El papel del entorno alimentario tóxico en la epidemia de obesidad

El papel del entorno alimentario tóxico en la epidemia de obesidad
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Las explicaciones inverosímiles de la epidemia de obesidad, como el sedentarismo o la falta de autodisciplina, sirven más a los intereses de los fabricantes y comercializadores que a la salud pública y al interés por la verdad.

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A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por José Monserrat voluntario activo en NutritionFacts.org.

Cuando se quiere descubrir las causas principales de la epidemia de obesidad parece haber una especie confusión fabricada. Los principales estudios dicen que las causas son muy complejas, difíciles de desentrañar. Tras revisar lo que se ha escrito, no considero que sea un gran misterio.

Es la comida.

Los intentos de ofuscación (que a menudo implican explicaciones inverosímiles como el estilo de vida sedentario o la falta de autodisciplina), atiende a los fabricantes y a los comercializadores antes que a la salud pública y al interés por la verdad. Al preguntar por el papel de los restaurantes en dicha epidemia, el presidente de la Asociación Nacional de Restaurantes respondió: “que tengamos electricidad no significa que tengas que electrocutarte”. Sí, pero están conectando electrodos de forma efectiva en los centros de recompensa del cerebro para socavar el autocontrol.

Es difícil comer saludablemente si tenemos que luchar contra las fuerzas evolutivas. Da igual cuanto sepamos de nutrición. Si vemos una pizza de pepperoni, la herencia ancestral de nuestros genes grita: “¡Cómetela!”. Quien dude del poder de los impulsos biológicos básicos debería ver cuánto aguanta sin parpadear o respirar. Cualquier decisión consciente de contener la respiración termina pronto por la compulsión de respirar. En medicina, a veces se habla de la falta de aire como “hambre de aire”. La batalla contra la barriguita es una batalla contra la biología. La obesidad no es un fallo moral. No es gula o pereza. Es una respuesta normal a la omnipresencia antinatural de los alimentos calóricos azucarados y grasos.

Al mar de exceso de calorías en el que flotamos (y en el que algunos nos ahogamos), se le ha denominado “entorno alimentario tóxico”. Esto aparta la atención del individuo y la centra en las fuerzas sociales puestas en marcha, como el hecho de que, de media, cada niño ve 10.000 anuncios de comida al año. Bueno, de pseudo comida, ya que el 95 % de los anuncios son de caramelos, comida rápida, dulces líquidos y dulces para el desayuno.

Pero… Un momento. Si ganar peso solo es una reacción natural a la gran disponibilidad de calorías sabrosas y baratas, ¿entonces porque no está todo el mundo gordo? Lo cierto es que casi todo el mundo lo está. Se ha estimado que más del 90% de los estadounidenses adultos tiene “exceso de grasa”, es decir, tiene un exceso de grasa suficiente para perjudicar la salud. Esto sucede incluso en individuos con un peso normal (a menudo debido al exceso de grasa abdominal). Pero incluso solo con mirar los números de la báscula se ve que tener sobrepeso es lo normal. Si observamos la campana de Gauss y nos ceñimos a los últimos datos, más del 70% de la población tiene sobrepeso, menos de un tercio tiene un peso normal y más de un tercio tiene tanto sobrepeso que incluso está obeso.

Pero si la culpa es de la comida,¿por qué no estamos todos gordos? Eso es como preguntar que si la culpa es de los cigarrillos ¿por qué no todos los fumadores tienen pulmón de cáncer? Existe una predisposición genética y otros riesgos que pueden inclinar la balanza. La gente nace con diferente predisposición a tener cáncer, pero eso no quita que fumar sea un factor decisivo a la hora de desarrollar cualquier riesgo inherente. Lo mismo ocurre con la obesidad y con el entorno alimentario tóxico. Es como la metáfora del arma: los genes cargan el arma, pero la dieta aprieta el gatillo. Y podemos intentar poner el seguro de nuevo dejando el tabaco y llevando una dieta más saludable.

Si encerramos a veinticuatro personas y les damos justo el mismo exceso calórico, todos engordarán, pero algunos lo harán más que otros. Sobrealimentarlos con 1000 calorías diarias, 6 días a la semana, en 100 días hace que se gane entre 4 y 13 kilos aproximadamente. Esas mismas 84 000 calorías extras hacen que se engorde de forma diferente. Hay gente que, genéticamente, está más predispuesta. Creemos que se debe a la genética porque las 24 personas del estudio fueron 12 pares de gemelos idénticos, y la diferencia en el peso ganado entre ellos fue de menos de un tercio. Un estudio parecido sobre la pérdida de peso por el ejercicio dio resultados similares. La genética es un factor importante, pero eso solo significa que hay gente que debe esforzarse más. Idealmente, heredar una predisposición a engordar no debería ser motivo para resignarse, sino para motivarse y esforzarse más para evitar tu destino.

Los avances en la elaboración y envasado, y las políticas gubernamentales y los folletos que fomentaban el uso de insumos baratos en la industria alimentaria trajeron una avalancha de productos sabrosos y rentables listos para comer, calentar o beber. Para calmar a los inversores impacientes, el marketing se hizo cada vez más omnipresente y persuasivo. Todos estos factores conspiraron para crear un acceso sin restricciones a alimentos copiosos, convenientes, baratos y altos en calorías, diseñados a propósito con aditivos químicos para que estimularan aún más sus sabores pero que saciaran menos.

A medida que nos hundimos en arenas movedizas de calorías, hace falta más energía mental para nadar contracorriente, contra el bombardeo constante de publicidad y en un panóptico constante de golosinas tentadoras al alcance de la mano. Hay tanta comida inundando el mercado que gran parte de ella acaba en la basura. El desperdicio de comida a aumentado progresivamente un 50% desde los setenta. Tal vez sea mejor que esté en el vertedero y no en nuestros estómagos. Muchos de estos alimentos grasos y baratos priorizan su caducidad sobre la vida humana.

Pero los muertos no comen. ¿Acaso no les interesa a las  empresas de alimentación que sus consumidores se mantengan sanos? Tal ingenuidad revela una falta de comprensión del sistema. La responsabilidad de una empresa pública es que los inversores obtengan beneficios. Considerando que la industria del tabaco produce productos que matan a la mitad de sus clientes más fieles… No se preocupan por la satisfacción del cliente, sino por la de los accionistas. El cliente siempre está en segundo lugar.

Así como el aumento de peso puede ser una reacción natural a un entorno alimentario obesogénico, los gobiernos y las empresas responden con normalidad a la realidad política y económica de nuestro sistema. ¿Se te ocurre una sola gran industria que se beneficiaría de que se comiera saludablemente? “Ni la agrícola, ni la alimentaria, ni los comercios, ni la hostelería, ni la dietética ni la farmaceútica”, escribió el profesora emérita Marion Nestle en un editorial de Science cuando fue presidenta de nutrición en la universidad de Nueva York. A todas les va mejor cuando comemos basura y todas emplean ejércitos de cabilderos para impedir que los gobiernos hagan algo al respecto.

Si parte del problema viene de la comodidad de sabor y precio, ¿la solución es que la comida sea difícil de encontrar, cara y asquerosa? ¿O es posible encontrar una solución que satisfaga a todos: platos fáciles, sanos, deliciosos y satisfactorios que ayuden a perder peso? Esa es la pregunta principal de mi último libro “How Not to Diet”. Léelo gratis en tu biblioteca más cercana.

Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

Video producción de Glass Entertainment

Gráficos de Avocado Video

A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por José Monserrat voluntario activo en NutritionFacts.org.

Cuando se quiere descubrir las causas principales de la epidemia de obesidad parece haber una especie confusión fabricada. Los principales estudios dicen que las causas son muy complejas, difíciles de desentrañar. Tras revisar lo que se ha escrito, no considero que sea un gran misterio.

Es la comida.

Los intentos de ofuscación (que a menudo implican explicaciones inverosímiles como el estilo de vida sedentario o la falta de autodisciplina), atiende a los fabricantes y a los comercializadores antes que a la salud pública y al interés por la verdad. Al preguntar por el papel de los restaurantes en dicha epidemia, el presidente de la Asociación Nacional de Restaurantes respondió: “que tengamos electricidad no significa que tengas que electrocutarte”. Sí, pero están conectando electrodos de forma efectiva en los centros de recompensa del cerebro para socavar el autocontrol.

Es difícil comer saludablemente si tenemos que luchar contra las fuerzas evolutivas. Da igual cuanto sepamos de nutrición. Si vemos una pizza de pepperoni, la herencia ancestral de nuestros genes grita: “¡Cómetela!”. Quien dude del poder de los impulsos biológicos básicos debería ver cuánto aguanta sin parpadear o respirar. Cualquier decisión consciente de contener la respiración termina pronto por la compulsión de respirar. En medicina, a veces se habla de la falta de aire como “hambre de aire”. La batalla contra la barriguita es una batalla contra la biología. La obesidad no es un fallo moral. No es gula o pereza. Es una respuesta normal a la omnipresencia antinatural de los alimentos calóricos azucarados y grasos.

Al mar de exceso de calorías en el que flotamos (y en el que algunos nos ahogamos), se le ha denominado “entorno alimentario tóxico”. Esto aparta la atención del individuo y la centra en las fuerzas sociales puestas en marcha, como el hecho de que, de media, cada niño ve 10.000 anuncios de comida al año. Bueno, de pseudo comida, ya que el 95 % de los anuncios son de caramelos, comida rápida, dulces líquidos y dulces para el desayuno.

Pero… Un momento. Si ganar peso solo es una reacción natural a la gran disponibilidad de calorías sabrosas y baratas, ¿entonces porque no está todo el mundo gordo? Lo cierto es que casi todo el mundo lo está. Se ha estimado que más del 90% de los estadounidenses adultos tiene “exceso de grasa”, es decir, tiene un exceso de grasa suficiente para perjudicar la salud. Esto sucede incluso en individuos con un peso normal (a menudo debido al exceso de grasa abdominal). Pero incluso solo con mirar los números de la báscula se ve que tener sobrepeso es lo normal. Si observamos la campana de Gauss y nos ceñimos a los últimos datos, más del 70% de la población tiene sobrepeso, menos de un tercio tiene un peso normal y más de un tercio tiene tanto sobrepeso que incluso está obeso.

Pero si la culpa es de la comida,¿por qué no estamos todos gordos? Eso es como preguntar que si la culpa es de los cigarrillos ¿por qué no todos los fumadores tienen pulmón de cáncer? Existe una predisposición genética y otros riesgos que pueden inclinar la balanza. La gente nace con diferente predisposición a tener cáncer, pero eso no quita que fumar sea un factor decisivo a la hora de desarrollar cualquier riesgo inherente. Lo mismo ocurre con la obesidad y con el entorno alimentario tóxico. Es como la metáfora del arma: los genes cargan el arma, pero la dieta aprieta el gatillo. Y podemos intentar poner el seguro de nuevo dejando el tabaco y llevando una dieta más saludable.

Si encerramos a veinticuatro personas y les damos justo el mismo exceso calórico, todos engordarán, pero algunos lo harán más que otros. Sobrealimentarlos con 1000 calorías diarias, 6 días a la semana, en 100 días hace que se gane entre 4 y 13 kilos aproximadamente. Esas mismas 84 000 calorías extras hacen que se engorde de forma diferente. Hay gente que, genéticamente, está más predispuesta. Creemos que se debe a la genética porque las 24 personas del estudio fueron 12 pares de gemelos idénticos, y la diferencia en el peso ganado entre ellos fue de menos de un tercio. Un estudio parecido sobre la pérdida de peso por el ejercicio dio resultados similares. La genética es un factor importante, pero eso solo significa que hay gente que debe esforzarse más. Idealmente, heredar una predisposición a engordar no debería ser motivo para resignarse, sino para motivarse y esforzarse más para evitar tu destino.

Los avances en la elaboración y envasado, y las políticas gubernamentales y los folletos que fomentaban el uso de insumos baratos en la industria alimentaria trajeron una avalancha de productos sabrosos y rentables listos para comer, calentar o beber. Para calmar a los inversores impacientes, el marketing se hizo cada vez más omnipresente y persuasivo. Todos estos factores conspiraron para crear un acceso sin restricciones a alimentos copiosos, convenientes, baratos y altos en calorías, diseñados a propósito con aditivos químicos para que estimularan aún más sus sabores pero que saciaran menos.

A medida que nos hundimos en arenas movedizas de calorías, hace falta más energía mental para nadar contracorriente, contra el bombardeo constante de publicidad y en un panóptico constante de golosinas tentadoras al alcance de la mano. Hay tanta comida inundando el mercado que gran parte de ella acaba en la basura. El desperdicio de comida a aumentado progresivamente un 50% desde los setenta. Tal vez sea mejor que esté en el vertedero y no en nuestros estómagos. Muchos de estos alimentos grasos y baratos priorizan su caducidad sobre la vida humana.

Pero los muertos no comen. ¿Acaso no les interesa a las  empresas de alimentación que sus consumidores se mantengan sanos? Tal ingenuidad revela una falta de comprensión del sistema. La responsabilidad de una empresa pública es que los inversores obtengan beneficios. Considerando que la industria del tabaco produce productos que matan a la mitad de sus clientes más fieles… No se preocupan por la satisfacción del cliente, sino por la de los accionistas. El cliente siempre está en segundo lugar.

Así como el aumento de peso puede ser una reacción natural a un entorno alimentario obesogénico, los gobiernos y las empresas responden con normalidad a la realidad política y económica de nuestro sistema. ¿Se te ocurre una sola gran industria que se beneficiaría de que se comiera saludablemente? “Ni la agrícola, ni la alimentaria, ni los comercios, ni la hostelería, ni la dietética ni la farmaceútica”, escribió el profesora emérita Marion Nestle en un editorial de Science cuando fue presidenta de nutrición en la universidad de Nueva York. A todas les va mejor cuando comemos basura y todas emplean ejércitos de cabilderos para impedir que los gobiernos hagan algo al respecto.

Si parte del problema viene de la comodidad de sabor y precio, ¿la solución es que la comida sea difícil de encontrar, cara y asquerosa? ¿O es posible encontrar una solución que satisfaga a todos: platos fáciles, sanos, deliciosos y satisfactorios que ayuden a perder peso? Esa es la pregunta principal de mi último libro “How Not to Diet”. Léelo gratis en tu biblioteca más cercana.

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Nota del Doctor

Este es el último video de esta serie. Si te has perdido alguno, aquí están todos: 

En realidad tengo un video más sobre el papel de la epigenética, pero quiero volver a algunos otros temas antes de volver a ellos. Ahora que ya nos hemos puesto en antecedentes, sin embargo, ¿qué hacemos realmente para perder peso? Mi último libro, How Not to Diet, trata sobre la pérdida de peso. Aquí está el Tráiler de Cómo no hacer dieta: Guía del Dr. Greger para adelgazar. 

Si no lo has hecho aún, puedes suscribirte a mis videos de forma gratuita haciendo click aquí.

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