Microbioma: somos lo que comen

Microbioma: somos lo que comen
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¿Qué le sucede a nuestra flora intestinal cuando cambiamos de una dieta de origen animal a una dieta mayormente de origen vegetal?

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A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba.

Las bacterias benéficas, aquellas que viven en simbiosis con nosotros, se nutren de frutas, verduras, cereales integrales y legumbres, mientras que en la disbiosis, las bacterias malas que pueden contribuir a la enfermedad, se nutren de la carne, comida basura, comida rápida, mariscos, productos lácteos y huevos. Las típicas dietas occidentales podrían diezmar nuestra buena flora intestinal.

Vivimos con billones de simbiontes, que son bacterias benéficas que viven en simbiosis con nosotros. Nosotros les ayudamos y ellas nos ayudan, y al estar durante un mes bajo una dieta basada en plantas resulta en un aumento de estas bacterias benéficas y una disminución de las bacterias nocivas como los llamados pathobiontes o “bichos” causantes de la enfermedad. “Dada la desaparición de los pathobiontes en el intestino, uno esperaría observar una reducción en la inflamación intestinal”.

Por consiguiente, se midieron las concentraciones en las heces de lipocalina-2, que es un biomarcador muy sensible de la inflamación intestinal y tras un mes de comer sanamente, este marcador disminuyó significativamente, sugiriendo que la promoción de la homeostasis microbiana, o su equilibrio, bajo una estricta dieta vegetariana dio lugar a una reducción en la inflamación intestinal y este reequilibrio bacteriano podría haber desempeñado un importante papel en la mejora de los parámetros metabólicos y del sistema inmunitario.

Con una dieta de origen animal, se obtiene un crecimiento de especímenes asociados a la enfermedad como la bilophila wadworthia, que está asociada con la enfermedad inflamatoria intestinal A. putredinis que se encuentra en los abscesos y apendicitis y a una disminución de las bacterias que se alimentan de fibra. Come fibra y las bacterias que se alimentan de ella se multiplican, de esta manera obtendremos más ácidos grasos de cadena corta con capacidad anti-inflamatoria y anti-cáncer. Si comemos menos fibra, nuestras bacterias que se alimentan de ella mueren de hambre.

Nuestras bacterias son lo que nosotros comemos. Coma muchos fitatos y su flora intestinal estará realmente sana al digerirlos. Asumimos que esto era sólo porque estábamos naturalmente seleccionando aquellas poblaciones de bacterias que podían hacer eso, pero resulta que nuestra dieta puede enseñarle a los “bichos” más veteranos nuevos trucos.

Hay un tipo de fibra en el alga nori que nuestras bacterias intestinales no pueden digerir normalmente, pero las bacterias en el océano que se alimentan de algas sí tienen esta enzima para hacerlo. Cuando se descubrió que esta enzima estaba presente en los intestinos de los japoneses se presentó como un misterio. Claro, el sushi se come crudo, por lo tanto, algunas bacterias de algas podrían haber llegado a su colon, pero ¿cómo pueden las bacterias marinas desarrollarse en el intestino humano? no necesitaban hacerlo, simplemente se transfirió la enzima que se alimentaba del alga nori a nuestras bacterias intestinales.

“Consecuentemente, el consumo de alimentos asociados a bacterias medioambientales es el mecanismo más probable que promueve la adaptación enzimática dentro de nuestros microbios intestinales”, casi como una actualización de software. Tenemos el mismo hardware, las mismas bacterias intestinales y simplemente se actualiza el software al masticar algo nuevo.

Sin embargo, el hardware también puede cambiar. La razón por la que este estudio se llamó “El camino hacia el corazón de un hombre es a través de su intestino y su microbiota” es porque estaban hablando del TMAO. Cierta flora intestinal puede ingerir la carnitina de la carne roja o la colina concentrada en lácteos, mariscos y huevos y convertirla en un compuesto tóxico que podría aumentar el riesgo de ataque cardíaco, apoplejía y muerte.

Esto explica el por qué los que se alimentan con dietas más basadas en plantas tienen concentraciones sanguíneas más bajas de esta sustancia pero además, producen menos de esta toxina incluso si les alimenta con un filete. No se aprecia la misma conversión, lo que sugiere una respuesta adaptativa de la microbiota intestinal en omnívoros. Ellas son (las bacterias) lo que les damos como alimento.

Es como si a las personas se les diera ciclamato, que es un edulcorante artificial sintético, la mayoría de nuestras bacterias no sabrían qué hacer con él. Pero si durante 10 días algunas personas se alimentan con algunas bacterias que hayan sido expuestas a una nueva sustancia química sintética, con el tiempo, tres cuartas partes del ciclamato ingerido sería metabolizado y convertido por las bacterias intestinales en otro nuevo compuesto llamado ciclohexilamina. Pero si dejan de ingerirlo, esas bacterias que metabolizan dicho compuesto vuelven a morir. Desafortunadamente, la ciclohexilamina puede ser tóxica y por lo tanto, fue prohibida por la FDA en 1969. Mientras que, el Kool-Aid evidentemente es completamente seguro.

Pero, si se ingiere ciclamato de vez en cuando, no se convertiría en ciclohexamina, porque no se estaría alimentado y fomentado la flora intestinal especializada para hacerlo y lo mismo sucede con el TMAO. Aquellos que solamente de vez en cuando comen carne roja, huevos o mariscos, posiblemente crearán muy poca de esta toxina (TMAO) porque no han cultivado las bacterias que la producen.

La traducción y edición de este contenido ha sido realizada por Verónica Núñez y Tatiana Fernández.

Considera ser voluntario/a para ayudar en la página web.

Imagen cortesía de Shannon Coffey vía flickr.

Iconos creados por Graham Jefferson, Alexander Skowalsky, Gorkem Oner, Maxim Kulikov y Artem Kovyazin del Noun Project.

A continuación una aproximación al contenido del audio de este video. Para ver los gráficos, tablas, imágenes o citas a los que Dr. Greger se refiere, ve el video más arriba.

Las bacterias benéficas, aquellas que viven en simbiosis con nosotros, se nutren de frutas, verduras, cereales integrales y legumbres, mientras que en la disbiosis, las bacterias malas que pueden contribuir a la enfermedad, se nutren de la carne, comida basura, comida rápida, mariscos, productos lácteos y huevos. Las típicas dietas occidentales podrían diezmar nuestra buena flora intestinal.

Vivimos con billones de simbiontes, que son bacterias benéficas que viven en simbiosis con nosotros. Nosotros les ayudamos y ellas nos ayudan, y al estar durante un mes bajo una dieta basada en plantas resulta en un aumento de estas bacterias benéficas y una disminución de las bacterias nocivas como los llamados pathobiontes o “bichos” causantes de la enfermedad. “Dada la desaparición de los pathobiontes en el intestino, uno esperaría observar una reducción en la inflamación intestinal”.

Por consiguiente, se midieron las concentraciones en las heces de lipocalina-2, que es un biomarcador muy sensible de la inflamación intestinal y tras un mes de comer sanamente, este marcador disminuyó significativamente, sugiriendo que la promoción de la homeostasis microbiana, o su equilibrio, bajo una estricta dieta vegetariana dio lugar a una reducción en la inflamación intestinal y este reequilibrio bacteriano podría haber desempeñado un importante papel en la mejora de los parámetros metabólicos y del sistema inmunitario.

Con una dieta de origen animal, se obtiene un crecimiento de especímenes asociados a la enfermedad como la bilophila wadworthia, que está asociada con la enfermedad inflamatoria intestinal A. putredinis que se encuentra en los abscesos y apendicitis y a una disminución de las bacterias que se alimentan de fibra. Come fibra y las bacterias que se alimentan de ella se multiplican, de esta manera obtendremos más ácidos grasos de cadena corta con capacidad anti-inflamatoria y anti-cáncer. Si comemos menos fibra, nuestras bacterias que se alimentan de ella mueren de hambre.

Nuestras bacterias son lo que nosotros comemos. Coma muchos fitatos y su flora intestinal estará realmente sana al digerirlos. Asumimos que esto era sólo porque estábamos naturalmente seleccionando aquellas poblaciones de bacterias que podían hacer eso, pero resulta que nuestra dieta puede enseñarle a los “bichos” más veteranos nuevos trucos.

Hay un tipo de fibra en el alga nori que nuestras bacterias intestinales no pueden digerir normalmente, pero las bacterias en el océano que se alimentan de algas sí tienen esta enzima para hacerlo. Cuando se descubrió que esta enzima estaba presente en los intestinos de los japoneses se presentó como un misterio. Claro, el sushi se come crudo, por lo tanto, algunas bacterias de algas podrían haber llegado a su colon, pero ¿cómo pueden las bacterias marinas desarrollarse en el intestino humano? no necesitaban hacerlo, simplemente se transfirió la enzima que se alimentaba del alga nori a nuestras bacterias intestinales.

“Consecuentemente, el consumo de alimentos asociados a bacterias medioambientales es el mecanismo más probable que promueve la adaptación enzimática dentro de nuestros microbios intestinales”, casi como una actualización de software. Tenemos el mismo hardware, las mismas bacterias intestinales y simplemente se actualiza el software al masticar algo nuevo.

Sin embargo, el hardware también puede cambiar. La razón por la que este estudio se llamó “El camino hacia el corazón de un hombre es a través de su intestino y su microbiota” es porque estaban hablando del TMAO. Cierta flora intestinal puede ingerir la carnitina de la carne roja o la colina concentrada en lácteos, mariscos y huevos y convertirla en un compuesto tóxico que podría aumentar el riesgo de ataque cardíaco, apoplejía y muerte.

Esto explica el por qué los que se alimentan con dietas más basadas en plantas tienen concentraciones sanguíneas más bajas de esta sustancia pero además, producen menos de esta toxina incluso si les alimenta con un filete. No se aprecia la misma conversión, lo que sugiere una respuesta adaptativa de la microbiota intestinal en omnívoros. Ellas son (las bacterias) lo que les damos como alimento.

Es como si a las personas se les diera ciclamato, que es un edulcorante artificial sintético, la mayoría de nuestras bacterias no sabrían qué hacer con él. Pero si durante 10 días algunas personas se alimentan con algunas bacterias que hayan sido expuestas a una nueva sustancia química sintética, con el tiempo, tres cuartas partes del ciclamato ingerido sería metabolizado y convertido por las bacterias intestinales en otro nuevo compuesto llamado ciclohexilamina. Pero si dejan de ingerirlo, esas bacterias que metabolizan dicho compuesto vuelven a morir. Desafortunadamente, la ciclohexilamina puede ser tóxica y por lo tanto, fue prohibida por la FDA en 1969. Mientras que, el Kool-Aid evidentemente es completamente seguro.

Pero, si se ingiere ciclamato de vez en cuando, no se convertiría en ciclohexamina, porque no se estaría alimentado y fomentado la flora intestinal especializada para hacerlo y lo mismo sucede con el TMAO. Aquellos que solamente de vez en cuando comen carne roja, huevos o mariscos, posiblemente crearán muy poca de esta toxina (TMAO) porque no han cultivado las bacterias que la producen.

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