El problema con el argumento de la dieta paleo

El problema con el argumento de la dieta paleo
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El período Paleolítico representa sólo los últimos dos millones de años de evolución humana. ¿Para comer qué evolucionaron nuestros cuerpos durante el primer 90% de nuestro tiempo sobre la Tierra?

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Nuestras epidemias de enfermedades causadas por la dieta han dado lugar a una gran cantidad de investigaciones sobre qué se supone que los humanos han de a comer para tener una salud óptima. En 1985, un influyente artículo fue publicado proponiendo que nuestras enfermedades crónicas se deben a una falta de conexión entre lo que nuestros cuerpos evolucionaron comiendo durante la edad de piedra a lo largo de los últimos 2 millones de años, y lo que nos estamos zampando hoy en día, abogando por un retorno hacia el tipo de dieta de los cazadores-recolectores: carne con poca grasa, frutas, verduras, y frutos secos.

Aunque podría ser razonable suponer que nuestros requerimientos nutricionales fueron establecidos en el pasado prehistórico, debemos preguntarnos en qué pasado prehistórico. ¿Por qué sólo los últimos 2 millones de años? Hemos estado evolucionando durante 25 millones de años desde el gran simio que fue nuestro ancestro común, tiempo en el que nuestros requerimientos nutricionales y fisiología digestiva fueron establecidos, y por lo tanto probablemente poco afectados por nuestros días de cazadores-recolectores al final de esa trayectoria. Entonces, ¿qué estábamos comiendo durante el primer 90% de nuestra evolución? Lo que el resto de los grandes simios terminaron comiendo: más de un 95% de plantas.

Esto podría explicar por qué somos tan susceptibles a las enfermedades del corazón. Durante la mayor parte de la evolución humana, el colesterol puede haber estado prácticamente ausente en la dieta. Sin panceta, mantequilla, grasas trans, y grandes cantidades de fibra, la cual saca el colesterol del cuerpo. Ahora bien, esto podría haber sido un problema, ya que nuestro cuerpo necesita una cierta cantidad de colesterol, por lo que nuestros cuerpos no sólo evolucionaron para fabricar colesterol, sino para preservarlo y reciclarlo. Nuestros cuerpos evolucionaron para mantener el colesterol. Y así, si se piensa en el cuerpo humano como una máquina para conservar colesterol, y la soltamos en el mundo moderno de la panceta/huevos/queso/carne de pollo/de cerdo/pastelería, entonces claro, no es de extrañar que la enfermedad del corazón a causa de la obstrucción de las arterias sea nuestra causa número uno de muerte. Lo que solía ser tan buena adaptación durante el 90% de nuestra evolución–aferrarse al colesterol a toda costa puesto que no estábamos recibiendo mucho en nuestra dieta–es hoy una mala adaptación, un problema que conduce a la obstrucción de nuestras arterias. Nuestros cuerpos simplemente no pueden soportarlo.

Como señaló el editor en jefe del American Journal of Cardiology (Periódico Estadounidense de Cardiología) hace 25 años, no importa la cantidad de grasa y colesterol que coman los carnívoros, estos no desarrollan aterosclerosis. Le puedes dar a un perro el colesterol equivalente a 500 huevos y una barra de mantequilla y simplemente moverá la cola; sus cuerpos evolucionaron de los lobos, y están acostumbrados a comer colesterol y a deshacerse del exceso del mismo, mientras que en cuestión de meses, una fracción de ese colesterol puede empezar a obstruir las arterias de los animales adaptados a comer una dieta más basada en plantas.

Aún cuando nuestros cuerpos fueron diseñados a través de la selección natural para alimentarse principalmente de frutas, verduras y semillas durante el 90% de nuestra evolución, ¿por qué no nos adaptamos mejor al consumo de carne en el último 10%, durante el Paleolítico? Hemos tenido casi 2 millones de años para acostumbrarnos a toda esa grasa saturada y colesterol adicionales. Si una vida de comer así obstruye las arterias de casi todo el mundo, ¿por qué no se extinguieron los genes de aquellos que tuvieron ataques al corazón y fueron reemplazados por los que podían vivir hasta una edad avanzada con las arterias limpias, independientemente de lo que comieran?

Porque la mayoría no sobrevivieron hasta una edad avanzada; no vivieron lo suficiente para tener ataques al corazón. Cuando la esperanza media de vida es de 25 años, los genes que van pasando son aquellos que simplemente nos permiten llegar hasta la edad reproductiva a cualquier precio, y eso significa no morir de hambre. Así que, cuanta más concentración de calorías en los los alimentos, mejor. Por lo que comer una gran cantidad de tuétano y cerebros, humanos y de otro tipo, habría tenido una ventaja selectiva, como lo habría tenido el descubrimiento de una máquina del tiempo con reservas de pastelitos de crema, si nos ponemos así. Si sólo tenemos que vivir el tiempo suficiente para hacer que nuestros hijos lleguen a la pubertad para pasar nuestros genes, no tenemos entonces que evolucionar ninguna protección contra los estragos de enfermedades crónicas.

Para encontrar una población casi libre de enfermedades crónicas en la vejez, no tenemos que retroceder un millón de años. En el siglo 20, las redes de hospitales misioneros en el África rural encontraron la enfermedad de la arteria coronaria prácticamente ausente–y no sólo la enfermedad del corazón, sino la presión arterial alta, la apoplejía, la diabetes, el cáncer común, y más en la lista de las causas de mayor mortandad.

En cierto sentido, estas poblaciones en zonas rurales de China y África estaban comiendo el tipo de dieta que hemos estado comiendo el 90% de nuestros últimos 20 millones de años–una dieta casi exclusiva de alimentos de origen vegetal. ¿Cómo sabemos que fue su dieta lo que les protegía, y no otra cosa?

En la actualización de 25 años de su artículo original sobre la dieta paleo, los autores intentaron aclarar que ni entonces, ni ahora, proponen que la gente adopte una dieta en concreto únicamente basada en lo que comían nuestros antepasados. Las recomendaciones sobre la dieta deben ser puestas a prueba. Esa es la razón por la que la investigación pionera de Pritikin, Ornish, y Esselstyn es tan importante, demostrando que las dietas basadas en vegetales no sólo puede detener las enfermedad cardíacas, sino que se ha probado que las revierten en la mayoría de los pacientes. De hecho, es la única dieta en la historia que lo ha logrado–tal vez porque eso fue lo que comimos a lo largo de la mayor parte de nuestra evolución.

Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el vídeo más arriba. Esto es sólo una aproximación del audio contribuida por Katie Schloer. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Cristian Guzman y Adrián Bravo López.

Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

Agradecimiento por las imagenes a ToM vía Flickr

Nuestras epidemias de enfermedades causadas por la dieta han dado lugar a una gran cantidad de investigaciones sobre qué se supone que los humanos han de a comer para tener una salud óptima. En 1985, un influyente artículo fue publicado proponiendo que nuestras enfermedades crónicas se deben a una falta de conexión entre lo que nuestros cuerpos evolucionaron comiendo durante la edad de piedra a lo largo de los últimos 2 millones de años, y lo que nos estamos zampando hoy en día, abogando por un retorno hacia el tipo de dieta de los cazadores-recolectores: carne con poca grasa, frutas, verduras, y frutos secos.

Aunque podría ser razonable suponer que nuestros requerimientos nutricionales fueron establecidos en el pasado prehistórico, debemos preguntarnos en qué pasado prehistórico. ¿Por qué sólo los últimos 2 millones de años? Hemos estado evolucionando durante 25 millones de años desde el gran simio que fue nuestro ancestro común, tiempo en el que nuestros requerimientos nutricionales y fisiología digestiva fueron establecidos, y por lo tanto probablemente poco afectados por nuestros días de cazadores-recolectores al final de esa trayectoria. Entonces, ¿qué estábamos comiendo durante el primer 90% de nuestra evolución? Lo que el resto de los grandes simios terminaron comiendo: más de un 95% de plantas.

Esto podría explicar por qué somos tan susceptibles a las enfermedades del corazón. Durante la mayor parte de la evolución humana, el colesterol puede haber estado prácticamente ausente en la dieta. Sin panceta, mantequilla, grasas trans, y grandes cantidades de fibra, la cual saca el colesterol del cuerpo. Ahora bien, esto podría haber sido un problema, ya que nuestro cuerpo necesita una cierta cantidad de colesterol, por lo que nuestros cuerpos no sólo evolucionaron para fabricar colesterol, sino para preservarlo y reciclarlo. Nuestros cuerpos evolucionaron para mantener el colesterol. Y así, si se piensa en el cuerpo humano como una máquina para conservar colesterol, y la soltamos en el mundo moderno de la panceta/huevos/queso/carne de pollo/de cerdo/pastelería, entonces claro, no es de extrañar que la enfermedad del corazón a causa de la obstrucción de las arterias sea nuestra causa número uno de muerte. Lo que solía ser tan buena adaptación durante el 90% de nuestra evolución–aferrarse al colesterol a toda costa puesto que no estábamos recibiendo mucho en nuestra dieta–es hoy una mala adaptación, un problema que conduce a la obstrucción de nuestras arterias. Nuestros cuerpos simplemente no pueden soportarlo.

Como señaló el editor en jefe del American Journal of Cardiology (Periódico Estadounidense de Cardiología) hace 25 años, no importa la cantidad de grasa y colesterol que coman los carnívoros, estos no desarrollan aterosclerosis. Le puedes dar a un perro el colesterol equivalente a 500 huevos y una barra de mantequilla y simplemente moverá la cola; sus cuerpos evolucionaron de los lobos, y están acostumbrados a comer colesterol y a deshacerse del exceso del mismo, mientras que en cuestión de meses, una fracción de ese colesterol puede empezar a obstruir las arterias de los animales adaptados a comer una dieta más basada en plantas.

Aún cuando nuestros cuerpos fueron diseñados a través de la selección natural para alimentarse principalmente de frutas, verduras y semillas durante el 90% de nuestra evolución, ¿por qué no nos adaptamos mejor al consumo de carne en el último 10%, durante el Paleolítico? Hemos tenido casi 2 millones de años para acostumbrarnos a toda esa grasa saturada y colesterol adicionales. Si una vida de comer así obstruye las arterias de casi todo el mundo, ¿por qué no se extinguieron los genes de aquellos que tuvieron ataques al corazón y fueron reemplazados por los que podían vivir hasta una edad avanzada con las arterias limpias, independientemente de lo que comieran?

Porque la mayoría no sobrevivieron hasta una edad avanzada; no vivieron lo suficiente para tener ataques al corazón. Cuando la esperanza media de vida es de 25 años, los genes que van pasando son aquellos que simplemente nos permiten llegar hasta la edad reproductiva a cualquier precio, y eso significa no morir de hambre. Así que, cuanta más concentración de calorías en los los alimentos, mejor. Por lo que comer una gran cantidad de tuétano y cerebros, humanos y de otro tipo, habría tenido una ventaja selectiva, como lo habría tenido el descubrimiento de una máquina del tiempo con reservas de pastelitos de crema, si nos ponemos así. Si sólo tenemos que vivir el tiempo suficiente para hacer que nuestros hijos lleguen a la pubertad para pasar nuestros genes, no tenemos entonces que evolucionar ninguna protección contra los estragos de enfermedades crónicas.

Para encontrar una población casi libre de enfermedades crónicas en la vejez, no tenemos que retroceder un millón de años. En el siglo 20, las redes de hospitales misioneros en el África rural encontraron la enfermedad de la arteria coronaria prácticamente ausente–y no sólo la enfermedad del corazón, sino la presión arterial alta, la apoplejía, la diabetes, el cáncer común, y más en la lista de las causas de mayor mortandad.

En cierto sentido, estas poblaciones en zonas rurales de China y África estaban comiendo el tipo de dieta que hemos estado comiendo el 90% de nuestros últimos 20 millones de años–una dieta casi exclusiva de alimentos de origen vegetal. ¿Cómo sabemos que fue su dieta lo que les protegía, y no otra cosa?

En la actualización de 25 años de su artículo original sobre la dieta paleo, los autores intentaron aclarar que ni entonces, ni ahora, proponen que la gente adopte una dieta en concreto únicamente basada en lo que comían nuestros antepasados. Las recomendaciones sobre la dieta deben ser puestas a prueba. Esa es la razón por la que la investigación pionera de Pritikin, Ornish, y Esselstyn es tan importante, demostrando que las dietas basadas en vegetales no sólo puede detener las enfermedad cardíacas, sino que se ha probado que las revierten en la mayoría de los pacientes. De hecho, es la única dieta en la historia que lo ha logrado–tal vez porque eso fue lo que comimos a lo largo de la mayor parte de nuestra evolución.

Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el vídeo más arriba. Esto es sólo una aproximación del audio contribuida por Katie Schloer. La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Cristian Guzman y Adrián Bravo López.

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Nota del Doctor

Para más información sobre la ausencia de enfermedades occidentales en poblaciones rurales con dietas basadas en vegetales, ver por ejemplo:

Ya he hablado antes sobre las dietas “paleo” (¡y hay más por venir!):

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