Una vida más larga a unos pasos

Una vida más larga a unos pasos
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Investigadores han descubierto que hacer ejercicio de manera frecuente a menudo funciona tan bien como los medicamentos en el tratamiento de la enfermedad cardíaca, las apoplejías y para la prevención de la diabetes. El ejercicio es la medicina.

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La inactividad física ha sido denominada el mayor problema de salud pública del siglo 21. Por supuesto, sólo porque alguien lo llama así no significa que sea verdad, de hecho la inactividad física se ubica en la posición # 5 en términos de factores de riesgo de muerte, y # 6 en términos de factores de riesgo de discapacidad. La dieta es, de lejos, la mayor culpable, seguida por el tabaquismo.

Pero, aún así, hay pruebas irrefutables sobre la eficacia de la actividad física frecuente en la prevención de varias enfermedades crónicas—como las enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer, hipertensión, obesidad, depresión y osteoporosis—, así como también la muerte prematura, sumando uno o dos años de vida adicionales a nuestra esperanza de vida, ayudando a añadir años a nuestra vida y, sobre todo, vida a nuestros años. Realmente puede que sea la supervivencia del más sano.

¿Cuánto ejercicio tenemos que hacer? En general, la respuesta es cuanto más mejor. En la actualidad, la mayoría de las organizaciones de salud abogan por un mínimo de mil calorías de ejercicio a la semana, que es como caminar una hora al día cinco días a la semana. Pero siete días a la semana puede ser aún mejor en términos de extender nuestra vida. Una intensidad moderada puede ser definida de forma práctica con “la prueba de hablar, pero no cantar”: poder mantener una conversación aún mientras hacemos ejercicio, pero sintiendo que nos falta el aliento si intentáramos cantar.

El ejercicio es tan importante que no caminar una hora al día se considera un comportamiento de alto riesgo, junto con fumar, el consumo excesivo de alcohol y la obesidad. Tener cualquiera de estas condiciones nos envejece de tres a cinco años en términos de riesgo de morir prematuramente, aunque curiosamente quienes comen verduras de hoja verde diariamente no parecen tener el mismo aumento en el factor de riesgo. Incluso si los que no caminan pero comen brócoli viven tanto como los caminantes, hay una multitud de beneficios adicionales para la salud en la actividad física. Tanto es así que se incentiva a los médicos a recetarla, para indicarle al paciente que el ejercicio es medicina. De hecho, una muy potente medicina.

Los investigadores de la “London School”, “Harvard” y “Stanford” compararon el ejercicio con las intervenciones farmacológicas y encontraron que el ejercicio a menudo funcionó tan bien como los medicamentos a la hora de tratar la enfermedad cardíaca y la apoplejía, y para la prevención de la diabetes. Claro que no hay muchos fondos para financiar estudios sobre el ejercicio físico, por lo que una opción sería exigir a las compañías farmacéuticas que comparen cualquier fármaco nuevo con la actividad física. En casos en los que las drogas sólo proporcionan beneficios modestos, los pacientes merecen comprender el impacto relativo que la actividad física puede tener sobre su condición. Podríamos también agregar la dieta a la mezcla. Sí, la “FDA” (Food and Drug Administration – Agencia de Drogas y Alimentos) podría decirle a las compañías farmacéuticas: su nuevo fármaco supera al placebo pero, ¿funciona tan bien como el kale?

Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. Esto es sólo una aproximación del audio contribuida por Katie Schloer. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Gabriela Malamud y Adrián Bravo López.

Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

Imágenes gracias a Nemo a través de Pixabay.

La inactividad física ha sido denominada el mayor problema de salud pública del siglo 21. Por supuesto, sólo porque alguien lo llama así no significa que sea verdad, de hecho la inactividad física se ubica en la posición # 5 en términos de factores de riesgo de muerte, y # 6 en términos de factores de riesgo de discapacidad. La dieta es, de lejos, la mayor culpable, seguida por el tabaquismo.

Pero, aún así, hay pruebas irrefutables sobre la eficacia de la actividad física frecuente en la prevención de varias enfermedades crónicas—como las enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer, hipertensión, obesidad, depresión y osteoporosis—, así como también la muerte prematura, sumando uno o dos años de vida adicionales a nuestra esperanza de vida, ayudando a añadir años a nuestra vida y, sobre todo, vida a nuestros años. Realmente puede que sea la supervivencia del más sano.

¿Cuánto ejercicio tenemos que hacer? En general, la respuesta es cuanto más mejor. En la actualidad, la mayoría de las organizaciones de salud abogan por un mínimo de mil calorías de ejercicio a la semana, que es como caminar una hora al día cinco días a la semana. Pero siete días a la semana puede ser aún mejor en términos de extender nuestra vida. Una intensidad moderada puede ser definida de forma práctica con “la prueba de hablar, pero no cantar”: poder mantener una conversación aún mientras hacemos ejercicio, pero sintiendo que nos falta el aliento si intentáramos cantar.

El ejercicio es tan importante que no caminar una hora al día se considera un comportamiento de alto riesgo, junto con fumar, el consumo excesivo de alcohol y la obesidad. Tener cualquiera de estas condiciones nos envejece de tres a cinco años en términos de riesgo de morir prematuramente, aunque curiosamente quienes comen verduras de hoja verde diariamente no parecen tener el mismo aumento en el factor de riesgo. Incluso si los que no caminan pero comen brócoli viven tanto como los caminantes, hay una multitud de beneficios adicionales para la salud en la actividad física. Tanto es así que se incentiva a los médicos a recetarla, para indicarle al paciente que el ejercicio es medicina. De hecho, una muy potente medicina.

Los investigadores de la “London School”, “Harvard” y “Stanford” compararon el ejercicio con las intervenciones farmacológicas y encontraron que el ejercicio a menudo funcionó tan bien como los medicamentos a la hora de tratar la enfermedad cardíaca y la apoplejía, y para la prevención de la diabetes. Claro que no hay muchos fondos para financiar estudios sobre el ejercicio físico, por lo que una opción sería exigir a las compañías farmacéuticas que comparen cualquier fármaco nuevo con la actividad física. En casos en los que las drogas sólo proporcionan beneficios modestos, los pacientes merecen comprender el impacto relativo que la actividad física puede tener sobre su condición. Podríamos también agregar la dieta a la mezcla. Sí, la “FDA” (Food and Drug Administration – Agencia de Drogas y Alimentos) podría decirle a las compañías farmacéuticas: su nuevo fármaco supera al placebo pero, ¿funciona tan bien como el kale?

Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. Esto es sólo una aproximación del audio contribuida por Katie Schloer. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Gabriela Malamud y Adrián Bravo López.

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