¿Se puede revertir la obesidad mórbida a través de la alimentación?

¿Se puede revertir la obesidad mórbida a través de la alimentación?
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¿Era tan extrema la dieta del arroz del Dr. Kempner, comparada con el enfoque quirúrgico tradicional, y hay una alternativa más segura?

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El Dr. Walter Kempner fue el primero en introducir un programa dietético integral para tratar la enfermedad renal crónica, y al hacerlo, también revolucionó el tratamiento para otras enfermedades, incluyendo la obesidad. Kempner era Profesor Emeritus de Medicina en Duke, donde se le ocurrió la llamada “dieta del arroz”, la cual básicamente consistía en arroz, azúcar, frutas, y zumos de fruta. Extremadamente baja sodio, baja en grasa, nada de grasa animal, nada de colesterol, y nada de proteína animal. El azúcar fue añadido como fuente de calorías para que la gente no perdiera demasiado peso. Pero algunos necesitaban perder peso, así que empezó a tratar a los pacientes obesos con una versión de la dieta más baja en calorías. 

Publicó este análisis de 106 pacientes, los cuales perdieron por lo menos 100 libras (45kg) -no porque solo hubiera 106. Sólo estaba escogiendo las últimas 100 personas que perdieron más de 100 libras, y cuando terminó de mirar sus gráficos, seis más se habían unido al llamado “club de la centuria”. El promedio de pérdida de peso entre ellos fue de 141 libras (65 kg). Este estudio demuestra que las personas masivamente obesas pueden lograr una notable reducción de peso -incluso normalizarlo- sin hospitalización, cirugía, o intervención farmacológica. Este es un gráfico del peso de alguien que perdió, en un año, aproximadamente 300 libras (136 kg): pasó de 430 libras a 130. 

Un factor importante a mencionar sobre este estudio es que, a pesar de lo que se suele pensar, la obesidad mórbida no es un mal incorregible. Perder peso es posible, y la obesidad se puede corregir, y se puede hacer sin intervenciones drásticas. 

Bueno, la dieta del arroz es bastante drástica. Definitivamente no lo intentes en casa. La dieta del arroz es peligrosa. Es tan restrictiva que “podría causar serios desequilibrios electrolíticos, a menos que el paciente sea cuidadosamente supervisado médicamente con frecuentes exámenes de laboratorio de sangre y orina” ¿Peligrosa, según quién? Esto dijo el defensor número 1 de la dieta del arroz -el mismo Dr. Kempner. 

La mejor y más segura aproximación a la dieta, es decir, baja en sodio y también sin grasa animal, proteína animal, ni colesterol, sería una dieta fortificada con vitamina B12, centrada en alimentos de origen vegetal y sin procesar. Pero incluso la dieta del arroz médicamente supervisada se puede considerar no tan drástica comparada con que te grapen tus órganos internos, o te los reordenen, que te cierren la mandíbula con alambre, o incluso la cirugía cerebral. 

Se han hecho intentos para destruir las partes del cerebro que están asociadas con la sensación del hambre, por medio de la irradiación, o atravesando el cráneo y quemándolas. Esto demuestra la ineficacia de la mayoría de las formas más simples de tratamiento de la obesidad, como para que alguien pueda considerar razonable someter a pacientes muy obesos a lesiones intracraneales irreversibles en el cerebro.

Los cirujanos defendieron estos procedimientos, explicando que su justificación para operar era, por supuesto, los malos resultados de las terapias convencionales contra la obesidad grave, y el oscuro pronóstico, mental y físico, de la condición sin corregir. A lo cual un crítico respondió: “sentimientos tan fuertes (sobre lo oscuro que es el pronóstico) corren el riesgo de ser transmitidos al paciente, de forma que enmascaran los peligros operativos (de la cirugía experimental) y deja sin opciones al paciente, al cual no le queda más remedio que aceptar”. A lo cual el cirujano respondió: “si alguien está eliminando todas las opciones son los pacientes, amenazando con suicidarse si no son admitidos al tratamiento quirúrgico experimental”.

En 2013, la Asociación Norteamericana de Medicina (American Medical Association) declaró oficialmente a la obesidad como una enfermedad, identificando el enorme “impacto… humanitario de la obesidad requiriendo cuidado médico y atención de otras enfermedades”. Pero la forma en la que tratamos las enfermedades hoy en día es por medio de los fármacos y cirugía. Fármacos anti obesidad han sido retirados del mercado una y otra vez, después de empezar a matar gente: es la “caída implacable del tratamiento farmacológico de la obesidad”.

Lo mismo ha pasado con las cirugías para la obesidad. El procedimiento del cual Kempner escribió fue descontinuado por causar cirrosis irreversible del hígado. Aquí están los procedimientos actuales, incluyendo varias reconfiguraciones del tracto digestivo. Complicaciones en la cirugía ocurren en al menos el 20% de los pacientes, donde casi 1 de cada 10 puede ser letal. En uno de los estudios más grandes, 1,9% de los pacientes se murieron un mes después de haberse hecho la cirugía. “Incluso si la cirugía demuestra ser sosteniblemente efectiva, la necesidad de depender en la reorganización de nuestra anatomía como una alternativa a un uso mejor de nuestros pies y tenedores (ejercicio y alimentación) parece una farsa social”.

Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. Esto es sólo una aproximación del audio contribuida por Katie Schloer. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Luis Hernández y Ángela Graña Varela.

Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

El Dr. Walter Kempner fue el primero en introducir un programa dietético integral para tratar la enfermedad renal crónica, y al hacerlo, también revolucionó el tratamiento para otras enfermedades, incluyendo la obesidad. Kempner era Profesor Emeritus de Medicina en Duke, donde se le ocurrió la llamada “dieta del arroz”, la cual básicamente consistía en arroz, azúcar, frutas, y zumos de fruta. Extremadamente baja sodio, baja en grasa, nada de grasa animal, nada de colesterol, y nada de proteína animal. El azúcar fue añadido como fuente de calorías para que la gente no perdiera demasiado peso. Pero algunos necesitaban perder peso, así que empezó a tratar a los pacientes obesos con una versión de la dieta más baja en calorías. 

Publicó este análisis de 106 pacientes, los cuales perdieron por lo menos 100 libras (45kg) -no porque solo hubiera 106. Sólo estaba escogiendo las últimas 100 personas que perdieron más de 100 libras, y cuando terminó de mirar sus gráficos, seis más se habían unido al llamado “club de la centuria”. El promedio de pérdida de peso entre ellos fue de 141 libras (65 kg). Este estudio demuestra que las personas masivamente obesas pueden lograr una notable reducción de peso -incluso normalizarlo- sin hospitalización, cirugía, o intervención farmacológica. Este es un gráfico del peso de alguien que perdió, en un año, aproximadamente 300 libras (136 kg): pasó de 430 libras a 130. 

Un factor importante a mencionar sobre este estudio es que, a pesar de lo que se suele pensar, la obesidad mórbida no es un mal incorregible. Perder peso es posible, y la obesidad se puede corregir, y se puede hacer sin intervenciones drásticas. 

Bueno, la dieta del arroz es bastante drástica. Definitivamente no lo intentes en casa. La dieta del arroz es peligrosa. Es tan restrictiva que “podría causar serios desequilibrios electrolíticos, a menos que el paciente sea cuidadosamente supervisado médicamente con frecuentes exámenes de laboratorio de sangre y orina” ¿Peligrosa, según quién? Esto dijo el defensor número 1 de la dieta del arroz -el mismo Dr. Kempner. 

La mejor y más segura aproximación a la dieta, es decir, baja en sodio y también sin grasa animal, proteína animal, ni colesterol, sería una dieta fortificada con vitamina B12, centrada en alimentos de origen vegetal y sin procesar. Pero incluso la dieta del arroz médicamente supervisada se puede considerar no tan drástica comparada con que te grapen tus órganos internos, o te los reordenen, que te cierren la mandíbula con alambre, o incluso la cirugía cerebral. 

Se han hecho intentos para destruir las partes del cerebro que están asociadas con la sensación del hambre, por medio de la irradiación, o atravesando el cráneo y quemándolas. Esto demuestra la ineficacia de la mayoría de las formas más simples de tratamiento de la obesidad, como para que alguien pueda considerar razonable someter a pacientes muy obesos a lesiones intracraneales irreversibles en el cerebro.

Los cirujanos defendieron estos procedimientos, explicando que su justificación para operar era, por supuesto, los malos resultados de las terapias convencionales contra la obesidad grave, y el oscuro pronóstico, mental y físico, de la condición sin corregir. A lo cual un crítico respondió: “sentimientos tan fuertes (sobre lo oscuro que es el pronóstico) corren el riesgo de ser transmitidos al paciente, de forma que enmascaran los peligros operativos (de la cirugía experimental) y deja sin opciones al paciente, al cual no le queda más remedio que aceptar”. A lo cual el cirujano respondió: “si alguien está eliminando todas las opciones son los pacientes, amenazando con suicidarse si no son admitidos al tratamiento quirúrgico experimental”.

En 2013, la Asociación Norteamericana de Medicina (American Medical Association) declaró oficialmente a la obesidad como una enfermedad, identificando el enorme “impacto… humanitario de la obesidad requiriendo cuidado médico y atención de otras enfermedades”. Pero la forma en la que tratamos las enfermedades hoy en día es por medio de los fármacos y cirugía. Fármacos anti obesidad han sido retirados del mercado una y otra vez, después de empezar a matar gente: es la “caída implacable del tratamiento farmacológico de la obesidad”.

Lo mismo ha pasado con las cirugías para la obesidad. El procedimiento del cual Kempner escribió fue descontinuado por causar cirrosis irreversible del hígado. Aquí están los procedimientos actuales, incluyendo varias reconfiguraciones del tracto digestivo. Complicaciones en la cirugía ocurren en al menos el 20% de los pacientes, donde casi 1 de cada 10 puede ser letal. En uno de los estudios más grandes, 1,9% de los pacientes se murieron un mes después de haberse hecho la cirugía. “Incluso si la cirugía demuestra ser sosteniblemente efectiva, la necesidad de depender en la reorganización de nuestra anatomía como una alternativa a un uso mejor de nuestros pies y tenedores (ejercicio y alimentación) parece una farsa social”.

Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. Esto es sólo una aproximación del audio contribuida por Katie Schloer. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Luis Hernández y Ángela Graña Varela.

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