente disfuncionales, “y comprender así las razones de la mejora durante la fiebre podría darnos una idea de lo que está pasando”. Pero todo este “efecto fiebre” en el autismo estaba basado en informes de casos y anécdotas, hasta que unos investigadores emprendieron un estudio formal del fenómeno reportado, “dadas las… posibles implicaciones para las oportunidades de tratamiento”. De hecho, los niños autistas mejoraron cuando tenían fiebre, lo que documenta oficialmente el fenómeno como real.

Una vez confirmado, averigüemos qué pasa. ¡A toda máquina! ¿A quién le importa cómo funciona esto? Es decir, no se puede inyectar malaria a los niños como hizo el Doctor Wagner-Jauregg, pero ¿por qué no simplemente llevarlos a una sauna o jacuzzi? Pues porque no incrementa tu temperatura corporal. Cuando te sientas en una sauna o jacuzzi, tu piel entra en calor, pero tu cerebro permanece casi a la misma temperatura. ¿La razón? El cerebro tiene mecanismos especiales de enfriamiento, por lo que permanece más o menos en la misma temperatura sin importar la temperatura exterior, lo cual es algo bueno. De esta manera podemos morder un helado sin que se te congele el cerebro, literalmente. Pero cuando tienes fiebre, tu termostato interno se activa para combatir la infección, y se da un aumento real en la temperatura del tejido cerebral.

Tu cerebro debe tener cuidado de no cocinarse hasta morir, por tanto libera “proteínas de choque térmico”. A medida que tu cerebro aumenta la temperatura para producirte fiebre, libera proteínas de choque térmico para “prevenir y reparar el daño causado a otras proteínas”. A temperaturas más altas, las proteínas pueden comenzar a perder su estructura, lo que se conoce como desnaturalización. Es justo lo que sucede cuando cocinas claras de huevo (las proteínas se desnaturalizan), pero no es lo que queremos que le pase a nuestro cerebro. ¿Qué tiene que ver esto con el autismo?

Una de las causas del autismo puede ser la desregulación de la función sináptica, lo que significa desregulación de las vías de señalización nervio-nervio en el cerebro que pueden desempeñar “un papel clave” en la causa de los trastornos del espectro autista. Bueno, ¿qué hacen esas proteínas de choque térmico? Protegen y sostienen la función sináptica. Una vez sabido esto, la pregunta es si hay alguna manera de activar la respuesta de choque térmico sin tener que tener alguna infección que induzca fiebre alta. Bueno, como cabe esperar, hay un gran interés entre las compañías farmacéuticas para “descubrir y desarrollar agentes farmacológicos capaces de inducir la respuesta de choque térmico”, pero el brócoli les ganó.

Tal y como menciono en mi video Los beneficios de la fiebre para el autismo en un alimento, el sulforafano, ingrediente activo en las verduras crucíferas de la familia de vegetales como el brócoli, la col rizada o las acelgas, activa la respuesta de choque térmico sin que sea necesario el uso de inyecciones de malaria. Por lo tanto, en teoría, dar sulforafano a autistas en forma de brócoli o germinado de brócoli podría tener el mismo tipo de beneficios relacionados con la fiebre.

A estas alturas debes estar esperando que haga una de mis bromas sobre la industria del brócoli y sobre cómo tal estudio nunca sería financiado, y no te culpo, porque estarías en lo cierto, pero ahora existen fundaciones de familiares sin ánimo de lucro que solo quieren ver mejorías en las personas con autismo, independientemente de si los precios de las acciones de las empresas también mejoran. Averiguaremos qué pasó en mi video Combatir la inflamación cerebral por autismo con alimentos, como el brócoli.

Este artículo es el primero de una serie de tres videos sobre la comida y el autismo. Échale un vistazo a Combatir la inflamación cerebral por autismo con alimentos y Los mejores alimentos para el autismo.


Hablo sobre el autismo en estos videos:

Un saludo,

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Michael Greger M.D., FACLM

Michael Greger, M.D. FACLM, is a physician, New York Times bestselling author, and internationally recognized professional speaker on a number of important public health issues. Dr. Greger has lectured at the Conference on World Affairs, the National Institutes of Health, and the International Bird Flu Summit, testified before Congress, appeared on The Dr. Oz Show and The Colbert Report, and was invited as an expert witness in defense of Oprah Winfrey at the infamous "meat defamation" trial.


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