¿Cuál es la dieta humana “natural”?

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¿Qué pueden decirnos nuestros requerimientos nutricionales, el metabolismo y la fisiología acerca de lo que deberíamos comer?

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Hay tres teorías generalizadas sobre la evolución y los alimentos. Una de ellas es que los seres humanos se han adaptado a los productos de la revolución agrícola durante los últimos 10000 años. La segunda es el punto de vista paleolítico, de que 10000 años, es un abrir y cerrar de ojos evolutivo, y que los seres humanos se han adaptado a las dietas paleolíticas con mucha carne magra. Pero, ¿por qué parar ahí? Los últimos 200000 años, en gran parte como humanos de la Edad de Piedra, representan sólo el último 1% de más o menos 20 millones de años que hemos estado evolucionando desde nuestro ancestro común, el gran simio.

Durante nuestros años verdaderamente formativos, el primer 90% de nuestra existencia, se podría decir, nuestros requerimientos nutricionales reflejan un pasado ancestral en el cual comimos sobre todo hojas, flores y frutos, con algunos insectos, gracias a las manzanas con gusanos, para conseguir nuestra vitamina B12.

Por esta razón, otro enfoque que podría mejorar nuestra comprensión de las mejores prácticas alimentarias para los humanos modernos es centrar la atención no en el pasado, sino en el aquí y el ahora, es decir, en el estudio de los alimentos consumidos por nuestros parientes vivos más cercanos; dado el volumen de nuestras dietas ancestrales y la falta de evidencia que apoye cambios notorios relacionados con la alimentación, en los requerimientos humanos de nutrientes, el metabolismo o la fisiología, en comparación con nuestros compañeros, los grandes simios.

Esto podría explicar por qué las frutas y las verduras no sólo son tan buenas para nosotros, sino vitales para nuestra supervivencia. En realidad somos una de las pocas especies tan adaptadas a una dieta a base de vegetales, que en realidad podemos morir si no comemos frutas y verduras, por la enfermedad causada por deficiencia de vitamina C, el escorbuto. La mayoría de los otros animales simplemente generan su propia vitamina C. Pero, ¿por qué nuestro cuerpo va a hacer todo ese esfuerzo cuando hemos evolucionado pasando el tiempo en los árboles, comiendo frutas y verduras durante todo el día?

Probablemente no es coincidencia que los pocos otros mamíferos que no pueden sintetizar su propia vitamina C, como los conejillos de indias, algunos conejos y los murciélagos de la fruta, son todos, como nosotros, los grandes simios, marcadamente herbívoros. Incluso durante la Edad de Piedra, pudimos haber obtenido hasta diez veces más vitamina C de la que obtenemos hoy en día; y diez veces más fibra dietética, basándonos esencialmente en las heces humanas fosilizadas rehidratadas. La pregunta es: ¿son estas increíblemente altas ingestas de nutrientes simplemente una consecuencia inevitable de comer alimentos vegetales no procesados todo el tiempo, o en realidad podrían tener alguna función importante, como la defensa con antioxidantes?

Las plantas crean antioxidantes para defender sus propias estructuras contra los radicales libres. El cuerpo humano tiene que defenderse contra los mismos tipos de pro-oxidantes. Y por eso, también hemos desarrollado una serie de enzimas antioxidantes increíbles, lo cual es eficaz, pero no infalible. Los radicales libres pueden irrumpir en nuestras defensas y causar daños que se acumulan con la edad, dando lugar a una variedad de cambios causantes de enfermedad y, en última instancia, mortales. Ahí es donde las verduras pueden intervenir.

Los alimentos a base de vegetales ricos en antioxidantes, tradicionalmente formaron la mayor parte de nuestra dieta. Y así, no tuvimos que evolucionar un sistema antioxidante tan grande. Podríamos simplemente dejar que los vegetales en nuestra dieta cumplan su función antioxidante, como el no molestarse en producir vitamina C, pero dejar que la fruta lo haga. El usar vegetales como una muleta bien puede haber aliviado la presión para un mayor desarrollo evolutivo de nuestras propias defensas, es decir, nos hemos vuelto dependientes de agregar un montón de alimentos de origen vegetal en nuestra dieta y, cuando no lo hacemos, podemos sufrir consecuencias adversas para la salud.

Incluso durante la Edad de Piedra, esto pudo no haber sido un problema. Sólo en la historia reciente empezamos a renunciar a los alimentos vegetales no procesados. Incluso los defensores de las dietas paleolíticas o de las bajas en carbohidratos pueden estar comiendo más verduras que los de la dieta occidental estándar. Hay esta percepción de que los que consumen una dieta baja en carbohidratos están comiendo más carne de res, mantequilla y tocino, pero es solo una pequeña minoría. Están comiendo más ensalada. La cosa número uno que dijo una comunidad internauta de dieta baja en carbohidratos fue que estaban comiendo más verduras. ¡Fantástico!

Si las personas quieren reducir su consumo de carbohidratos reemplazando la comida chatarra por verduras, ese no es el problema. La preocupación es el cambio a los alimentos de origen animal. Una mayor adhesión de una dieta baja en carbohidratos y rica en fuentes de grasa y proteína de origen animal se asoció con una mayor mortalidad, por ejemplo, después de un ataque al corazón, es decir, acortaron sus vidas.

Si algo han aportado nuestros estudios sobre las dietas ancestrales, tal vez es que las dietas basadas principalmente en alimentos de origen vegetal promueven la salud y la longevidad.

Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. Esto es sólo una aproximación del audio contribuida por Katie SchloerLa traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Paul Pommier y Viviana Garcia.

Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

Imagen gracias a Pascal vía flickr.

Hay tres teorías generalizadas sobre la evolución y los alimentos. Una de ellas es que los seres humanos se han adaptado a los productos de la revolución agrícola durante los últimos 10000 años. La segunda es el punto de vista paleolítico, de que 10000 años, es un abrir y cerrar de ojos evolutivo, y que los seres humanos se han adaptado a las dietas paleolíticas con mucha carne magra. Pero, ¿por qué parar ahí? Los últimos 200000 años, en gran parte como humanos de la Edad de Piedra, representan sólo el último 1% de más o menos 20 millones de años que hemos estado evolucionando desde nuestro ancestro común, el gran simio.

Durante nuestros años verdaderamente formativos, el primer 90% de nuestra existencia, se podría decir, nuestros requerimientos nutricionales reflejan un pasado ancestral en el cual comimos sobre todo hojas, flores y frutos, con algunos insectos, gracias a las manzanas con gusanos, para conseguir nuestra vitamina B12.

Por esta razón, otro enfoque que podría mejorar nuestra comprensión de las mejores prácticas alimentarias para los humanos modernos es centrar la atención no en el pasado, sino en el aquí y el ahora, es decir, en el estudio de los alimentos consumidos por nuestros parientes vivos más cercanos; dado el volumen de nuestras dietas ancestrales y la falta de evidencia que apoye cambios notorios relacionados con la alimentación, en los requerimientos humanos de nutrientes, el metabolismo o la fisiología, en comparación con nuestros compañeros, los grandes simios.

Esto podría explicar por qué las frutas y las verduras no sólo son tan buenas para nosotros, sino vitales para nuestra supervivencia. En realidad somos una de las pocas especies tan adaptadas a una dieta a base de vegetales, que en realidad podemos morir si no comemos frutas y verduras, por la enfermedad causada por deficiencia de vitamina C, el escorbuto. La mayoría de los otros animales simplemente generan su propia vitamina C. Pero, ¿por qué nuestro cuerpo va a hacer todo ese esfuerzo cuando hemos evolucionado pasando el tiempo en los árboles, comiendo frutas y verduras durante todo el día?

Probablemente no es coincidencia que los pocos otros mamíferos que no pueden sintetizar su propia vitamina C, como los conejillos de indias, algunos conejos y los murciélagos de la fruta, son todos, como nosotros, los grandes simios, marcadamente herbívoros. Incluso durante la Edad de Piedra, pudimos haber obtenido hasta diez veces más vitamina C de la que obtenemos hoy en día; y diez veces más fibra dietética, basándonos esencialmente en las heces humanas fosilizadas rehidratadas. La pregunta es: ¿son estas increíblemente altas ingestas de nutrientes simplemente una consecuencia inevitable de comer alimentos vegetales no procesados todo el tiempo, o en realidad podrían tener alguna función importante, como la defensa con antioxidantes?

Las plantas crean antioxidantes para defender sus propias estructuras contra los radicales libres. El cuerpo humano tiene que defenderse contra los mismos tipos de pro-oxidantes. Y por eso, también hemos desarrollado una serie de enzimas antioxidantes increíbles, lo cual es eficaz, pero no infalible. Los radicales libres pueden irrumpir en nuestras defensas y causar daños que se acumulan con la edad, dando lugar a una variedad de cambios causantes de enfermedad y, en última instancia, mortales. Ahí es donde las verduras pueden intervenir.

Los alimentos a base de vegetales ricos en antioxidantes, tradicionalmente formaron la mayor parte de nuestra dieta. Y así, no tuvimos que evolucionar un sistema antioxidante tan grande. Podríamos simplemente dejar que los vegetales en nuestra dieta cumplan su función antioxidante, como el no molestarse en producir vitamina C, pero dejar que la fruta lo haga. El usar vegetales como una muleta bien puede haber aliviado la presión para un mayor desarrollo evolutivo de nuestras propias defensas, es decir, nos hemos vuelto dependientes de agregar un montón de alimentos de origen vegetal en nuestra dieta y, cuando no lo hacemos, podemos sufrir consecuencias adversas para la salud.

Incluso durante la Edad de Piedra, esto pudo no haber sido un problema. Sólo en la historia reciente empezamos a renunciar a los alimentos vegetales no procesados. Incluso los defensores de las dietas paleolíticas o de las bajas en carbohidratos pueden estar comiendo más verduras que los de la dieta occidental estándar. Hay esta percepción de que los que consumen una dieta baja en carbohidratos están comiendo más carne de res, mantequilla y tocino, pero es solo una pequeña minoría. Están comiendo más ensalada. La cosa número uno que dijo una comunidad internauta de dieta baja en carbohidratos fue que estaban comiendo más verduras. ¡Fantástico!

Si las personas quieren reducir su consumo de carbohidratos reemplazando la comida chatarra por verduras, ese no es el problema. La preocupación es el cambio a los alimentos de origen animal. Una mayor adhesión de una dieta baja en carbohidratos y rica en fuentes de grasa y proteína de origen animal se asoció con una mayor mortalidad, por ejemplo, después de un ataque al corazón, es decir, acortaron sus vidas.

Si algo han aportado nuestros estudios sobre las dietas ancestrales, tal vez es que las dietas basadas principalmente en alimentos de origen vegetal promueven la salud y la longevidad.

Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba. Esto es sólo una aproximación del audio contribuida por Katie SchloerLa traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Paul Pommier y Viviana Garcia.

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