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Cerca de 130 000 estadounidenses mueren anualmente a causa de las apoplejíaa, una de las enfermedades cerebrales más serias. Las apoplejías pueden matar inmediatamente y sin previo aviso. La mayoría pueden considerarse ataques cerebrales, como ataques cardiacos, pero la ruptura de las placas en nuestras arterias corta el flujo sanguíneo a algunas partes del cerebro, en lugar de al corazón.

Cerca del 90% de las apoplejías son isquémicas, del latin ischaemia que significa “detener la sangre”. El flujo sanguíneo a ciertas partes del cerebro se detiene, lo que lo priva de oxígeno y mata a la parte que alimenta la arteria congestionada. Una pequeña minoría de las apoplejías son hemorrágicas, causadas por un sangrado en el cerebro cuando un vaso sanguíneo estalla. Las personas que experimentan una apoplejía breve puede que solo lidien con debilidad en el brazo, mientras que aquellos que experimentan una apoplejía más grave pueden enfrentarse a parálisis, perder la habilidad para hablar o incluso la muerte.

El coágulo puede durar solamente un breve momento, no tanto como para notarlo, pero sí lo suficiente como para matar una pequeña parte del cerebro. Estas “apoplejías silenciosas” pueden multiplicarse y reducir la función cognitiva hasta desarrollar una demencia. Al igual que con las enfermedades cardiacas, una dieta a base de plantas puede reducir el riesgo de apoplejía al reducir el colesterol, y la presión sanguínea al mejorar el flujo sanguíneo y la capacidad antioxidante.

Una ingesta alta de fibra también puede ayudar a prevenir las apoplejías. La fibra está presente naturalmente en un solo lugar: los alimentos integrales a base de plantas. Los alimentos procesados tienen menos fibra y los de origen animal simplemente no tienen. Incrementar la ingesta de fibra por solo 7 gramos al día está relacionado con una disminución de un 7% en el riesgo de apoplejía.

Aunque las apoplejías son consideradas como una enfermedad de la edad avanzada, los factores de riesgo se acumulan desde la infancia. Cientos de niños fueron seguidos por 24 años desde la adolescencia hasta que fueron adultos y se encontró que una baja ingesta de fibra a una edad temprana se asocia con el endurecimiento de las arterias que conducen al cerebro, un factor de riesgo clave.

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