Factores de riesgo y enfermedades asociadas modificables para la infección severa de COVID-19

Factores de riesgo y enfermedades asociadas modificables para la infección severa de COVID-19
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Hay cosas que puedes hacer ahora mismo para reducir el riesgo de enfermar de manera seria y morir de esta enfermedad.

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A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Viviana García voluntaria activa en NutritionFacts.org.

La severidad de COVID-19 varía ampliamente según las condiciones preexistentes. Aquellos con presión arterial alta tienen el doble de probabilidades de sufrir un episodio agudo y quienes padecen de enfermedad cardiovascular, una probabilidad tres veces mayor. Por otro lado, quienes sufren de cualquiera de estas condiciones son cuatro veces más propensos a ser admitidos en la unidad de cuidados intensivos. Quienes padecen EPOC, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, como el enfisema, parecen tener el mayor riesgo, con una probabilidad seis veces mayor de un brote agudo de COVID-19 y una probabilidad dieciocho veces mayor de ser admitidos en la UCI.

Sabemos que la exposición a la contaminación ambiental puede aumentar la susceptibilidad a las infecciones virales respiratorias y ese puede ser también el caso con COVID-19, ya que los niveles más altos de contaminantes parecieron estar correlacionados con las muertes por la pandemia. Pero mientras la contaminación puede influir en COVID-19, también COVID-19 puede influir en la contaminación. Mira estos datos satelitales de la NASA. Estos son los niveles de dióxido de nitrógeno antes de la pandemia y estos después del confinamiento. Así es como se veía el punto cero, la provincia de Wuhan, aproximadamente en esta misma época el año pasado y luego después de la pandemia. ¿Listos para un poco de ironía? La disminución de la contaminación ambiental posterior a la cuarentena es tan grande que, paradójicamente, la pandemia de COVID-19 puede haber disminuido el número total de muertes, al reducir drásticamente el número de fatalidades debidas a la contaminación ambiental, previniendo hasta 30 000 muertes mensuales en China. En otras palabras, la calidad del aire en China era tan mala que COVID-19 puede haber terminado salvando vidas. ¡Como unas mil al día! 

Un historial de fumador es un factor de riesgo en la progresión de la enfermedad, aunque, sorprendentemente, fumar activamente puede serlo o no serlo. Esta paradoja aparente puede darnos una pista sobre el porqué quienes tienen presión arterial alta parecen tener un mayor riesgo. 

Es fácil imaginar el porqué quienes padecen de enfermedad cardiaca tienen un mayor riesgo de empeorar al contraer COVID-19. Aún sin lesionar directamente el corazón, las enfermedades pulmonares pueden ejercer una enorme presión sobre este. Hasta un 30 por ciento de los pacientes hospitalizados con neumonía bacteriana desarrollan complicaciones cardiovasculares. Aproximadamente, uno de cada treinta y cinco sufre de paro cardiaco y quienes no, aún tienen un riesgo cuatro veces mayor de ataque cardiaco o apoplejía, dentro de los primeros treinta días después de ser dados de alta del hospital. Bien, pero ¿por qué el solo hecho de tener presión arterial alta es un factor de riesgo en la severidad de COVID-19? 

Bajo ciertas circunstancias, a quienes se les hospitaliza por neumonía bacteriana y sufren de hipertensión les puede ir aún mejor. Los investigadores especularon que esto puede deberse a los efectos antiinflamatorios de una clase común de medicamentos para la presión alta llamados inhibidores de la ECA (como lisinopril, del cual se dispensan más de cien millones de recetas anualmente solo en los Estados Unidos). Medicamentos bastante comunes. Y, de hecho, la gente que los usa no solo parece menos propensa a morir de neumonía, sino menos propensa, inclusive, a contagiarse de neumonía, en primer lugar. Irónicamente, esta misma razón por la cual quienes sufren de hipertensión pueden estar protegidos de la neumonía bacteriana puede ser también la razón por la cual los hipertensos están expuestos a un mayor riesgo de COVID-19.

Los medicamentos inhibidores de la ECA pueden ser antiinflamatorios, pero pueden también aumentar la expresión de ECA2, la cual, como recordarás, es la enzima a la cual se engancha la cresta de la proteína del virus COVID-19 en nuestros pulmones para infectar nuestras células y propagarse. Así que, tal vez la razón por la cual a aquellos con hipertensión parece irles peor, es que muchos de ellos usan esta clase de medicamentos, los cuales pueden volverlos más susceptibles a un ataque viral. 

La expresión de ECA2 se incrementa en algunas de estas condiciones comórbidas, pero la conexión del medicamento aún no se ha verificado. Así que se necesita, urgentemente más evidencia para confirmar la relación, si existe alguna, entre estos medicamentos para la presión arterial alta y COVID-19. Mientras tanto, este es un esquema que puede servirle de guía a tu médico. ¿Deberíamos retener todos los ECA? Bien, sin duda, quienes toman estos medicamentos para la falla cardiaca o la presión arterial alta aguda, o no controlada, deberían continuar tomándolos. (Definitivamente, cuando las UCI están sobrecargadas, no es el mejor momento para sufrir una apoplejía). Sin embargo, la mayoría de quienes toman estos medicamentos lo hacen para tratar una presión arterial alta que es leve y bien manejada y para aquellos pacientes, si están en alto riesgo de contraer COVID-19, los médicos pueden querer poner en consideración el descontinuar los medicamentos temporalmente, hasta que tengamos más información. Como siempre, nunca deberías simplemente cambiar o dejar de tomar medicamentos tú mismo, sin el asesoramiento del médico que te los recetó. 

Aquellos entre ustedes que me siguen en las redes sociales saben que, desde el principio, recomendé que la gente considere no tomar ibuprofeno innecesariamente, ya que es otro medicamento que se cree estimula la expresión de ECA2. Aunque la preocupación aún es teorética, ningún medicamento es completamente benigno. (Los medicamentos AINE, antiinflamatorios no esteroides como, por ejemplo, el ibuprofeno, causan daño al revestimiento intestinal de hasta un 80% en quienes los consumen). De esta manera, ningún medicamento se debe tomar si no hay necesidad. Igualmente, el uso de AINE, de ibuprofeno, no se recomienda enfáticamente en casos de infecciones del tracto respiratorio inferior, ya que se ha asociado a mayores tasas de complicaciones, tanto en niños como en adultos con neumonía. De hecho, la fiebre puede, en realidad, beneficiar en casos de COVID-19 y, probablemente, no se le debería tratar por todos los medios. Si tienes fiebre, las compresas frías en la cara te hacen sentir mejor, sin detener tu alta temperatura interna, la cual te puede estar ayudando a combatir la infección. Dicho esto, aquellos a quienes se les ha recetado una dosis baja de aspirina para la enfermedad cardiovascular deben seguir tomándola.

Para completar el mensaje, la conexión ECA2 también puede ofrecer algo de comprensión sobre los hallazgos inconsistentes entre quienes siguen fumando y quienes han dejado de fumar. La nicotina parece disminuir la ECA2. Así, mientras siempre es buena idea dejar de fumar, esto puede explicar el porqué los fumadores activos pueden o no necesariamente estar bajo un riesgo más significativo de la progresión de COVID-19. 

Revertir la diabetes tipo 2 puede ayudar, ya que aquellos con diabetes pueden sufrir un episodio más agudo. Lo mismo se aplica a los brotes mortales de coronavirus del pasado: SARS, síndrome respiratorio agudo grave y MERS, síndrome respiratorio de Oriente Medio.

“En este sentido, el virus ha resaltado nuestro talón de Aquiles a nivel global: la disfunción metabólica”, pero también “es una excelente oportunidad para contraatacar”. “Sin embargo, esa pelea no se ganará solo con Clorox, Purell, máscaras o medicamentos antiinflamatorios. La lucha solo se ganará a través de un compromiso serio para mejorar la salud metabólica fundamental de todos, empezando con la evidencia científica que tenemos más a la mano: intervenciones dietéticas y de estilo de vida”. En otras palabras, “consumir alimentos enteros frescos y ricos en fibra podría servir para mitigar parte de la abrumadora respuesta inmune proinflamatoria que parece agravarse en pacientes con COVID-19 que tienen diabetes y obesidad, y deben incluso ser incluidas en cualquier recomendación clínica hecha a pacientes o sistemas de salud durante esta pandemia”.

El exceso de grasa corporal, por sí solo, parece ser un factor de riesgo independiente de la diabetes. Aquellos con obesidad severa, que pesan más de 98 kilos, con la estatura promedio estadounidense de 1,70 m, tienen una probabilidad siete veces mayor de tener que ser conectados a un ventilador. Pero aún, el solo hecho de tener sobrepeso te pone en riesgo. Quienes tienen un índice de masa corporal (IMC) de 28 o más, aproximadamente 79 kilos con la estatura promedio, parecen tener una probabilidad casi seis veces mayor de sufrir un brote severo de COVID-19. Así que un IMC de 28 o más te pone bajo un riesgo más de 5 veces mayor; el IMC promedio en los Estados Unidos es más de 29. Así que no hablamos de ser obeso. El solo hecho de tener sobrepeso, de hecho, ser más delgado que el estadounidense promedio, te puede poner bajo un riesgo significativamente más alto. El exceso en el riesgo por demasiada grasa corporal puede surgir de una mayor inflamación sistémica, la grasa que cubre el corazón mismo o la restricción de la respiración causada por el excesivo tejido graso en la parte superior del cuerpo. Y esto aún sin tomar en cuenta el peso ya que, tristemente, la mayoría de los adultos estadounidenses mayores de 50 años sufren de una “comorbilidad” que puede ponerlos bajo riesgo como la enfermedad cardiaca, la enfermedad pulmonar, la diabetes, la presión arterial alta o el cáncer. 

Sé que ahora me asigné el rol de hablar sobre las enfermedades infecciosas, en lugar de hablar sobre la medicina del estilo de vida, pero no puedo dejar de mencionar que las mayores condiciones de comorbilidad para la severidad y muerte por COVID-19: la obesidad, la presión arterial alta, la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardiaca, todas se pueden controlar, e incluso revertir, con una alimentación lo suficientemente saludable, centrada en alimentos a base de vegetales no procesados. Por lo tanto, en términos del impacto de la nutrición, ahora más que nunca, debería dársele la prioridad máxima a un mayor acceso a alimentos saludables y los individuos deberían ser conscientes de los hábitos alimentarios saludables para reducir la susceptibilidad y las complicaciones a largo plazo por COVID19.

Sin embargo, no todos los factores de riesgo son modificables. La edad avanzada también es un factor de riesgo clave en la progresión y muerte por COVID-19. Aunque la enfermedad ha afectado desde recién nacidos, de solo días, hasta mayores de 90 años, la mayoría de los pacientes, aproximadamente el 90%, en una extensa serie de casos, están entre las edades de treinta y setenta y nueve. Sin embargo, la severidad de la enfermedad afecta de manera desproporcionada a individuos mayores. En China, la edad promedio de quienes requieren cuidados intensivos fue de sesenta y dos, en comparación con los casos que no los requieren, los cuales tuvieron una edad promedio de cuarenta y seis. En los Estados Unidos, aún aquellos de 65 años y mayores, sin enfermedades subyacentes u otros factores de riesgo, parecen tener que ser hospitalizados o llevados a las UCI, aproximadamente en una tasa tres veces mayor que la de aquellos en edades entre 19 y 64 años.

Aunque los medios de comunicación han sacado provecho de las historias de individuos jóvenes y sanos, con desenlaces severos e incluso mortales, aquellos menores de sesenta y cinco, sin condiciones médicas predisponentes subyacentes conocidas, pueden solo representar aproximadamente un 1% de las muertes por COVID-19. Corea del Sur tiene parte de la mejor información disponible, ya que hicieron pruebas de manera tan generalizada. Como puedes ver, de los casos confirmados, solo casi 1 entre 1000 murió siendo mayor de treinta o cuarenta. Así que si estás sano y estás entre los 30 y 40 años solo hay la probabilidad de 1 en mil de morir, pero para aquellos mayores de 50 años, aumenta a casi 1 en 200. De entre aquellos mayores de 60 años, muere casi 1 en 50. Entre aquellos mayores de 70 años, se acerca a 1 en 14 y entre aquellos mayores de 80 años casi 1 entre 5 perdieron sus vidas por COVID-19. 

Aunque la falta relativa de pruebas, hace que la información de los Estados Unidos sea menos confiable, con base en unos pocos de los primeros casos en estadounidenses, que se acaban de publicar, puedes ver que estos riesgos de muerte relacionados con la edad son similares. Ten en cuenta que son porcentajes. Muchos más jóvenes se han infectado, así que, si solo miras las cifras absolutas, puedes ver una gran proporción de gente siendo hospitalizada y enviada a las UCI que son mayores de 20, 30, 40 y 50 años. Muchos individuos más jóvenes y de mediana edad están sufriendo considerable enfermedad, pero la vulnerabilidad de nuestros mayores a la pandemia se ilustró con el punto cero del primer brote masivo en los Estados Unidos, un hogar de ancianos en el estado de Washington. De los 130 residentes del hogar, 101 se infectaron… y un tercio perdió la vida.

Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

Gráficos de AvoMedia

Créditos de la imagen: H_Ko vía Adobe Stock. La imagen ha sido modificada.

A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Viviana García voluntaria activa en NutritionFacts.org.

La severidad de COVID-19 varía ampliamente según las condiciones preexistentes. Aquellos con presión arterial alta tienen el doble de probabilidades de sufrir un episodio agudo y quienes padecen de enfermedad cardiovascular, una probabilidad tres veces mayor. Por otro lado, quienes sufren de cualquiera de estas condiciones son cuatro veces más propensos a ser admitidos en la unidad de cuidados intensivos. Quienes padecen EPOC, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, como el enfisema, parecen tener el mayor riesgo, con una probabilidad seis veces mayor de un brote agudo de COVID-19 y una probabilidad dieciocho veces mayor de ser admitidos en la UCI.

Sabemos que la exposición a la contaminación ambiental puede aumentar la susceptibilidad a las infecciones virales respiratorias y ese puede ser también el caso con COVID-19, ya que los niveles más altos de contaminantes parecieron estar correlacionados con las muertes por la pandemia. Pero mientras la contaminación puede influir en COVID-19, también COVID-19 puede influir en la contaminación. Mira estos datos satelitales de la NASA. Estos son los niveles de dióxido de nitrógeno antes de la pandemia y estos después del confinamiento. Así es como se veía el punto cero, la provincia de Wuhan, aproximadamente en esta misma época el año pasado y luego después de la pandemia. ¿Listos para un poco de ironía? La disminución de la contaminación ambiental posterior a la cuarentena es tan grande que, paradójicamente, la pandemia de COVID-19 puede haber disminuido el número total de muertes, al reducir drásticamente el número de fatalidades debidas a la contaminación ambiental, previniendo hasta 30 000 muertes mensuales en China. En otras palabras, la calidad del aire en China era tan mala que COVID-19 puede haber terminado salvando vidas. ¡Como unas mil al día! 

Un historial de fumador es un factor de riesgo en la progresión de la enfermedad, aunque, sorprendentemente, fumar activamente puede serlo o no serlo. Esta paradoja aparente puede darnos una pista sobre el porqué quienes tienen presión arterial alta parecen tener un mayor riesgo. 

Es fácil imaginar el porqué quienes padecen de enfermedad cardiaca tienen un mayor riesgo de empeorar al contraer COVID-19. Aún sin lesionar directamente el corazón, las enfermedades pulmonares pueden ejercer una enorme presión sobre este. Hasta un 30 por ciento de los pacientes hospitalizados con neumonía bacteriana desarrollan complicaciones cardiovasculares. Aproximadamente, uno de cada treinta y cinco sufre de paro cardiaco y quienes no, aún tienen un riesgo cuatro veces mayor de ataque cardiaco o apoplejía, dentro de los primeros treinta días después de ser dados de alta del hospital. Bien, pero ¿por qué el solo hecho de tener presión arterial alta es un factor de riesgo en la severidad de COVID-19? 

Bajo ciertas circunstancias, a quienes se les hospitaliza por neumonía bacteriana y sufren de hipertensión les puede ir aún mejor. Los investigadores especularon que esto puede deberse a los efectos antiinflamatorios de una clase común de medicamentos para la presión alta llamados inhibidores de la ECA (como lisinopril, del cual se dispensan más de cien millones de recetas anualmente solo en los Estados Unidos). Medicamentos bastante comunes. Y, de hecho, la gente que los usa no solo parece menos propensa a morir de neumonía, sino menos propensa, inclusive, a contagiarse de neumonía, en primer lugar. Irónicamente, esta misma razón por la cual quienes sufren de hipertensión pueden estar protegidos de la neumonía bacteriana puede ser también la razón por la cual los hipertensos están expuestos a un mayor riesgo de COVID-19.

Los medicamentos inhibidores de la ECA pueden ser antiinflamatorios, pero pueden también aumentar la expresión de ECA2, la cual, como recordarás, es la enzima a la cual se engancha la cresta de la proteína del virus COVID-19 en nuestros pulmones para infectar nuestras células y propagarse. Así que, tal vez la razón por la cual a aquellos con hipertensión parece irles peor, es que muchos de ellos usan esta clase de medicamentos, los cuales pueden volverlos más susceptibles a un ataque viral. 

La expresión de ECA2 se incrementa en algunas de estas condiciones comórbidas, pero la conexión del medicamento aún no se ha verificado. Así que se necesita, urgentemente más evidencia para confirmar la relación, si existe alguna, entre estos medicamentos para la presión arterial alta y COVID-19. Mientras tanto, este es un esquema que puede servirle de guía a tu médico. ¿Deberíamos retener todos los ECA? Bien, sin duda, quienes toman estos medicamentos para la falla cardiaca o la presión arterial alta aguda, o no controlada, deberían continuar tomándolos. (Definitivamente, cuando las UCI están sobrecargadas, no es el mejor momento para sufrir una apoplejía). Sin embargo, la mayoría de quienes toman estos medicamentos lo hacen para tratar una presión arterial alta que es leve y bien manejada y para aquellos pacientes, si están en alto riesgo de contraer COVID-19, los médicos pueden querer poner en consideración el descontinuar los medicamentos temporalmente, hasta que tengamos más información. Como siempre, nunca deberías simplemente cambiar o dejar de tomar medicamentos tú mismo, sin el asesoramiento del médico que te los recetó. 

Aquellos entre ustedes que me siguen en las redes sociales saben que, desde el principio, recomendé que la gente considere no tomar ibuprofeno innecesariamente, ya que es otro medicamento que se cree estimula la expresión de ECA2. Aunque la preocupación aún es teorética, ningún medicamento es completamente benigno. (Los medicamentos AINE, antiinflamatorios no esteroides como, por ejemplo, el ibuprofeno, causan daño al revestimiento intestinal de hasta un 80% en quienes los consumen). De esta manera, ningún medicamento se debe tomar si no hay necesidad. Igualmente, el uso de AINE, de ibuprofeno, no se recomienda enfáticamente en casos de infecciones del tracto respiratorio inferior, ya que se ha asociado a mayores tasas de complicaciones, tanto en niños como en adultos con neumonía. De hecho, la fiebre puede, en realidad, beneficiar en casos de COVID-19 y, probablemente, no se le debería tratar por todos los medios. Si tienes fiebre, las compresas frías en la cara te hacen sentir mejor, sin detener tu alta temperatura interna, la cual te puede estar ayudando a combatir la infección. Dicho esto, aquellos a quienes se les ha recetado una dosis baja de aspirina para la enfermedad cardiovascular deben seguir tomándola.

Para completar el mensaje, la conexión ECA2 también puede ofrecer algo de comprensión sobre los hallazgos inconsistentes entre quienes siguen fumando y quienes han dejado de fumar. La nicotina parece disminuir la ECA2. Así, mientras siempre es buena idea dejar de fumar, esto puede explicar el porqué los fumadores activos pueden o no necesariamente estar bajo un riesgo más significativo de la progresión de COVID-19. 

Revertir la diabetes tipo 2 puede ayudar, ya que aquellos con diabetes pueden sufrir un episodio más agudo. Lo mismo se aplica a los brotes mortales de coronavirus del pasado: SARS, síndrome respiratorio agudo grave y MERS, síndrome respiratorio de Oriente Medio.

“En este sentido, el virus ha resaltado nuestro talón de Aquiles a nivel global: la disfunción metabólica”, pero también “es una excelente oportunidad para contraatacar”. “Sin embargo, esa pelea no se ganará solo con Clorox, Purell, máscaras o medicamentos antiinflamatorios. La lucha solo se ganará a través de un compromiso serio para mejorar la salud metabólica fundamental de todos, empezando con la evidencia científica que tenemos más a la mano: intervenciones dietéticas y de estilo de vida”. En otras palabras, “consumir alimentos enteros frescos y ricos en fibra podría servir para mitigar parte de la abrumadora respuesta inmune proinflamatoria que parece agravarse en pacientes con COVID-19 que tienen diabetes y obesidad, y deben incluso ser incluidas en cualquier recomendación clínica hecha a pacientes o sistemas de salud durante esta pandemia”.

El exceso de grasa corporal, por sí solo, parece ser un factor de riesgo independiente de la diabetes. Aquellos con obesidad severa, que pesan más de 98 kilos, con la estatura promedio estadounidense de 1,70 m, tienen una probabilidad siete veces mayor de tener que ser conectados a un ventilador. Pero aún, el solo hecho de tener sobrepeso te pone en riesgo. Quienes tienen un índice de masa corporal (IMC) de 28 o más, aproximadamente 79 kilos con la estatura promedio, parecen tener una probabilidad casi seis veces mayor de sufrir un brote severo de COVID-19. Así que un IMC de 28 o más te pone bajo un riesgo más de 5 veces mayor; el IMC promedio en los Estados Unidos es más de 29. Así que no hablamos de ser obeso. El solo hecho de tener sobrepeso, de hecho, ser más delgado que el estadounidense promedio, te puede poner bajo un riesgo significativamente más alto. El exceso en el riesgo por demasiada grasa corporal puede surgir de una mayor inflamación sistémica, la grasa que cubre el corazón mismo o la restricción de la respiración causada por el excesivo tejido graso en la parte superior del cuerpo. Y esto aún sin tomar en cuenta el peso ya que, tristemente, la mayoría de los adultos estadounidenses mayores de 50 años sufren de una “comorbilidad” que puede ponerlos bajo riesgo como la enfermedad cardiaca, la enfermedad pulmonar, la diabetes, la presión arterial alta o el cáncer. 

Sé que ahora me asigné el rol de hablar sobre las enfermedades infecciosas, en lugar de hablar sobre la medicina del estilo de vida, pero no puedo dejar de mencionar que las mayores condiciones de comorbilidad para la severidad y muerte por COVID-19: la obesidad, la presión arterial alta, la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardiaca, todas se pueden controlar, e incluso revertir, con una alimentación lo suficientemente saludable, centrada en alimentos a base de vegetales no procesados. Por lo tanto, en términos del impacto de la nutrición, ahora más que nunca, debería dársele la prioridad máxima a un mayor acceso a alimentos saludables y los individuos deberían ser conscientes de los hábitos alimentarios saludables para reducir la susceptibilidad y las complicaciones a largo plazo por COVID19.

Sin embargo, no todos los factores de riesgo son modificables. La edad avanzada también es un factor de riesgo clave en la progresión y muerte por COVID-19. Aunque la enfermedad ha afectado desde recién nacidos, de solo días, hasta mayores de 90 años, la mayoría de los pacientes, aproximadamente el 90%, en una extensa serie de casos, están entre las edades de treinta y setenta y nueve. Sin embargo, la severidad de la enfermedad afecta de manera desproporcionada a individuos mayores. En China, la edad promedio de quienes requieren cuidados intensivos fue de sesenta y dos, en comparación con los casos que no los requieren, los cuales tuvieron una edad promedio de cuarenta y seis. En los Estados Unidos, aún aquellos de 65 años y mayores, sin enfermedades subyacentes u otros factores de riesgo, parecen tener que ser hospitalizados o llevados a las UCI, aproximadamente en una tasa tres veces mayor que la de aquellos en edades entre 19 y 64 años.

Aunque los medios de comunicación han sacado provecho de las historias de individuos jóvenes y sanos, con desenlaces severos e incluso mortales, aquellos menores de sesenta y cinco, sin condiciones médicas predisponentes subyacentes conocidas, pueden solo representar aproximadamente un 1% de las muertes por COVID-19. Corea del Sur tiene parte de la mejor información disponible, ya que hicieron pruebas de manera tan generalizada. Como puedes ver, de los casos confirmados, solo casi 1 entre 1000 murió siendo mayor de treinta o cuarenta. Así que si estás sano y estás entre los 30 y 40 años solo hay la probabilidad de 1 en mil de morir, pero para aquellos mayores de 50 años, aumenta a casi 1 en 200. De entre aquellos mayores de 60 años, muere casi 1 en 50. Entre aquellos mayores de 70 años, se acerca a 1 en 14 y entre aquellos mayores de 80 años casi 1 entre 5 perdieron sus vidas por COVID-19. 

Aunque la falta relativa de pruebas, hace que la información de los Estados Unidos sea menos confiable, con base en unos pocos de los primeros casos en estadounidenses, que se acaban de publicar, puedes ver que estos riesgos de muerte relacionados con la edad son similares. Ten en cuenta que son porcentajes. Muchos más jóvenes se han infectado, así que, si solo miras las cifras absolutas, puedes ver una gran proporción de gente siendo hospitalizada y enviada a las UCI que son mayores de 20, 30, 40 y 50 años. Muchos individuos más jóvenes y de mediana edad están sufriendo considerable enfermedad, pero la vulnerabilidad de nuestros mayores a la pandemia se ilustró con el punto cero del primer brote masivo en los Estados Unidos, un hogar de ancianos en el estado de Washington. De los 130 residentes del hogar, 101 se infectaron… y un tercio perdió la vida.

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Créditos de la imagen: H_Ko vía Adobe Stock. La imagen ha sido modificada.

Nota del Doctor

Escuchaste bien, hablé sobre revertir la diabetes, las enfermedades cardiacas y la hipertensión:

Este es el octavo de una serie de diecisiete videos sobre COVID-19 y pandemias. Los primeros siete fueron:

Y los próximos serán:

Tengo la serie completa (en inglés) disponible para descargarla gratuitamente en DrGreger.org y puedes ahondar un poco más en mi nuevo libro (disponible solo en inglés) How to Survive a Pandemic, en caso de que no lo sepas, todas las ganancias de las ventas de este libro son donadas a instituciones para la prevención de pandemias.

Si no lo has hecho aún, puedes suscribirte a mis videos de forma gratuita haciendo click aquí.

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