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Todos los animales y plantas parecen establecer relaciones simbióticas con microorganismos y, dentro de nosotros, los billones de bacterias beneficiosas en nuestro intestino pueden ser interpretados ​​como un órgano adicional olvidado, que metaboliza, desintoxica y activa muchos componentes cruciales de nuestra alimentación.

Los efectos promotores de la salud de nuestras bacterias beneficiosas incluyen impulsar nuestro sistema inmunológico, mejorar la digestión y la absorción, producir vitaminas, inhibir el crecimiento de patógenos potenciales y evitar que nos sintamos hinchados. Sin embargo, si las bacterias perjudiciales se amañan, , pueden producir carcinógenos, pudrir la proteína en nuestro intestino, producir toxinas, perjudicar nuestra función intestinal y causar infecciones.

Los simbiontes (las bacterias beneficiosas que viven en simbiosis con nosotros) se alimentan, en gran parte, de frutas, verduras, granos y legumbres. Los patobiontes, bacterias que causan enfermedades que pueden perturbar nuestro equilibrio microbiano, en su lugar parecen alimentarse de carne, lácteos, huevos, comida chatarra y comida rápida.

De hecho, lo que comemos determina qué tipo de crecimiento bacteriano fomentamos en nuestro intestino, lo que puede aumentar o disminuir nuestro riesgo de contraer algunas de nuestras principales enfermedades mortales.

¿Qué sucede con el microbioma de nuestra flora intestinal cuando consumimos una alimentación a base de vegetales, en comparación con alimentación a base de productos de origen animal? Los investigadores han descubierto que una dieta vegetariana estricta dio lugar a la inflamación intestinal reducida, sugiriendo un ascenso de la homeostasis en nuestro microbioma. Por el contrario, una alimentación a base de productos de origen animal contribuyó al crecimiento de especies asociadas a la enfermedad, como Bilophila wadsworthia, asociada a la enfermedad inflamatoria intestinal y A. putredinis, que se encuentra en abscesos y apendicitis, así como disminuciones en bacterias que comen fibra.

El intestino humano tiene una colección diversa de microorganismos compuesta de alrededor de 1000 especies y cada individuo presenta su propia colección única. Sin embargo, dicho simplemente, las bacterias son lo que comemos. Come fibra y las bacterias que se deleitan con la fibra se multiplican y obtenemos más ácidos grasos de cadena corta antiinflamatorios y con propiedades anticancerígenas. Come menos fibra y nuestras bacterias que comen fibra se mueren de hambre.

Es más, parece que hay solo dos tipos de personas en el mundo: quienes tienen bacterias en su mayoría Bacteroides en su intestino y aquellos cuyo colon es, por el contrario, de manera abrumadora, el hogar de la especie Prevotella. Es sorprendente que con tantos cientos de tipos de bacterias, la gente encaje en solo una de dos categorías. Nuestros intestinos son como ecosistemas. Al igual que hay muchas especies de animales en el planeta, estos no se distribuyen al azar. No encuentras delfines en el desierto. En el desierto, se encuentran especies del desierto. En la selva, se encuentran especies de la selva. ¿Por qué? Porque cada ecosistema tiene diferentes presiones selectivas, como la lluvia o la temperatura. Ahora sabemos, cuando se trata de la flora intestinal, no parece importar dónde vivimos, si somos hombres o mujeres o lo viejos o delgados que podamos estar. Lo que importa es lo que comemos: los componentes que se encuentran más en los alimentos de origen animal como la proteína y la grasa están asociados con el enterotipo Bacteroide y los que se encuentran casi exclusivamente en los alimentos vegetales se asocian con Prevotella.

Si el enterotipo de la flora intestinal que tenemos puede desempeñar un papel importante en nuestro riesgo de desarrollar enfermedades crónicas asociadas a la alimentación, como la obesidad, el síndrome metabólico y ciertos tipos de cáncer, ¿podemos alterar nuestro microbioma intestinal alterando nuestra alimentación? Sí. La alimentación puede alterar rápidamente las bacterias y su reproducibilidad en nuestro intestino.

Traducción: Ana Victoria Esquivel. Edición: Viviana Garcia

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