Microbioma: somos lo que comen

Microbioma: somos lo que comen
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¿Qué le sucede a nuestra flora intestinal cuando cambiamos de una dieta de origen animal a una dieta mayormente de origen vegetal?

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A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba.

Las bacterias buenas, las que viven en simbiosis con nosotros, se alimentan de frutas, verduras, cereales y legumbres, mientras que las malas, con las que estamos en disbiosis y que además es muy posible que contribuyan a la aparición de ciertas enfermedades, se alimentan de carne, comida chatarra, mariscos, lácteos y huevos, como se puede en el minuto 0:12 en mi video Microbioma: somos lo que comen. Las dietas occidentales típicas pueden “diezmar” nuestra flora intestinal buena.

Vivimos con billones de simbiontes (bacterias buenas con las que estamos en simbiosis), los ayudamos y ellos nos ayudan. Un mes de una dieta basada en plantas da como resultado un aumento en la población de los buenos y una disminución de los malos, los llamados patobiontes, microorganismos que causan enfermedades. “Dada la reducción de patobiontes del intestino, se esperaría observar una disminución de la inflamación intestinal”. Para comprobarlo, los investigadores midieron las concentraciones de lipocalina-2 en las heces, “que es un biomarcador sensible a la inflamación intestinal”. Como se puede ver en el minuto 1:13 en mi video, luego de menos de un mes de comer de manera saludable, la concentración había “disminuidode forma significativa… lo que sugiere que la promoción de la homeostasis microbiana”, o el equilibrio, “con una dieta vegetariana estricta resulta en una reducción de la inflamación intestinal”. Es más, este reequilibrio podría jugar un papel importante “en la mejora de los parámetros metabólicos e inmunológicos”, es decir, en los parámetros del sistema inmunológico.

Por el contrario, con una dieta que incluya productos animales, se produce el crecimiento de especies asociadas a enfermedades como Bilophila wadsworthia, asociada con la enfermedad inflamatoria intestinal y Alistipes putredinis, que se encuentra en abscesos y en la apendicitis, y una disminución de las bacterias que comen fibra. Estas bacterias comen cuando nosotros ingerimos fibra, al hacerlo se multiplican y liberan ácidos grasos de cadena corta que son antiinflamatorios y anticancerígenos. Cuando comemos poca cantidad de fibra, estas bacterias no reciben su alimento y mueren de hambre.

Son lo que comemos.

Si comemos muchos fitatos, nuestra flora intestinal se volverá muy buena para descomponerlos. Asumimos que esto se daba solo porque seleccionábamos de forma natural aquellas poblaciones de bacterias capaces de hacerlo, pero resulta que nuestra dieta es capaz de enseñarles nuevos trucos a los microorganismos viejos. Existe un tipo de fibra en las algas nori que nuestras bacterias intestinales en general no pueden descomponer, pero las bacterias en el océano tienen la enzima para hacerlo. Cuando se descubrió que esa enzima estaba presente en el intestino de los japoneses, fue una sorpresa. Claro, como el sushi se come crudo, quizás algunas bacterias de las algas podrían haber llegado al colon, pero ¿cómo podrían prosperar las bacterias marinas en el intestino humano? Eso no fue necesario, lo que sucedió fue que la enzima se transfirió a las bacterias intestinales.

“En consecuencia, el consumo de alimentos con bacterias ambientales asociadas es el mecanismo más probable que promovió esta actualización de CAZyme [enzima] en la microbiota intestinal humana”, como si se tratara de una actualización de software. El hardware es el mismo, las mismas bacterias intestinales que antes, pero con una actualización de su software para permitirles masticar algo nuevo.

Pero el hardware también puede cambiar. En un estudio titulado “El camino hacia el corazón de un hombre es a través de su microbiota intestinal” se analiza el OTMA, el N-óxido de trimetilamina. Como se puede ver enel minuto 3:33 en mi video, cierta flora intestinal puede tomar carnitina de la carne roja que se ingiere o colina concentrada en lácteos, mariscos y huevos, y convertirla en OTMA, un compuesto tóxico, que puede conducir a un aumento en el riesgo de ataque cardíaco, accidente cerebrovascular y muerte.

Esto explica por qué quienes consumen dietas basadas en plantas tienen concentraciones sanguíneas más bajas de OTMA. Sin embargo, si estas personas ingieren carne, no se vería la misma “conversión de L-carnitina en OTMA… lo que sugiere una respuesta adoptiva de la microbiota intestinal en los omnívoros”. Son lo que les damos de comer.

Como se puede ver en el minuto 4:17 en mi video, si se le diera a la gente ciclamato, un edulcorante artificial sintético, la mayoría de sus bacterias no sabrían qué hacer con él. Pero, luego de 10 días de consumo se desarrollarían las bacterias que logren consumirlo, y tres cuartas partes partes del ciclamato seríanmetabolizados a otro nuevo compuesto llamado ciclohexilamina. Sin embargo, al dejar de ingerirlo esas bacterias morirían.

Por desgracia, la ciclohexilamina puede ser tóxica, por lo que la FDA la prohibió en 1969. En un anuncio antiguo de Kool-Aid de 1969, la versión dietética se quitó “de los estantes de la tienda”, pero el Kool-Aid regular no, porque “no contiene ciclamatos”  y “es seguro para toda la familia”.

Pero, si comiéramos ciclamato solo de vez en cuando, no se convertiría en ciclohexilamina porque no habría alimentado y fomentado la flora intestinal especializada para hacerlo. Lo mismo ocurre con OTMA. Aquellos que solo comen carne roja, huevos o mariscos de vez en cuando producirían muy poca toxina porque con su dieta habitual no favorecen el crecimiento de las bacterias que la producen.

La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Tamara Amor.

Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

Imagen cortesía de Shannon Coffey vía flickr.

Iconos creados por Graham Jefferson, Alexander Skowalsky, Gorkem Oner, Maxim Kulikov y Artem Kovyazin del Noun Project.

A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba.

Las bacterias buenas, las que viven en simbiosis con nosotros, se alimentan de frutas, verduras, cereales y legumbres, mientras que las malas, con las que estamos en disbiosis y que además es muy posible que contribuyan a la aparición de ciertas enfermedades, se alimentan de carne, comida chatarra, mariscos, lácteos y huevos, como se puede en el minuto 0:12 en mi video Microbioma: somos lo que comen. Las dietas occidentales típicas pueden “diezmar” nuestra flora intestinal buena.

Vivimos con billones de simbiontes (bacterias buenas con las que estamos en simbiosis), los ayudamos y ellos nos ayudan. Un mes de una dieta basada en plantas da como resultado un aumento en la población de los buenos y una disminución de los malos, los llamados patobiontes, microorganismos que causan enfermedades. “Dada la reducción de patobiontes del intestino, se esperaría observar una disminución de la inflamación intestinal”. Para comprobarlo, los investigadores midieron las concentraciones de lipocalina-2 en las heces, “que es un biomarcador sensible a la inflamación intestinal”. Como se puede ver en el minuto 1:13 en mi video, luego de menos de un mes de comer de manera saludable, la concentración había “disminuidode forma significativa… lo que sugiere que la promoción de la homeostasis microbiana”, o el equilibrio, “con una dieta vegetariana estricta resulta en una reducción de la inflamación intestinal”. Es más, este reequilibrio podría jugar un papel importante “en la mejora de los parámetros metabólicos e inmunológicos”, es decir, en los parámetros del sistema inmunológico.

Por el contrario, con una dieta que incluya productos animales, se produce el crecimiento de especies asociadas a enfermedades como Bilophila wadsworthia, asociada con la enfermedad inflamatoria intestinal y Alistipes putredinis, que se encuentra en abscesos y en la apendicitis, y una disminución de las bacterias que comen fibra. Estas bacterias comen cuando nosotros ingerimos fibra, al hacerlo se multiplican y liberan ácidos grasos de cadena corta que son antiinflamatorios y anticancerígenos. Cuando comemos poca cantidad de fibra, estas bacterias no reciben su alimento y mueren de hambre.

Son lo que comemos.

Si comemos muchos fitatos, nuestra flora intestinal se volverá muy buena para descomponerlos. Asumimos que esto se daba solo porque seleccionábamos de forma natural aquellas poblaciones de bacterias capaces de hacerlo, pero resulta que nuestra dieta es capaz de enseñarles nuevos trucos a los microorganismos viejos. Existe un tipo de fibra en las algas nori que nuestras bacterias intestinales en general no pueden descomponer, pero las bacterias en el océano tienen la enzima para hacerlo. Cuando se descubrió que esa enzima estaba presente en el intestino de los japoneses, fue una sorpresa. Claro, como el sushi se come crudo, quizás algunas bacterias de las algas podrían haber llegado al colon, pero ¿cómo podrían prosperar las bacterias marinas en el intestino humano? Eso no fue necesario, lo que sucedió fue que la enzima se transfirió a las bacterias intestinales.

“En consecuencia, el consumo de alimentos con bacterias ambientales asociadas es el mecanismo más probable que promovió esta actualización de CAZyme [enzima] en la microbiota intestinal humana”, como si se tratara de una actualización de software. El hardware es el mismo, las mismas bacterias intestinales que antes, pero con una actualización de su software para permitirles masticar algo nuevo.

Pero el hardware también puede cambiar. En un estudio titulado “El camino hacia el corazón de un hombre es a través de su microbiota intestinal” se analiza el OTMA, el N-óxido de trimetilamina. Como se puede ver enel minuto 3:33 en mi video, cierta flora intestinal puede tomar carnitina de la carne roja que se ingiere o colina concentrada en lácteos, mariscos y huevos, y convertirla en OTMA, un compuesto tóxico, que puede conducir a un aumento en el riesgo de ataque cardíaco, accidente cerebrovascular y muerte.

Esto explica por qué quienes consumen dietas basadas en plantas tienen concentraciones sanguíneas más bajas de OTMA. Sin embargo, si estas personas ingieren carne, no se vería la misma “conversión de L-carnitina en OTMA… lo que sugiere una respuesta adoptiva de la microbiota intestinal en los omnívoros”. Son lo que les damos de comer.

Como se puede ver en el minuto 4:17 en mi video, si se le diera a la gente ciclamato, un edulcorante artificial sintético, la mayoría de sus bacterias no sabrían qué hacer con él. Pero, luego de 10 días de consumo se desarrollarían las bacterias que logren consumirlo, y tres cuartas partes partes del ciclamato seríanmetabolizados a otro nuevo compuesto llamado ciclohexilamina. Sin embargo, al dejar de ingerirlo esas bacterias morirían.

Por desgracia, la ciclohexilamina puede ser tóxica, por lo que la FDA la prohibió en 1969. En un anuncio antiguo de Kool-Aid de 1969, la versión dietética se quitó “de los estantes de la tienda”, pero el Kool-Aid regular no, porque “no contiene ciclamatos”  y “es seguro para toda la familia”.

Pero, si comiéramos ciclamato solo de vez en cuando, no se convertiría en ciclohexilamina porque no habría alimentado y fomentado la flora intestinal especializada para hacerlo. Lo mismo ocurre con OTMA. Aquellos que solo comen carne roja, huevos o mariscos de vez en cuando producirían muy poca toxina porque con su dieta habitual no favorecen el crecimiento de las bacterias que la producen.

La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Tamara Amor.

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Imagen cortesía de Shannon Coffey vía flickr.

Iconos creados por Graham Jefferson, Alexander Skowalsky, Gorkem Oner, Maxim Kulikov y Artem Kovyazin del Noun Project.

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