Granada comparada con un placebo para el cáncer de próstata

Granada comparada con un placebo para el cáncer de próstata
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Finalmente las granadas se han puesto a prueba para el cáncer de próstata en un ensayo clínico aleatorio y controlado.

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Siempre “se ha adorado [a la granada] por sus propiedades medicinales”. Tanto es así que algunas organizaciones médicas la utilizan como su símbolo. Me parece que una fruta es una mejor representación de la salud que la serpiente en un palo de la American Medical Association. Se cree que la granada es buena para bastantes enfermedades, lo que incluye varios tipos de cáncer, enfermedad cardiovascular y artritis reumatoide. Es evidente que hasta los caníbales la adoran, ya que mejora el color de la “carne de niño”. Los investigadores hablaban de cabras, pero sí es cierto que el título del estudio me dejó un poco asustado. 

La mayoría de la atención en las últimas décadas se ha puesto en la utilidad de la granada para el cáncer de próstata. Los estudios in vitro muestran que el extracto de granada puede suprimir el crecimiento de las células de próstata cancerosas en una placa de Petri hasta un 95%. No hay una verdadera diferencia en el aspecto de las células de próstata normales en un microscopio cuando tienen un poco o mucho extracto de granada; no parece afectar mucho a las células sanas. Sin embargo, el extracto de granada puede destruir las células cancerosas. Por lo menos en una placa de Petri, pero ¿qué pasa en una persona? Si estos resultados se pudieran reproducir en una clínica, sería un acontecimiento enorme, pero primero hay que probarlo en personas. 

“La gestión primaria del cáncer de próstata… consiste o en cirugía radical o en terapia de radiación”. A pesar de esto, “un gran número de pacientes sufren una recidiva y acaban por desarrollar una metástasis”. Incluso después de la prostatectomía radical, el cáncer vuelve en un tercio de los pacientes, como indican los niveles en aumento del antígeno específico de la próstata (PSA). En ese punto, las opciones de tratamiento son limitadas, ya que la próstata ya se ha quitado. El siguiente paso es básicamente una castración química o una ablación hormonal. Igual que al cáncer de mama le encanta el estrógeno, al de próstata le encanta la testosterona. Podemos intentar eliminar la testosterona, pero tiene unos efectos tan negativos que siempre es mejor evitarlo lo más posible. 

¿Qué pasa con las plantas? Los hombres en Asia parecen tener los niveles más bajos de cáncer de próstata de todo el mundo, hasta 10 veces más bajos que los niveles estadounidenses. ¿Se trata simplemente de algo genético? Pues va a ser que no. Cuando los japoneses de mudan a los Estados Unidos y empiezan a comer y beber como lo hacen allí, sus tasas de cáncer de mama y de próstata se disparan. Podría ser porque de repente están comiendo más productos de origen animal, que son el mayor factor de riesgo para el cáncer de próstata en el mundo. También podría ser lo que comen menos en los Estados Unidos, básicamente su dieta típica baja en grasa, alta en fibra y rica en alimentos de origen vegetal, con soja y té verde. ¿Qué hicieron los médicos? ¿Los pusieron a seguir una dieta a base de plantas? No, les hicieron beber una taza de jugo de remolacha al día, porque el estudio estaba financiado por una empresa de jugo de remolacha. 

En los 3 años anteriores al comienzo del estudio, el cáncer de los participantes fue creciendo, como es posible ver gracias a sus niveles generales de PSA. Una vez empezaron a tomar el jugo, sus tumores siguieron creciendo pero parecía que crecían más lento. Sin embargo, el Dr. Dean Ornish y sus compañeros parece que consiguieron revertir el crecimiento inicial del cáncer de próstata con una dieta a base de plantas y otros cambios en el estilo de vida. Pues sí, el PSA no solo subió más lentamente, sino que tendió a ir hacia abajo. Además, al echar sangre de hombre en células cancerosas de la próstata en laboratorio, la de quienes comían sano podía suprimir el crecimiento del cáncer casi 8 veces mejor, mientras que con el jugo de remolacha solo era un 12%. Aunque está claro que cualquier efecto que pueda tener el beber una taza de remolacha al día ya es sorprendente. 

El problema es que no había ningún grupo de control con el estudio del jugo de remolacha. Se podría decir que los propios pacientes actuaron como control, con su antes y después. No es probable que sea una simple coincidencia el que sus tumores crecieran más lento justo cuando empezaron a tomar el jugo de remolacha. Sin embargo, un ensayo para un medicamento hizo lo mismo, y trató a hombres con cáncer de próstata recurrente después de cirugía o radiación. En el grupo con el medicamento, el crecimiento del tumor se frenó en un 55%, lo que suena bastante bien. Bueno, el problema es que la pastilla de azúcar funcionó un 73% del tiempo. El poder del efecto placebo es tan enorme que puede incluso frenar el crecimiento del cáncer. Por eso necesitamos estudios con grupo de control. Quizá habría tenido el mismo efecto el darles Kool-Aid con sabor a granada a los pacientes. No se sabe hasta que no se pone a prueba. 

Al final, los investigadores hicieron un estudio aleatorizado con grupo de control para el jugo de remolacha y el cáncer de próstata, y resulta que la ingesta diaria del jugo no tuvo ningún impacto. El 25% de los pacientes experimentaron una reducción de sus tumores tan pronto empezaron a tomar el jugo de remolacha, pero un 35% del grupo de control experimentó lo mismo. Así que el efecto parece venir del efecto placebo. Pasa lo mismo con las pastillas con extracto de granada, que parece que funcionan hasta que las comparas con simples pastillas de azúcar y adiós a su efecto mágico.

Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. Esto es sólo una aproximación del audio contribuida por Katie Schloer. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Ángela Graña Varela.

Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

 

Imágenes gracias a  PublicDomainPictures y edenirocha a través de Pixabay.

Siempre “se ha adorado [a la granada] por sus propiedades medicinales”. Tanto es así que algunas organizaciones médicas la utilizan como su símbolo. Me parece que una fruta es una mejor representación de la salud que la serpiente en un palo de la American Medical Association. Se cree que la granada es buena para bastantes enfermedades, lo que incluye varios tipos de cáncer, enfermedad cardiovascular y artritis reumatoide. Es evidente que hasta los caníbales la adoran, ya que mejora el color de la “carne de niño”. Los investigadores hablaban de cabras, pero sí es cierto que el título del estudio me dejó un poco asustado. 

La mayoría de la atención en las últimas décadas se ha puesto en la utilidad de la granada para el cáncer de próstata. Los estudios in vitro muestran que el extracto de granada puede suprimir el crecimiento de las células de próstata cancerosas en una placa de Petri hasta un 95%. No hay una verdadera diferencia en el aspecto de las células de próstata normales en un microscopio cuando tienen un poco o mucho extracto de granada; no parece afectar mucho a las células sanas. Sin embargo, el extracto de granada puede destruir las células cancerosas. Por lo menos en una placa de Petri, pero ¿qué pasa en una persona? Si estos resultados se pudieran reproducir en una clínica, sería un acontecimiento enorme, pero primero hay que probarlo en personas. 

“La gestión primaria del cáncer de próstata… consiste o en cirugía radical o en terapia de radiación”. A pesar de esto, “un gran número de pacientes sufren una recidiva y acaban por desarrollar una metástasis”. Incluso después de la prostatectomía radical, el cáncer vuelve en un tercio de los pacientes, como indican los niveles en aumento del antígeno específico de la próstata (PSA). En ese punto, las opciones de tratamiento son limitadas, ya que la próstata ya se ha quitado. El siguiente paso es básicamente una castración química o una ablación hormonal. Igual que al cáncer de mama le encanta el estrógeno, al de próstata le encanta la testosterona. Podemos intentar eliminar la testosterona, pero tiene unos efectos tan negativos que siempre es mejor evitarlo lo más posible. 

¿Qué pasa con las plantas? Los hombres en Asia parecen tener los niveles más bajos de cáncer de próstata de todo el mundo, hasta 10 veces más bajos que los niveles estadounidenses. ¿Se trata simplemente de algo genético? Pues va a ser que no. Cuando los japoneses de mudan a los Estados Unidos y empiezan a comer y beber como lo hacen allí, sus tasas de cáncer de mama y de próstata se disparan. Podría ser porque de repente están comiendo más productos de origen animal, que son el mayor factor de riesgo para el cáncer de próstata en el mundo. También podría ser lo que comen menos en los Estados Unidos, básicamente su dieta típica baja en grasa, alta en fibra y rica en alimentos de origen vegetal, con soja y té verde. ¿Qué hicieron los médicos? ¿Los pusieron a seguir una dieta a base de plantas? No, les hicieron beber una taza de jugo de remolacha al día, porque el estudio estaba financiado por una empresa de jugo de remolacha. 

En los 3 años anteriores al comienzo del estudio, el cáncer de los participantes fue creciendo, como es posible ver gracias a sus niveles generales de PSA. Una vez empezaron a tomar el jugo, sus tumores siguieron creciendo pero parecía que crecían más lento. Sin embargo, el Dr. Dean Ornish y sus compañeros parece que consiguieron revertir el crecimiento inicial del cáncer de próstata con una dieta a base de plantas y otros cambios en el estilo de vida. Pues sí, el PSA no solo subió más lentamente, sino que tendió a ir hacia abajo. Además, al echar sangre de hombre en células cancerosas de la próstata en laboratorio, la de quienes comían sano podía suprimir el crecimiento del cáncer casi 8 veces mejor, mientras que con el jugo de remolacha solo era un 12%. Aunque está claro que cualquier efecto que pueda tener el beber una taza de remolacha al día ya es sorprendente. 

El problema es que no había ningún grupo de control con el estudio del jugo de remolacha. Se podría decir que los propios pacientes actuaron como control, con su antes y después. No es probable que sea una simple coincidencia el que sus tumores crecieran más lento justo cuando empezaron a tomar el jugo de remolacha. Sin embargo, un ensayo para un medicamento hizo lo mismo, y trató a hombres con cáncer de próstata recurrente después de cirugía o radiación. En el grupo con el medicamento, el crecimiento del tumor se frenó en un 55%, lo que suena bastante bien. Bueno, el problema es que la pastilla de azúcar funcionó un 73% del tiempo. El poder del efecto placebo es tan enorme que puede incluso frenar el crecimiento del cáncer. Por eso necesitamos estudios con grupo de control. Quizá habría tenido el mismo efecto el darles Kool-Aid con sabor a granada a los pacientes. No se sabe hasta que no se pone a prueba. 

Al final, los investigadores hicieron un estudio aleatorizado con grupo de control para el jugo de remolacha y el cáncer de próstata, y resulta que la ingesta diaria del jugo no tuvo ningún impacto. El 25% de los pacientes experimentaron una reducción de sus tumores tan pronto empezaron a tomar el jugo de remolacha, pero un 35% del grupo de control experimentó lo mismo. Así que el efecto parece venir del efecto placebo. Pasa lo mismo con las pastillas con extracto de granada, que parece que funcionan hasta que las comparas con simples pastillas de azúcar y adiós a su efecto mágico.

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